Manual
del Golpe para Abya Yala
Por
José Toledo
24/06/12
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| Bases militares en Amèrica Latina |
Los Coup d'État en América Latina forman parte de su frágil historia
política. En la complejidad de sus ejecuciones, los elementos cívicos-militares
actúan regionalmente dependiendo de la
naturaleza del golpe. Golpe de Palacio,
golpe de estado constitucional, golpe militar, golpe cívico-militar, golpe
de mercado. Son solo algunas definiciones que hacen énfasis al golpe como acto violento el cual tiene
como objetivo desplazar mandatarios que no responden a las exigencias y
necesidades de los denominados grupos de
factos.
Revisemos algunas definiciones:
el Diccionario ideológico de la lengua
española (1985) la define como: la “Medida grave y violenta que toma uno
de los poderes del Estado, usurpando las atribuciones de otro”. Para el
diccionario de uso del español de María Moliner (1997) es la “Acción de apoderarse violenta e ilegalmente
del gobierno de un país alguno de los poderes del mismo, por ejemplo, el
ejército”. Espasa Calpe (2001) la define como la “Usurpación ilegal y violenta
del poder de una nación” y el Diccionario Anaya de la Lengua sostiene que es la “Usurpación del
poder por parte de un grupo”.
Los vademécum en materia de Coup d'État se han preocupado de
estandarizar tácticas y estrategias de injerencia civil y militar orientada a
la imposición de representantes de grupos de poderes monitoreados desde
Washington. Tecnica del colpo di Stato
(Técnica del Golpe de Estado) de Curzio Malaparte (1930), The Man on Horseback:
The Role of the Military in Politics (tit. trad. Los militares en la política
mundial) de Samuel Finer y los trabajos de Gene Sharp como: El Aspecto Politico & la Acción (1973),
Ghandi como estratega político. Ensayos y
Política (1979), Poder Social y
Libertad (1980), Haciendo a Europa
Inconquistable: El Potencial de la Disuasión y la Defensa de Base Civil
(1985), El poder de la fe (1986), entre
otras, hacen del Coup d'État el
tópico académico de índole ideológico destinado a contribuir con la
perpetuación hegemónica del sistema
capitalista en el orbe.
Mientras que en Oriente los golpes cívico-militar son legitimados desde
el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, en América Latina, los golpes,
son legitimados y monitoreados por
grupos de poderes económico-financiero-mediáticos y religiosos como la
Agencia del Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) y la Fundación
Nacional para la Democracia (NED).
El frustrado golpe de Estado en
Venezuela (2002), en contra del gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías, el
golpe de Estado en Honduras (2009)
deponiendo al ex presidente Manuel Zelaya y la variación de la política de
gobierno del mandatario peruano Ollanta Humala en lo que viene siendo llamado
como “golpe blanco” hacen de la Institucionalización del Coup d'État en América Latina una peligrosa y desestabilizadora
realidad que debe de ser extirpada de raíz. Lo dijeron Jean-Guy Allard y Eva
Golinder: “Henry Kissinger dijo una vez que si Estados Unidos no podía
controlar a América Latina “¿cómo iba a dominar al mundo?”.[1]
Las estrategias golpistas en
América Latina tienen por objetivo final desmembrar toda posibilidad de
presencia socialista en la región. La maquinaria desestabilizadora está en
movimiento y no es apropiado subestimarla. Mientras que el mandatario peruano Ollanta
Humala señala que la deposición de facto
del presidente paraguayo Fernando Lugo es "un revés al proceso democrático
en la región y obliga a nuestros países a mantenerse vigilantes", la
agencia norteamericana USAID, una de las principales agencias
desestabilizadoras en América Latina, tiene relevante presencia
político-económico en quehaceres de gobernabilidad y política de estado.[2]
¿Cómo se puede sostener estar a
favor de la soberanía de América Latina mientras que agencias, loobies
y ONGs que contribuyen con mecanismos desestabilizadores cuenten con carta
blanca de operaciones? Estas entidades para
estatales debilitan sistemáticamente el rol del Estado desplazándolo por la
participación de la entidad privada. Estas entidades desestabilizadoras
representan a gobiernos o corporaciones transnacionales que - atraves de ellas
- injieren en el quehacer nacional violando todo tipo de soberanía e
independencia, y esto no es novedad.
Frente a la inicua deposición
del presidente paraguayo Fernando Lugo, las organizaciones latinoamericanas
como UNASUR, MERCOSUR, CELAC y ALBA deberían
tomar medidas preventivas
inmediatas las cuales contribuyan con la región en sus proyectos de
desarrollo y fortalecimiento de la soberanía como valor supremo. Queda claro
que participaciones de la OEA y la ONU obedecen a intereses neocolonialmente
desestabilizadores.
Hasta ahora no hemos visto una
sola declaración de autoridades de dichos organismos – OEA Y ONA - sobre la
preocupante situación paraguaya. El “golpe suave”, “golpe blanco” o “golpe
de Estado express" será agresivamente impuesto en la región –
smithnianamente - como un orden natural
de las cosas ensayando la toma del Estado desde el poder legislativo valiéndose
de loobies como USAID, compañías
mineras y petroleras, ONGs, organizaciones religiosas, entre otras.
El aislamiento del Paraguay del
MERCOSUR y UNASUR hasta que se establezca el “Estado de Derecho” en favor del
depuesto presidente es una medida que debe ser tomada de inmediato. Deben de
existir precedentes que sirvan de referencia
y advertencia a los grupos de factos
frente a cualquier acción conspiradora.
Nos pone en alerta la
participación política de la Iglesia Católica. Así como en el Perú, la
jerarquía de la Iglesia Católica asume una vez más su carácter aliado con los
grupos de poder. La Conferencia Episcopal
Paraguaya representada en las personas de Mons. Edmundo Valenzuela y Mons.
Claudio Giménez solicitó, al igual que los grupos de factos, la demisión de Fernando Lugo.[3]
Nos es cercana la experiencia en donde el
Cardenal Oscar Andrés Rodríguez en Honduras apoyado por su homónimo el Cardenal
Julio Terrazas en Bolivia (ambos con la venia de Benedicto XVI) nos confirman
que forman parte del conglomerado internacional de instituciones laicas y
religiosas que tienen como finalidad promover, defender y perpetuar todo
sistema que tenga al Capital como ser supremo y absoluto en todo orden de
relaciones.[4]
La Iglesia, las ONGs, loobies y agencias – nacionales y
extranjeras – que atenten contra la soberanía y los interés de los pueblos
deberían ser seriamente observadas por
organismos tutelares como UNASUR. Es tiempo de hacer sentir al mundo
entero que América Latina es coherente en sus determinaciones. Pactar con Dios
y con el Diablo - mas temprano que tarde - redundará en contra de los mismos
intereses de la región.
Finalmente, existe la necesidad
de ventilar toda la maquinaria
conspiradora en contra de la internacionalización del socialismo. Existe
la necesidad de extirpar sistemáticamente todo vestigio cultural-político neocolonizador
que roe las bases de nuestras cotidianas
relaciones sociales, comerciales y de producción. Existe la necesidad de
tomar medidas severas que sancionen toda entidad –personal o jurídica - que
atente implícita o explícitamente contra el orden constitucional, el estado de
derecho y la magnánima soberana
voluntad de los pueblos del Abya Yala.
[1]Fuente:http://www.matcom.uh.cu/LinkClick.aspx?fileticket=XoXy8jvIXCU%3D&tabid=182. Revisado: 23/06/12.
[4]Cf.Reflexión de Adolfo
Perez Esquivel sobre la presencia conspiradora de la Iglesia Catòlica en
Amèrica Latina en http://www.cubadebate.cu/opinion/2009/07/23/a-la-iglesia-de-honduras-y-al-cardenal-oscar-andres-rodriguez/. Revisado: 23/06/12.










