¿Por qué insisten en decir que la educación gratuita es
regresiva?[1]
Por Camila Vallejo
21/06/12
El 21 de mayo, en el día que el
Presidente de la República da cuenta a los chilenos del estado y avance de la
nación, Sebastián Piñera señala:
“Sabemos que algunos proponen
educación gratuita para todos y no solo a los más vulnerables y la clase media
necesitada. Francamente, en un país con tantas carencias y desigualdades como
el nuestro, no es justo ni conveniente que el Estado, con los recursos de todos
los chilenos, financie la educación de los más favorecidos.”
Luego de este nuevo portazo en
la cara a las demandas de un movimiento social que posee una altísima
legitimidad entre la ciudadanía, la derecha ha iniciado una ofensiva
comunicacional en tratar de hacer valer su posición, según la cual, la
educación gratuita es injusta. Lo que subyace a esta afirmación es la nula
voluntad del Gobierno de avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.
En Chile las desigualdades solo
han aumentado las últimas cuatro décadas. Los estudiantes chilenos desde hace
muchos años hemos sido conscientes de las horrorosas desigualdades que afectan
al país y, a su vez, hemos denunciado que nuestro sistema educacional reproduce
y profundiza dichas desigualdades. La propuesta por una educación pública,
gratuita y de calidad se enmarca en un proyecto global preocupado de cómo
superar las desigualdades que azotan a nuestra sociedad. Esa propuesta global
es el eje central de las demandas sociales en Chile que han remecido a todo el
país y que hicieron eco y han servido como insumo de una serie de movimientos
estudiantiles que florecen en más ciudades y países del mundo. Los estudiantes
chilenos, como los mexicanos y canadienses, no solo quieren mejorar la
educación que reciben; quieren que la educación sirva para cambiar a sus
sociedades, para hacerlas mas justa e integradoras.
Por eso, cuando la derecha en
Chile señala que no está disponible para avanzar hacia la gratuidad debido a la
desigualdad intrínseca de nuestro país, y remata diciendo que la gratuidad es
un despropósito porque a la universidad van los más ricos, lo que subyace es
una postura que busca mantener el statu quo, afirmando que la educación
gratuita nunca será una posibilidad y el Estado no debe garantizarla porque
sería injusto darle más plata a los más ricos, están diciendo que si dependiera
de ellos, a la universidad seguirán asistiendo los más ricos. Esto es una
demostración de que no están disponibles a realizar cambios estructurales que
impliquen mayor igualdad y equidad en la sociedad chilena. Prueba de ello
además, es que anuncia con bombos y platillos una gran reforma tributaria que,
sin embargo, un amplio espectro de analistas la califica como un mero ajuste
tributario que no soluciona en nada el problema de la desigualdad en Chile.
El ministro de educación,
Harald Beyer, utiliza sus conocimientos técnicos para desacreditar las propuestas
del movimiento estudiantil. Nos llama a revisar información que demuestra que
la educación gratuita es regresiva, manteniendo la esencia del discurso de los
anteriores ministros de educación (que no lograron durar mucho en la cartera)
que pretende instalar la falsa idea que estamos ante un Gobierno justo que
defiende a los pobres y ante un movimiento social por la educación injusto, que
propone políticas públicas regresivas y que benefician solo a los ricos. Lo
bueno es que solo ellos creen sus mentiras.
Sabemos que no basta con
entender la educación como un derecho y, por tanto gratuita, para construir la
sociedad más justa que anhelamos. Por esa razón es que en las propuestas del
movimiento estudiantil no se encuentra solo la gratuidad de la educación y la
reforma tributaria. Junto con ellas planteamos reformas al acceso a las
entidades de educación superior para captar estudiantes de todos los sectores
socioeconómicos; la democratización de las entidades educativas para guiar su
accionar hacía los intereses de las grandes mayorías; aportes basales a las
Universidades que permitan desarrollar con fuerza la investigación y la
extensión universitaria para acabar con la Universidad-empresa que solo
desarrolla la docencia, de manera mecánica, sin formación crítica y con dudosa
calidad; que el Estado recupere su rol en la educación técnica; y que, por
cierto, la gratuidad no solo sea en la educación superior sino en todos los
niveles del sistema educativo.
Y, a su vez, como estudiantes
somos conscientes que no basta con hacer transformaciones estructurales al
sistema educativo, sino que abarcar otras áreas que se encuentran secuestradas
en nuestra sociedad: reforma al sistema binominal y asamblea constituyente para
oxigenar nuestro sistema político; recuperación de nuestro recursos naturales,
construir una matriz energética sustentable, avanzar hacia una efectiva
descentralización, son demandas que empiezan a aflorar en el conjunto del
pueblo de Chile.
Las propuestas del movimiento
estudiantil aspiran a realizar un cambio estructural del sistema educativo y
convergen con otras demandas del mundo social. Es majadero por parte del
Gobierno referirse solo a partes cercenadas de la totalidad de nuestras
propuestas, para hacerlas ver retrogradas e injustas. Pero al hacer eso no
hacen más que reflejar la esencia de sus políticas y no las nuestras.
El movimiento estudiantil
chileno sigue activo en el desafío de cómo conseguir las demandas planteadas,
actúa con la convicción de saber que sus planteamientos son respaldados por el
conjunto de la sociedad y que es debido a un Gobierno retrogrado y una
institucionalidad antidemocrática heredada de la dictadura, que aun no ha
habido el éxito que el movimiento estudiantil reclama.
La lucha del movimiento
estudiantil no es una mera pelea gremial, es la conciencia de las nuevas
generaciones que la consigna de que en Chile “mucho más temprano que tarde, de
nuevo se abrirán las grandes alamedas” aun no se hace realidad, pero que con la
unidad del pueblo, estaremos muy próximos de dar ese trascendental paso.
