Cipriani y el medioevo en el
siglo XXI[1]
Por Sinesio
López Jiménez
02/09/12
Pocock
sostiene que, para entender a Maquiavelo en su verdadera dimensión, es
necesario situar su vida (1469-1527), sus luchas y su pensamiento en el cruce
de cuatro historias en conflicto sobre los hombres: la historia de Dios, la
historia de la Fortuna, la historia de las comunidades de ciudadanos y la
historia del comercio. Maquiavelo expresa, defiende y desarrolla la historia de
los ciudadanos que busca abrirse un camino propio en pugna con las otras
historias.
La
historia de Dios sobre los hombres tiene un pasado (el pecado original), un
futuro (la redención) y un presente (el saeculum o el tiempo y las
circunstancias que viven los seres humanos). En el presente los hombres, a
través de la fe o mediante el uso de la razón y la libertad para hacer el bien
o el mal, pueden revertir el pecado y lograr la redención. Pero el saeculum (o
presente) no constituye una historia propiamente humana sino que es un momento
de la historia de Dios. Tiene un sentido escatológico marcado por el pecado y
por la redención. En aras de la simplicidad podría decirse que la visión
cristiana del mundo –aún conteniendo los gérmenes para superarla– excluía
fundamentalmente cualquier consideración de la historia secular y temporal.
La
historia de la Fortuna es una herencia del mundo clásico. Aristóteles
identificaba el cambio con la Physis y adoptaba una concepción circular del
proceso y del tiempo para hacerlos inteligibles por ser la esfera la figura
geométrica más perfecta y, por eso mismo, la mejor unidad de medida. La
aplicación de la Physis a los asuntos humanos era una conveniencia intelectual
y una metáfora, pues fueron sobre todo los griegos los pioneros en escribir la
historia como lo que ha terminado siendo.
La
comunidad de ciudadanos busca construir una historia propiamente humana a
través de la política republicana y de la virtud cívica. Esta consiste en la
búsqueda del bien común, en la compatibilidad de este con los intereses
particulares de los ciudadanos, en el desarrollo de una ciudadanía activa para
defender la república y en la elección de los mejores ciudadanos (gobierno
representativo) para gobernarla. El ciudadano debe poseer una teoría de
conocimiento que le confiera una gran libertad para tomar decisiones políticas
en el quehacer público. Tratar de erigir un modo de vida cívico sobre un
fundamento epistemológico que permita el reconocimiento de un orden universal y
de las tradiciones particulares, significa aceptar que los hombres están
sujetos a ciertas restricciones de las que, sin embargo, puede emanciparse.
Con
el desarrollo del capital comercial de fines del siglo XV y comienzos del XVI,
se produjeron dos cosas importantes. Primera, el humanismo se reafirmó en el
republicanismo cívico y tomó distancia del discurso liberal que comenzaba a
aparecer con el protomercado y con la mano invisible que amenazaba la acción
libre de los ciudadanos en la república. Segunda, Maquiavelo, Guicciardini y
Giannotti crearon neologismos, reconstruyeron conceptos y nuevos códigos para
aferrarse al esquema republicano. De eso deriva la contraposición de la
naturaleza humana con la condición humana, del individuo con la comunidad
política, de la sociedad con el Estado, del mercado con la virtud cívica, de la
representación parlamentaria con el gobierno representativo.
Salvo
la de la Fortuna, todas estas historias en conflicto tienen actores concretos y
mundanos: El papado, la comunidad de ciudadanos y la emergente burguesía comercial.
En el siglo IX el papado inventó una historia teocrática que otorgaba la
titularidad del poder a Dios, asignaba su administración al Papa como su
representante en la tierra y lo autorizaba a coronar a los emperadores para que
ejerzan legítimamente el poder. En el siglo XI emergió el republicanismo
pre-rrenacentista en algunas ciudades italianas, a fines del siglo XIII y
durante el siglo XIV aparecieron, por un lado, el humanismo cívico –que
articulaba el humanismo con el republicanismo– y por otro, el escolasticismo
republicano de Tomás de Aquino (que fusionaba la razón de Aristóteles con la fe
cristiana) y a fines del siglo XV surgió el republicanismo renacentista de
Maquiavelo, Salutatti y Guicciardini.
Si
se reemplaza la historia teocrática por corrientes cristianas conservadoras
(una minoría pro-Cipriani); escolasticismo republicano, por corrientes
cristianas progresistas y moderadas que defienden la coexistencia de la fe y la
razón (que son la mayoría); y los republicanos prerrenacentistas, cívicos y
renacentistas, por pensamiento laico tenemos el escenario actual de los actores
en el conflicto de la PUCP.
[1]Publicadoen:http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.larepublica.pe.
Revisado: 02/09/12
