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miércoles, 25 de abril de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
Desmienten rumores sobre supuesto empeoramiento de la salud
de Hugo Chávez[1]
22/04/12
Miembros del Ejecutivo y dirigentes socialistas
desmintieron hoy los falsos rumores sobre el estado de salud del presidente de
Venezuela, Hugo Chávez, divulgados este fin de semana en las redes sociales.
El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado
Cabello, sostuvo que el jefe de Estado, continúa en plena recuperación.
A través de su cuenta en Twitter @dcabellor
publicó: “#TenemosChavezPaRato, El Comandante en plena recuperación y el
majunche entra en crisis, no tiene vida con Chávez, el 07OCT victoria total”.
Minutos más tarde agregó: “en verdad estos
amargados no aprenden, tienen días diciendo que murió el Comandante, aquí el
único que no tiene vida es el majunche”.
Infarto tienen en la Mesa de la Unidad
Democrática, dijo, “con el #majunchemuertopolitico, amargados inventen lo que
quieran, Chávez pronto estará con su pueblo, ojo y vivito”, continuó
respondiendo ante las distintas versiones que circulan en la red.
Por su parte el ministro de Comunicación e
Información Andrés Izarra, escribió en su cuenta @IzarradeVerdad que el “Muerto
político es el MAJUNCHE. Nosotros #TenemosChavezPaRato”, en referencia al
candidato presidencial opositor Henrique Capriles Radonski.
También en horas de la tarde Jorge Arreaza,
titular de Ciencia, Tecnología e Innovación, informó que sostuvo una reunión
este domingo con el mandatario.
“El Comandante Chávez, Nicolás y yo trabajamos
un rato esta tarde. Ley del trabajo y economía productiva fueron los temas
#ChavezParato”, reveló.
“El Comandante Chávez revisó y aprobó proyectos
científicos que pueden escalar, como parte de la economía productiva.
#TenemosChavezPaRato”, culminó.
Chávez se encuentra en la Habana, Cuba, donde se
somete a la fase final de su tratamiento de radioterapia que comenzó el pasado
24 de marzo, un mes después de ser operado en la isla caribeña de un tumor
cancerígeno en la región pélvica.
(Con información de Prensa Latina)
jueves, 12 de abril de 2012
Una llamada crucial
Por Randy Alonso Falcón
12/04/12
![]() |
| Hugo Chávez y su hija Maria Gabriela. |
Por más que lo manoseen y
manipulen, el periodismo es y debe ser un arma extraordinaria de verdad y de
denuncia. Así lo experimenté aquel 12 de abril de 2002, cuando Venezuela vivía
momentos trágicos, en los que el fascismo trataba de sepultar la nueva era que
se iba abriendo con el proceso transformador encabezado por Hugo Chávez Frías.
La incertidumbre rodeaba el
destino del líder bolivariano, quien había sido hecho prisionero aquella
madrugada en Miraflores por los militares gorilas, entrenados a la usanza de
Washington y aliados a la oligarquía fascista, y conducido a destino
desconocido.
La información propalada por
los medios privados, que fueron eje fundamental del golpe, era que el
Presidente Chávez había renunciado y se debía “retomar el hilo constitucional”.
Los medios transnacionales de comunicación jugaban en el mismo bando de la
noticia.
Una llamada telefónica a Fidel
de la hija de Chávez, María Gabriela Chávez Colmenares, esa mañana, daría un giro
en la historia. Sus breves palabras después, en una entrevista que le hicimos
por igual vía -en medio de la persecución que sufrían ella, su familia y sus
amigos-, fueron un aldabonazo contra la mentira y un despertar a la verdad y a
la conciencia al pueblo venezolano.
“Hace dos horas logramos comunicarnos con mi
papá, nos llamó por teléfono y nos dijo que, por favor, le comunicáramos al
mundo entero que él en ningún momento ha renunciado”
La frase aireada por la
televisión cubana al mediodía del 12 de abril abrió una brecha en la mentira
mediática concertada y empezó a resquebrajar el golpe en el ámbito de los
medios a escala internacional. La derrota total de la intentona tendría en el
pueblo venezolano a su gran protagonista.
Como desde que se creara Radio
Rebelde para combatir las mentiras de la dictadura batistiana o la Operación
Verdad, que enfrentó la demonización de la Revolución naciente en 1959, Fidel
Castro fue el estratega de aquella operación comunicacional y política que
durante el 12, 13 y 14 de abril de 2002, desmontó desde Cuba, a golpes de
llamadas telefónicas a líderes del proceso bolivariano y a familiares de
Chávez, la mentira que se construyó para legalizar el golpe militar alentado
desde Washington y Madrid.
En el libro “Cien horas con
Fidel”, el líder de la Revolución Cubana cuenta la historia y el impacto de
aquella primera llamada iluminadora y de los acontecimientos que vinieron
después:
Horas después, ya en pleno día
12 de abril, en un momento (Chávez) se las arregla para realizar una llamada
telefónica, y habla con su hija María Gabriela. Le afirma que no ha dimitido,
que es un “presidente prisionero”. Le pide que me lo comunique para que yo lo
informe al mundo. La hija me llama de inmediato el 12 de abril, a las 10:02 de
la mañana, y me transmite las palabras de su padre.
Le pregunto de inmediato: “¿Tú
estarías dispuesta a informarlo al mundo con tus propias palabras?”
“¿Qué no haría yo por mi
padre?”, me responde con esa precisa, admirable y decidida frase.
Sin perder un segundo, me
comunico con Randy Alonso, periodista y director de la “Mesa Redonda”, conocido
programa de televisión. Con teléfono y grabadora en mano, Randy llama al
celular que me dio María Gabriela. Eran casi las 11:00 de la mañana. Se graban
las palabras claras, sentidas y persuasivas de la hija que, transcritas de
inmediato, se entregan a las agencias cablegráficas acreditadas en Cuba y se
transmiten por el Noticiero Nacional de Televisión a las 12:40 del 12 de abril
del 2002, en la propia voz de Gabriela. La cinta se había entregado igualmente
a las televisoras internacionales acreditadas en Cuba. La CNN desde Venezuela
transmitía con fruición las noticias de fuentes golpistas; su reportera en La
Habana, en cambio, divulgó rápidamente desde Cuba, al mediodía, las palabras
esclarecedoras de María Gabriela.
(…) Bueno, eso lo escucharon
millones de venezolanos, mayoritariamente antigolpistas, y los militares fieles
a Chávez, a los que se trató de confundir y paralizar con las mentiras
descaradas de la supuesta renuncia. En horas de la noche, a las 11:15, llama de
nuevo María Gabriela. Su voz tenía acento trágico. No la dejo terminar sus
primeras palabras y le pregunto: “¿Qué ha ocurrido?” Me responde: “A mi padre
lo han trasladado de noche, en un helicóptero, con rumbo desconocido”.
“Rápido”, le digo, “en unos minutos hay que denunciarlo con tu propia voz”.
Randy estaba conmigo, en una
reunión sobre los programas de la Batalla de Ideas con dirigentes de la
Juventud y otros cuadros; tenía consigo la grabadora, y de inmediato se repite
la historia del mediodía. La opinión venezolana y el mundo estarían así informados
del extraño traslado nocturno de Chávez con rumbo desconocido. Esto ocurre
entre la noche del 12 y la madrugada del 13.
El sábado 13, bien temprano,
estaba convocada una Tribuna Abierta en Güira de Melena, un municipio de la
provincia de La Habana. De regreso a la oficina, antes de las 10:00 de la
mañana, llama María Gabriela. Comunica que “los padres de Chávez están
inquietos”, quieren hablar conmigo desde Barinas, desean hacer una declaración.
Le informo que un cable de una
agencia de prensa internacional comunica que Chávez ha sido trasladado a
Turiamo, puesto naval en Aragua, en la costa norte de Venezuela. Le expreso el
criterio de que por el tipo de información y detalles, la noticia parece
verídica. Le recomiendo indagar lo más posible. Me añade que el general Lucas
Rincón, Inspector General de las Fuerzas Armadas, quiere hablar conmigo, y
desea igualmente hacer una declaración pública.
La madre y el padre de Chávez
hablan conmigo: todo normal en el estado de Barinas. Me informa la madre de Chávez
que el jefe militar de la guarnición acababa de hablar con su esposo, Hugo de
los Reyes Chávez, el Gobernador de Barinas y padre de Chávez. Les transmito el máximo
de tranquilidad posible.
También se comunica el Alcalde
de Sabaneta, el pueblo donde nació Chávez, en Barinas. Quiere hacer una
declaración. Cuenta de paso que todas las guarniciones son leales. Es
perceptible su gran optimismo.
Hablo con Lucas Rincón. Afirma
que la Brigada de Paracaidistas, la División Blindada y la base de
cazabombarderos F-16 están contra el golpe y listas para actuar. Me atreví a
sugerirle que hiciera todo lo posible por buscar la solución sin combates entre
militares. Obviamente el golpe estaba derrotado. No hubo declaración del
Inspector General, porque la comunicación se interrumpe, y no pudo
restablecerse.
Minutos después, llama de nuevo
María Gabriela: me dice que el general Baduel , jefe de la Brigada de Paracaidistas, necesita
comunicarse conmigo, y que las fuerzas leales de Maracay desean hacer una
declaración al pueblo de Venezuela y a la opinión internacional.
Un insaciable deseo de noticias
me lleva a preguntarle a Baduel tres o cuatro detalles sobre la situación,
antes de proseguir el diálogo. Satisface mi curiosidad de forma correcta;
destilaba combatividad en cada frase.
De inmediato le expreso: “Todo
está listo para su declaración”.
Me dice: “Espérese un minuto,
le paso al general de división Julio García Montoya, secretario permanente del
Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. Ha llegado para ofrecer apoyo a
nuestra posición”.
Este oficial, de más antigüedad
que los jóvenes jefes militares de Maracay, no tenía en ese momento mando de
tropas.
(…) Las palabras de este
oficial de alta graduación fueron realmente inteligentes, persuasivas y
adecuadas a la situación. Expresó en esencia que las Fuerzas Armadas
venezolanas eran fieles a la Constitución. Con eso lo dijo todo.
Yo me había convertido en una
especie de reportero de prensa que recibía y transmitía noticias y mensajes
públicos, con el simple uso de un celular y una grabadora en manos de Randy.
Era testigo del formidable contragolpe del pueblo y las Fuerzas Armadas
Bolivarianas de Venezuela.
La situación en ese momento era
excelente. El golpe del 11 de abril no tenía ya la más mínima posibilidad de
éxito. Pero un terrible riesgo se cernía todavía sobre el hermano país. La vida
de Chávez estaba en gravísimo peligro. Secuestrado por los golpistas, a la
oligarquía y el imperialismo la persona de Chávez era lo único que les quedaba
en sus manos de la aventura fascista. ¿Qué harían con él? ¿Lo asesinarían?
¿Saciarían su sed de odio y venganza contra aquel rebelde y audaz luchador
bolivariano, amigo de los pobres, defensor indoblegable de la dignidad y la
soberanía de Venezuela? ¿Qué ocurriría si, como en Bogotá, a raíz de la muerte
de Gaitán, llegaba al pueblo la noticia del asesinato de Chávez? No se me
quitaba de la cabeza la idea de semejante tragedia y sus consecuencias
sangrientas y destructivas.
A medida que transcurrían las
horas del mediodía, después de las comunicaciones mencionadas, llegaban por
todas partes noticias de la indignación y la rebeldía populares. En la ciudad
de Caracas, centro principal de los acontecimientos, un mar de pueblo avanzaba
por calles y avenidas hacia el Palacio de Miraflores y las instalaciones
centrales de los golpistas. En mi desesperación de amigo y hermano del
prisionero, mil ideas me pasaban por la mente. ¿Qué podíamos hacer con nuestro
pequeño celular? A punto estuve de llamar por mi cuenta al mismísimo general Vázquez
Velasco. Nunca había hablado con él ni sabía cómo era. Ignoraba si respondería
o no, y cómo lo haría. Y para esa singular misión no podía contar con los
valiosos servicios de María Gabriela. Lo pensé mejor. A las 4:15 de la tarde
llamé a nuestro Embajador en Venezuela, Germán Sánchez. Indagué con él si creía
que Vázquez Velasco respondería o no. Me dijo que tal vez sí.
“Llámalo —le pedí—, usa mi
nombre, exprésale de parte mía la opinión de que un río de sangre podría correr
en Venezuela, derivado de los acontecimientos. Que sólo un hombre podría evitar
esos riesgos: Hugo Chávez. Exhórtalo a que lo pongan de inmediato en libertad,
para impedir ese curso probable de los acontecimientos”.
El general Vázquez Velasco
respondió la llamada. Afirmó que él tenía en su poder a Chávez y garantizaba su
vida, pero que no podía acceder a lo que se le solicitaba. Nuestro Embajador
insistió, argumentó, trató de persuadirlo. El General, molesto, interrumpió la
comunicación. Colgó el teléfono.
Llamo de inmediato a María
Gabriela y le informo de las palabras de Vázquez Velasco, especialmente lo
relacionado con el compromiso de garantizar la vida de Chávez. Le pido que me
comunique otra vez con Baduel. A las 4:49 se establece el contacto. Le cuento
en detalle el intercambio Germán Vázquez Velasco. Expreso mi opinión sobre la
importancia de que Vázquez Velasco reconozca que tiene en su poder a Chávez.
Eran circunstancias propicias para presionarlo al máximo.
En ese momento en Cuba no se
sabía con seguridad si Chávez había sido trasladado o no y a qué punto. Se
rumoraba hacía horas que el prisionero había sido enviado a la isla de Orchila.
Cuando ha¬blé con Baduel, casi a las 5:00 de la tarde, el Jefe de la Brigada
seleccionaba los hombres y preparaba los helicópteros que rescatarían al
Presidente Chávez. Imaginaba cuán difícil sería para Baduel y los paracaidistas
obtener los datos precisos y exactos para tan delicada misión.
Durante todo el resto del día
hasta las 12:00 de la noche del 13, dediqué mi tiempo a la tarea de hablar con
cuantas personas podía hacerlo sobre el tema de la vida de Chávez. Y hablé con
muchos, porque durante esa tarde el pueblo, con el apoyo de jefes y soldados
del Ejército, iba controlándolo todo. Ignoro todavía a qué hora y de qué forma
Carmona, el Breve, abandonó el Palacio de Miraflores. Supe que la escolta, bajo
la dirección de Chourio y los miembros de la Guardia Presidencial, tenían ya en
sus manos y ocupaban los puntos estratégicos del edificio, y Rangel, que se
mantuvo firme todo el tiempo, había vuelto al Ministerio de Defensa.
Incluso llamé por teléfono a
Diosdado Cabello apenas tomó posesión de la Presidencia. Al interrumpirse la
comunicación por causas técnicas, le transmití un mensaje a través de Héctor
Navarro, Ministro de Educación Superior, sugiriéndole que en su condición de
Presidente Constitucional le ordenara a Vázquez Velasco liberar a Chávez, advirtiéndole
de la grave responsabilidad en que incurriría si desacataba esa orden.
Con casi todos hablé, me sentía
parte también de aquel drama en el que me introdujo la llamada de María
Gabriela en la mañana del 12 de abril. Sólo cuando se supieron después todos
los detalles del calvario de Hugo Chávez, desde que lo trasladaron con rumbo
desconocido en horas de la noche del día 12, pudo comprobarse cuán increíbles
peligros corrió, en los que puso en juego toda su agudeza mental, su serenidad,
sangre fría e instinto revolucionario. Más increíble todavía es que los
golpistas hasta el último minuto lo mantuvieron desinformado de lo que ocurría
en el país, y hasta el último minuto insistieron en que firmara una renuncia
que nunca firmó.
A diez años de los acontecimientos,
se dibuja como definitoria aquella llamada de María Gabriela a Fidel. Desde una
pequeña isla se contribuyó modestamente a derrotar el poder mediático y político
del imperio y sus acólitos.
Como periodista y testigo,
sentí en aquellas horas orgullo inmenso de la profesión que había escogido. Las
palabras de Maria Gabriela aquella mañana del 12 de abril me estremecieron
profundamente y me comprometieron para siempre:
Ese es mi celular, lo voy a
tener siempre conmigo, me pueden llamar a cualquier hora, cualquier cosa; es
más fácil que tú te comuniques conmigo porque yo no tengo como llamarlos,
cualquier cosa que quieran saber yo los mantendré informados. No tenemos ningún
problema. Por mi papá cualquier cosa. Nosotros también los queremos mucho, a
todo el pueblo cubano. Gracias por ese apoyo.
Una década después es igual el
compromiso de Cuba con la lucha por la verdad, y con Chávez, la Revolución
Bolivariana y su pueblo
Fuente: http://www.cubadebate.cu
Revisado: 12/04/12
martes, 28 de febrero de 2012
“La vida que me diste”
“Anna viuda de Mariátegui”
por
César Lévano[1]
28/02/12
En 1969, el maestro César
Lévano se entrevistó con la viuda del Amauta: Anna Chiappe de Mariátegui.
Compartimos con ustedes esta imprescindible joya del periodismo literario y la
historia. No hay pierde.
En una entrevista exclusiva,
Anna viuda de Mariátegui revela episodios inéditos y fundamentales de la vida
de quien es considerado por muchos autores extranjeros como el más grande
pensador político de América. En momentos en que la obra del ilustre socialista
crece en importancia y actualidad, la imagen del Amauta cobra colores de vida
en una charla que es un documento para la historia.
En 1920, en Florencia, en casa
de la Condesa de Antici Mattei, José Carlos Mariátegui conoció a Anna Chiappe,
el grande, el único amor de su vida. Ambos habían acudido por separado y sin
conocerse al concierto de danzas que brindaba la “medio excéntrica”
aristócrata. En algún momento, mientras vibraba un Estudio profundo de Chopin,
las miradas del joven y la muchacha se cruzaron. “Él me impresionó mucho por su
manera tan fina y distinguida” - nos dijo, hace unos días, 49 años después de
aquel encuentro memorable, la ahora viuda de Mariátegui. “Parecía un noble. Y tenía
unos ojos tan profundos”.
Por su parte, el joven peruano
-25 años esa noche- expresó su emoción en un poema en prosa publicado en 1926
en la diminuta revista “Poliedros”, que dirigía Armando Bazán. José Carlos y
Anna eran ya esposos; habían recorrido juntos toda Italia, Alemania, Francia;
tenían tres hijos; pero la llama del amor no había perdido intensidad ni
fulgor.
“Renací, escribió, en tu carne
cuatrocentista como la de la Primavera de Botticelli. Te elegí entre todas,
porque te sentí la más diversa y la más distante. Estabas en mi destino. Eras
el designio de Dios. Como un batel corsario, sin saberlo, buscaba para anclar
la rada más serena. Yo era el principio de muerte; tú eras el principio de
vida. Tuve el presentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos.
Empecé a amarte antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu
gracia antigua esperaban mi tristeza de sudamericano pálido y cenceño. Tus
rurales colores de doncella de Siena fueron mi primera fiesta. Y tu posesión
tónica, bajo el cielo latino, enredó en mi alma una serpentina de alegría.
“Por ti, mi ensangrentado
camino tiene tres auroras. Y ahora que estás un poco marchita, un poco pálida,
sin tus antiguos colores de Madonna toscana, siento que la vida que te falta es
la vida que me diste”.
ITALIA O LA FELICIDAD
Artemio Ocaña, el veterano
escultor peruano que compartió muy de cerca la experiencia italiana de
Mariátegui, recuerda que, de repente, tras viajar a Florencia, éste
desapareció. Cuando volvió, ya estaba casado.
“Mariátegui se alejó de sus
amigos”, comenta doña Anna. Ellos decían después: “¡Con razón había
desaparecido!”.
En esa estación con su amada en
Florencia, tiene que haber sido supremamente feliz. Entre el mar y los viñedos
de la costa liguria, bajo las soleadas colinas toscanas cubiertas de olivos,
ante la obra de los florentinos venerados (Dante, Machiavello, Boccaccio,
Leonardo de Vinci, Miguel Ángel, Botticelli), su genio maduraba hacia aquel
equilibrio de vida interior y naturaleza, de sensibilidad y mundo social, que
iban a distinguirlo en la vida y en el libro. Florencia, urbe y democracia
antigua, lógica y belleza, vitalidad y gracia. Una experiencia que fue una corona
de laureles sobre su frente.
“No era de carácter
melancólico. Ni cuando estaba enfermo”. Así nos dice doña Anna. Hay una gran
sonrisa en su evocación. Y uno se ratifica en la convicción de que solo un
hombre feliz puede luchar plenamente por la felicidad de los otros.
“Mariátegui, nos dijo Ocaña,
vivió al principio en Vía Véneto 29, interno 4”. “A ese alojamiento, propiedad
de Francesco Atunante, me llevó a mí”. “Cuando se casó, él y su esposa se
fueron a vivir a Frascati, cerca de Roma, a una villa que era puros viñedos.
Era una casa del Renacimiento, con pinturas murales del Dominicchino. Se pagaba
por el alquiler 500 liras. Apenas cinco libras peruanas de la época”.
Por su parte, doña Anna
recuerda: “De Florencia viajamos a Roma. Fuimos a vivir a Villa Pía. Arturo
Osores la había alquilado como Legación del Perú. Era la casa en que había
vivido la famosa actriz Francesca Bertini. Después marchamos a Frascati. Desde
el comedor se veía el Palacio de Castelgandolfo, la residencia de verano del
Papa”. En los planos, Frascati aparece a 21 kilómetros de la Ciudad Eterna;
Castelgandolfo descuella a 25 kilómetros.
“Eran tiempos alegres. Él se
iba a veces acompañando a Ocaña a la Escuela de Bellas Artes de Roma. Era
cuando había modelos femeninos…”.
“Tenía tiempo para todo. En
Roma no se perdía un buen concierto o espectáculo de ballet. Y le gustaba el
circo. A veces, yo lo acompañaba al circo, aunque a mí no me gustaba”.
Como se sabe, el Amauta anunció
una “Teoría del circo” que no se ha encontrado entre sus papeles. Debe de
haberse perdido en alguna hoguera policial.
¿Cuándo comenzó, preguntamos,
la formación marxista de Mariátegui?
Ella cree que fue precisamente
en Italia. “Tenía una gran biblioteca. “El Capital” estaba en francés. Los
documentos sobre la revolución rusa, en italiano”.
¿Es cierto que la familia del
filósofo Benedetto Croce intercedió, como dice el italiano Antonio Melis, ante
la familia de ella en favor del galán venido del lejano Perú?
- “Es cierto. El hecho es que
una tía mía había sido novia de Croce. No se casaron porque mi familia, muy
católica, no podía consentir un matrimonio con un liberal tan conocido”.
LOS VIAJES
En uno de sus dos cortos
escritos autobiográficos, Mariátegui dice que no pudo llegar a Rusia “porque mi
mujer y mi hijo me lo impidieron”. “No es que yo me opusiera”, subraya ahora
doña Anna. “Yo le dije: ‘mejor anda tú solo’. Yo estaba muy cansada con el
bebé. Pero a él no le gustaba salir solo. Siempre le gustaba ir conmigo”.
“Era muy entusiasta”, recuerda.
“Para mí, decía, la cosa más grande es cuando puedo coger una maleta e irme. A
veces sin saber adónde”.
Y, sin embargo, aquella vez no
quiso viajar porque su compañera no podía ir.
Pero viajaron bastante por
otros contornos. Estuvieron juntos, por ejemplo, en el célebre Congreso de
Liorna (Livorno, en italiano) en el que el ala izquierda del socialismo fundó
el comunismo. “Allí vimos a Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti. Con ambos
conversaba amistosamente Mariátegui”.
También estuvieron en 1922,
Génova, en la Conferencia Económica Europea que fue LA PRIMERA reunión
internacional a la que acudió una representación soviética. En “Defensa del
Marxismo”, Mariátegui iba a escribir que ella marcaba el inicio de la
coexistencia pacífica entre estados de sistema social distinto. “Allí, dice
doña Anna, conversó con Chicherin, el jefe de la delegación rusa. Mariátegui
estudió, cuando estuvimos en Berlín, el idioma alemán con una profesora
alemana. Todos los días tenía una clase de inglés y de alemán. Pero también
sabía algo de ruso. Con Chicherin se saludaban y despedían en ruso. Sus
conversaciones las sostenían en francés”.
Mariátegui estuvo cuatro años y
medio en Europa. De ellos, año y medio lo pasó en Alemania. El viaje fue hacia
mayo o junio de 1922. “Durante ocho meses vivimos en la Postdammer Strasse” (en
lo que es hoy Berlín Oriental). “Estuvimos luego en Praga, en Budapest, en
Austria, navegando por el Danubio Azul”. En Alemania, como se sabe, Mariátegui
entrevistó a Máximo Gorki.
Viajaron en seguida a París.
Allí se entrevistaron con Romain Rolland y Henri Barbusse, que no regatearon,
por escrito, su admiración al gran peruano. “Incluso, salimos con Barbusse a
tomar el té”.
“Mariátegui —iba a escribir
Barbusse— es la nueva luz de América. Un espécimen del nuevo hombre americano”.
¿CONOCIÓ MARIÁTEGUI A PIRANDELLO? ¿A QUÉ OTROS GRANDES DE LA
LITERATURA Y LAS IDEAS FRECUENTARON EN ITALIA?
“Conversó varias veces con
Pirandello”, recuerda la dama. “También fue amigo de Piero Gobetti”. Se trata
del escritor cuyos estudios respecto al “Risorgimento”, es decir, a la lucha
por la unidad de Italia, tanto atrajeron al Amauta. “Croce lo quería mucho.
Cuando iba José Carlos a su casa, lo presentaba diciendo: ‘éste es el hombre
más grande del mundo’. Le tenía un gran afecto”.
Por su lado, Ocaña recuerda que
Mariátegui fue amigo también de los líderes socialistas Filippo Turati, Antonio
Grazidei y Nicola Bombacci. Tiene él bocetos al carbón del diplomático
soviético Joffe, de Giordi Vassiliévich Chicherin, del francés Jean-Louis
Barthou y de Lloyd George, el célebre político inglés. “Fue amigo de Pirandello”,
nos dijo expresamente.
UNA EXPLICACIÓN
Para muchos biógrafos y
estudiosos de Mariátegui, la obra de este autodidacto sin Educación secundaria,
de mala salud, que tuvo que ganarse la vida desde los 14 años de edad, que
murió a los 35, tiene algo de milagro. En el breve arco de su vida caben una inmensidad
de cultura, pensamiento y acción. Baste señalar estas creaciones: la revista
“Amauta”, los “7 Ensayos” y otros veinte libros, la Confederación General de
Trabajadores y el Partido Socialista del Perú, cuyo nombre deseaba cambiar,
antes de morir, por el de Comunista. Hace pocos años, escuchamos decir, en
Lima, al estadunidense Carleton Beals que Mariátegui es “el más grande pensador
político de América”. El juicio se extiende ahora. Robert Paris en Francia,
Manfred Kossok y Adelbert Dessau en Alemania Oriental, Antonio Melis en Italia,
el profesor Albuquerque en Texas, Estados Unidos, sufragan el juicio.
Los días espléndidos de Italia
explican una parte de la precoz madurez mariateguiana; pero no toda. Hay
fuentes que se ocultan junto a la raíz de la infancia. Mariátegui se proclamó
limeño toda su vida. En realidad, poco antes de su nacimiento, su madre, doña
Amalia La Chira Vallejos, natural de la zona de Huacho, había viajado a
Moquegua, por lo cual el alumbramiento se realizó en esa ciudad del Sur. En
seguida, buena parte de sus primeros años transcurrieron en la suave campiña
huachana. A los seis años tuvo una caída fatal. El resultado fue una baldadura
y, lo más grave, un foco de ostiomielitis en una pierna. Sus familiares nos
contaron que a los 6 años, más o menos, comenzó su madre a realizar continuos
viajes de Huacho a Lima para hacerlo tratar. El esfuerzo era demasiado grande
para una familia pobre. Entonces, se decidió internarlo. Estuvo cuatro años en
la “Maison de Santé” u Hospital Francés.
Era éste, en esa época, un
nosocomio exclusivo, reservado casi solo para franceses, ingleses o alemanes
pudientes avecindados en Lima. Dos eran los tipos de servicios: los
unipersonales y los destinados a seis personas. En todo caso, no había allí
enfermos menores de edad. Pues bien: el pequeño Mariátegui pasó sus años de
internado junto con esos compañeros adultos, llenos de experiencia y que
hablaban extraños, lejanos idiomas. Se sabe que al final se había convertido en
intérprete de muchos de ellos.
¡He ahí una clave sicológica
para la precoz madurez del Mariátegui temprano! He ahí por qué, entre otras
cosas, cuando era un “alcanzarrejones” de La Prensa, que iba a la oficina
cablegráfica a recoger los despachos noticiosos, podía traducir, en el trayecto,
las noticias que venían en inglés de Europa, Asia, África o NorteAmérica.
Además, aquella soledad de años tiene que haberle entrenado para la gimnasia de
la reflexión y para la firmeza de las certidumbres sin que importen los
prejuicios y las supersticiones de la masa informe.
Otro factor, en el que no se ha
insistido lo suficiente, es su contacto directo con las luchas sociales de
comienzos de siglo en el Perú. “Cuando José Carlos fundó La Razón con César
Falcón y Félix del Valle, nos recordó Ocaña, había mítines obreros que
terminaban al pie del balcón del diario. Era en la esquina de Baquíjano con el
Jirón Cuzco”. Eso fue, recalquemos, antes del viaje a Europa. Tal experiencia
lo sensibilizó para la prédica socialista de Antonio Gramsci en “L’Ordine Nuovo”
(“El nuevo orden”). En los días en que él se instalaba en Italia, en las
páginas de esa célebre revista aparecían reflexiones sobre el papel de los
obreros como actores principales de una revolución posible y de los campesinos
como protagonistas de la acción prerrevolucionaria.
Mariátegui era hombre de
pensamiento y de sensibilidad artística en todos los momentos. En la charla con
su viuda, la imagen del hombre de espíritu aparece a cada paso. “En Música
tenía una cultura extraordinaria. Amaba sobre todo a Beethoven y Stravinski”,
nos dice. “Con el Dr. Oten, un amigo suizo, se entregaban a verdaderas sesiones
de Música. El grupo de sus camaradas llegaba, y él estaba encerrado con Oten. A
veces venía gente cargante, y él decía: ‘Ponte una sinfonía para que se
vayan’...”.
Entre la gente que con mayor
agrado recibía se contaban los artistas. José María Eguren era uno de sus
adictos. Llegaba a veces a escribirle - ¡desde Barranco! - para anunciar que un
resfrío le impedía devolver por el momento tal o cual libro. “Iba mucho también
Percy Gibson. Otros que iban eran Martín Adán, José Diez Canseco, el filósofo
Mariano Ibérico Rodríguez. Alguna vez acudieron también los doctores Honorio Delgado
y Juan Francisco Valega”.
“El Rincón Rojo” era otra cosa.
Era en realidad un seminario riguroso de estudios marxistas. Constituía el
núcleo del Partido. Estaba formado, entre otros, por Hugo Pesce, Ricardo
Martínez de la Torre, Avelino Navarro, Marcelo Sánchez, Luciano Castillo y,
hasta cierto punto y por una temporada, Jorge Basadre.
Hombre de espíritu, Mariátegui
era también hombre de empresa. Fundó la Editorial “Minerva” casi sin dinero.
“Amauta” la empezó a publicar con tipos móviles. Solo en 1929 le llegó el
linotipo. Él mismo diagramaba la revista y la cuidaba en todos sus detalles.
Los manuscritos revelan que dominaba la técnica tipográfica y sabía ordenar
exactamente. “Igual, dice doña Anna, era con los clisés. Él me enviaba a los
talleres con indicaciones precisas. Para que todo marchara bien, tenía tres
teléfonos en casa: uno en el dormitorio, otro en la sala y otro en el comedor.
Como los obreros querían mucho a José Carlos, iban hasta la casa a consultarle
problemas de trabajo u otros”.
¿ERA UD., PREGUNTAMOS, LA QUE LLEVABA LOS ARTÍCULOS A VARIEDADES
Y MUNDIAL?
- “Sí. Primero él me decía:
‘Dile a Vegas García, el administrador, que voy a escribir sobre tal o cual
tema. Que prepare las fotos’. Se ponía a escribir a las cinco o seis de la
tarde, y a las ocho o nueve estaba listo el artículo que iba a salir al día siguiente”.
¿CUÁL ERA EL PAGO POR CADA ARTÍCULO?
- “Veinte soles en mundial y
quince en Variedades. Cuando él estaba enfermo, Vegas García me decía: ‘Usted
no sabe cuánto ha bajado la revista desde que no escribe’”.
Existen facetas todavía
inéditas de este ser adamantino. Pocos saben, por ejemplo, que era buen
dibujante. “A mí me dibujaba muy bien, cuenta la viuda. A veces, hasta pintaba
a la doméstica con el bebé cargado”.
Hay otros aspectos inéditos que
nunca se podrán recuperar. A su muerte, la Policía acostumbró, una y otra vez,
llevarse los cajones del escritorio del difunto. Cuando la señora Annita los
rescataba, después de grandes pugnas, siempre faltaba algo.
¿CÓMO ERA JOSÉ CARLOS CON LOS NIÑOS?
- “Era muy cariñoso con ellos.
Basta decirle que cuando estaba en casa, a cada momento preguntaba dónde
estaban los chicos y qué hacían. Una vez, Carmen Saco le dijo: ‘Oiga, José
Carlos, ¿no le molestan los niños?’ Él contestó: ‘No me molestan. Pueden estar
sentados encima de la máquina, y a mí no me molestan’”.
Amador de la vida, luchador
social, soldado de un combate diario con la muerte en sus últimos años, José
Carlos fue desde su temprana edad ajeno y reacio a la bohemia. Federico More ha
narrado cómo, mientras Abraham Valdelomar pedía ajenjo, él se limitaba a un
helado de menta o un vaso de leche. Solo esa austeridad, y la enorme conciencia
de su misión en la historia, explica la inmensidad de su obra.
“Una vez -cuenta la señora
Annita-, vinieron los soplones. En lugar de llevarse “El Capital” se estaban
llevando una colección de Pirandello empastada en cuero... No lo dejaban
trabajar”. Como se sabe, en los días anteriores a su muerte, él había estado
preparando un viaje definitivo a Buenos Aires. Waldo Frank, desde Nueva York,
Samuel Gluzberg, desde la capital Argentina, lo animaban a quedarse allá. Los
ataques de la dictadura de Leguía y los denuestos de la izquierda demagógica
-Víctor Raúl incluido- le habían hecho acá la vida imposible. Solo una sombra
suave, una mano tierna, lo acompañaban en las horas del dolor más íntimo. Anna.
El gran amor. Ella estuvo a su cabecera el día de su muerte. A su lado estaban
también su madre, Artemio Ocaña, dos jóvenes judíos amigos y admiradores del
Maestro. Después vinieron las muchedumbres más inmensas que se hayan reunido
para unos funerales en Lima. Entre banderas rojas y versos de “La
Internacional”, el pueblo sencillo, el pueblo amado por él, le dijo adiós. Para
el pueblo, y también para Anna Chiappe, iba a comenzar una época triste y
difícil. Ella, la mujer fuerte, tampoco iba a darse por vencida. Hasta hoy se
le ve todos los días, puntualmente, detrás del mostrador de una librería
trabajando. Es en LA PRIMERA cuadra de la Avenida Larco de Miraflores, y
todavía sigue las huellas del difunto imborrable. Las ediciones de las obras
del Amauta tienen en ella una inspiradora. Siguen sonando en sus oídos, siendo
verdad hermosa y profunda, las palabras aquellas: “La vida que te falta es la
vida que me diste”.
[1] Fuente: Diario La Primera http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.diariolaprimeraperu.com
. Revisado: 28/02/12.
domingo, 26 de febrero de 2012
CHÁVEZ, EL PUEBLO VENEZOLANO Y EL FUTURO
A Luis
Javier Garrido
25/02/12
La realización más importante
de la revolución bolivariana es que por primera vez en su historia el pueblo se
ha sentido dueño de su destino, elevando como nunca antes su autoestima al ser
partícipe del rescate por el presidente Chávez –junto a otros líderes de la
región- del proyecto de unidad latinoamericana de Simón Bolívar.
El anuncio por el presidente
Hugo Chávez de que se le realizará otra operación en el mismo sitio de donde se
le extrajera hace un año un tumor maligno ha provocado una mezcla de
incertidumbre y de profunda solidaridad en Venezuela, por no hablar de sus
admiradores en todo el mundo. La etiqueta #PalanteComandante recorre la red
social Twitter en ese país.
El apoyo popular a Chávez en
trece años de gobierno es digno de reflexión, pues en la última década ningún
otro líder político mundial ha sido tan satanizado por los pulpos mediáticos. Y
esta popularidad se mantiene y sedimenta, contrariamente a la creencia
convencional, justificada en otros casos, de que el ejercicio del poder
desgasta a los líderes. Pero no es un milagro, se explica por las realizaciones
de su gobierno y su personalidad, unas y otra inseparables.
Como el espacio no me permite
aprehender una obra gubernamental tan multifacética y fecunda tomo de ejemplo
la lucha contra la pobreza y la desigualdad y contra otros flagelos
latinoamericanos. Según datos de la Comisión Económica para América Latina de
la ONU (CEPAL), en 2010 Venezuela presentaba el tercer lugar en la región entre
los países con menor porcentaje de pobreza, un 27.8, detrás de Argentina y
Uruguay(8.6) y Panamá(25.8). Pero este no es el dato más revelador, sino que
entre 1999, cuando Chávez asumió la presidencia, y 2010, la pobreza se redujo
desde 49.4 un 21.6 por ciento. En ese mismo periodo la pobreza extrema
descendió de 22.2 a 10.7, pero datos oficiales actualizados a 2011 la sitúan en
un 6.8, con cerca de dos millones y medio de personas que han salido de esa
situación. Esto solo ha sido posible por la dedicación de gran parte de la
renta petrolera a la inversión social, que pasó de 36 por ciento del
presupuesto en los once años anteriores a Chávez a 62 por ciento en los once
transcurridos hasta hoy, aproximadamente 400 000 millones de dólares.
Venezuela, y este dato es decisivo, registra la mejor posición en Latinoamérica
en la reducción de la desigualdad del ingreso según el índice de Gini. De
acuerdo con la CEPAL este índice “cayó a un ritmo superior al 2% anual y el
ingreso laboral tuvo un papel preponderante en la reducción de la desigualdad”.
Otro dato clave es que
Venezuela fue el segundo país de la región, después de Cuba, en erradicar el
analfabetismo (2005), con cerca de un millón y medio de alfabetizados. De
ellos, cientos de miles se sumaron y continúan en el sistema educacional, un
colosal avance revolucionario. La mitad del gasto social está dedicado a
educación, que es gratuita. La tasa media de educación primaria aumentó de 86.2
a 90 por ciento y la de educación secundaria subió más de 20 puntos entre 1998
y 2009, una de las más altas de la región. Esto significa la inclusión de
cientos de miles de niños que antes no asistían a la escuela. El número de
maestros se ha quintuplicado. Se han construido 1 500 escuelas y aumentado en
100 por ciento la matrícula universitaria. Millones han tenido por primera vez
acceso al trabajo, la salud y una vivienda digna. El salario mínimo equivale a
360 dólares.
Pero las cifras no pueden
expresar por sí solas la colosal magnitud de la trasformación social y cultural
que se ha operado en Venezuela. La realización más importante de la revolución
bolivariana es que por primera vez en su historia el pueblo se ha sentido dueño
de su destino, elevando como nunca antes su autoestima al ser partícipe del
rescate por el presidente Chávez –junto a otros líderes de la región- del
proyecto de unidad latinoamericana de Simón Bolívar, encarnado en la Alba,
Petrocaribe, Unasur, la Celac y la derrota del Alca, avances sin precedente en
la independencia e integración latinocaribeña.
Chávez cuenta con un 64 por
ciento de aprobación a su gestión y es por mucho el favorito para ganar las
elecciones de octubre próximo. Oscar Schemel, director de la encuestadora
venezolana Hinterlaces lo explica así: “Una señora, en un focus group, nos
dijo: ‘Los pobres antes no existíamos, ahora tenemos esperanzas’. Para mí, ahí
está la clave…”
Chávez fue lapidario en cuanto
a su estado de salud y el futuro: “Que nadie se alarme, y yo diría que nadie se
alegre, porque independientemente de mi suerte personal, esta revolución tiene
rumbo y nada ni nadie podrá detenerla”.
[1]Referencia tomada del Blog Con
Nuestra América http://connuestraamerica.blogspot.com/2012/02/chavez-el-pueblo-venezolano-y-el-futuro.html.
Revisado: 25/02/12.
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