“En Chile hay una larga continuidad del modelo neoliberal”[1]
Por Mario Troer y Federico Montero / Página12
12/05/12
–Los procesos que tienen lugar
en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de
Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando
construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrías
decirnos sobre eso?
–Uno podría decir muchas cosas,
y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad
neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de
1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó
el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas,
formados en la universidad de Chicago, que rompía con los modelos de desarrollo
económico industrializadores con intervención del Estado que habían existido en
Chile previamente. Lo hicieron porque creían que ese modelo anterior no
permitía un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no
muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación.
Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa,
incluso después de la crisis económica de los ’80 y lo más importante es que
ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los
gobiernos de la Concertación introducen un cambio político muy importante, el
paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional.
Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habían hecho durante el
período de la dictadura –que podríamos ir más allá de la simple recuperación
democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se
llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y
fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que
existían en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros
países de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se
instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de
este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.
– ¿Cuál fue el motivo de que se
frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?
–La Concertación consideró que
los cambios que había prometido no podían realizarse porque se corría el riesgo
de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un
pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen
militar para continuar el mismo modelo social que había instalado la dictadura.
Eso seguramente es así, pero también es cierto que los principales dirigentes
que llegaron al gobierno con la Concertación habían llegado a la conclusión de
que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podía dar
frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir
que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo
también se habían realizado. Thatcher, Reagan, habían llevado a Europa a este
modelo neoliberal.
En Chile, pese a que durante la
dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó
aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América
latina. Hoy en día tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho
las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del
modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los
rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido
limando los aspectos más excluyentes, pero con límites.
–Entre sus trabajos, Chile
actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la
perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que
componían la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento
relativo que tenían en aquel momento. ¿Qué podría decir sobre cómo han
procesado unos y otros aquella experiencia?
–En Chile, los principales
actores políticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene
un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido
Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo
durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a
convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro político
demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por
la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores
opositores, pero después, con la modificación de las leyes políticas oficiales,
se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro.
Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de
izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria,
en la que uno adhería fielmente a la URSS y el otro adhería en un momento a
Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe.
Uno de los efectos del golpe es
generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura.
En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo
XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre
en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también
deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es
Cuba, pero Cuba con el PC no tenía mucho que ver y el mismo Fidel Castro
recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta,
que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no había querido
realizar en el período de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir,
la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habían insistido en un frente
antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces,
finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto
antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se
inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con políticas
sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales.
A eso yo le llamé
transformismo. No sé si usaría el concepto hoy en día, pero tenemos una
izquierda muy distinta de la que existía antes. El otro factor que también hay
que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy día no
fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque
también la derecha había evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus
dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una
crítica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se
manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores
en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación
Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy
importantes, eso tiene que ver sobre todo con políticas culturales, respecto de
reproducción y sexualidad. Aquí el tema del aborto terapéutico, que ahora se
está poniendo en discusión en estos días, va a poner de manifiesto el carácter
de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre
está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con
legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vías democráticas, nadie
piensa que puede haber una vuelta atrás.
Chile volvió al optimismo, que
ha sido uno de los elementos centrales de su política durante mucho tiempo.
Optimismo que incluso teníamos en el período de la Unidad Popular, cuando la
crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en día no hay nada que haga
temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo
neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una
crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el
mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que
otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos
años de continuidad de un enfoque.
–Esta continuidad ha generado
huellas, marcas, en el escenario político, en el que se destaca el movimiento
estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un
eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido,
uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.
–Esto tuvo una primera
aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue
también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible
porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al
movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad
pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en
muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente
quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y
por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido
aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo
Lagos no se demoró mucho.
Este sentimiento de culpa que
tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora
vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera:
defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una
participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa
ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que
sorprendió. Entonces uno podría pensar que el movimiento estudiantil emerge en
un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis
mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender
tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector
estudiantil universitario y la aparición de un actor que había estado en
silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios.
A través de sus liderazgos, los
estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos políticos, como
Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo
fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los
estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute,
y entre los cuales los líderes son voceros y no pueden por sí mismos tomar
decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la
calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y
desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le
presentaron al gobierno, que todavía no da respuestas. Creo que estamos en este
momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver
qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para
empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió
últimamente.
Creo que estamos entrando a un
nuevo tiempo con un gobierno de derecha típico que olvida este intento que
tenía de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con políticas
sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete
por ciento a los pensionados que la Concertación no había realizado, la
creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete
el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma
tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca
que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una
parte y por la otra parte aplica políticas represivas, que es posible que sea
lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es
capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los
carabineros en la calle.
–Uno hubiera pensado que, a
partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podría haber
articulado un espacio político-social con capacidad de gravitación creciente.
Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen
variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonía con las
interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarían este
distanciamiento de la escena política. De todas formas, tras la derrota de la
Concertación, la emergencia de Marco Enríquez-Ominami y la presencia efectiva
de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrían contribuir a una
confluencia de nuevo tipo...?
–El problema es que la
Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y
los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La
Concertación es muy débil, está todavía en proceso de reconstitución,
preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones
municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones
suscitan rápidamente partidos políticos, aun cuando éstos han estado en una
especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después
de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones
municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos
candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por
Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la
visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta
también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos
políticos en Chile. Aquí siempre ha sido muy difícil. Las protestas del año ’83
contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero
finalmente los partidos políticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel
Salazar, tuvieron una importancia seria.
En Chile los partidos son
despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando
llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que
se presentan. Entonces yo creo que es muy difícil que en Chile aparezca una
alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los
dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han
incorporado dentro de su análisis una crítica a los sistemas industriales, sean
socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en
peligro el medioambiente. Es muy difícil que logren presentarse como
alternativas políticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una
Concertación que al menos murmure, porque todavía no ha logrado presentar un
proyecto distinto del que tenía y que fue derrotado por Piñera.
En el caso de Chile, va a ser
muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el
escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda
ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavía grandes cambios en
el escenario, grandes cambios del sistema de actores políticos que están en
acción, aunque sí se puede esperar una Concertación que va a tener que
reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos
listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún
momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace
pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la
Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás,
hace un tiempo, la última política conocida de ellos, que era la “política de
la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación.
Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le
han puesto nombre. Tienen una política de entrismo, de participación en una
fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que
desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo.
Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un
pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente,
con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede
que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas
elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de
continuidad, una vuelta a la política aburrida de una Concertación que “no
calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad
chilena interesante y menos un proyecto.
–En el resto de América latina,
con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o
antineoliberal. Marco Aurelio García ha diferenciado entre procesos más
radicalizados en países que no han atravesado experiencias de
industrialización, mineros, como en el Pacífico, y países con una burguesía más
orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en
el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podría destacar que puede llegar a
constituirse?
–No he estudiado el proceso
latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me
parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo
nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una
gran diferencia con los reformismos de la década del ’60, que añadían aquello
de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo
principal, por decirlo así. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica
interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca
entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un
país que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los
Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las
cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse,
sino generar los máximos acercamientos posibles.
La política exterior chilena
está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del
Pacífico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos
internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos
sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que
tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de
entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los
intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir
que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los
frentes populares. Entonces Chile podría decirse que se parece a aquellos
países sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia,
llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin
industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos
países reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sí, y para Chile son
un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y
Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero
además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández
tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino.
Chile sigue aislado, aislado en
el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy
demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros,
como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación
y yo soy un crítico.
[1]Fuente:http://connuestraamerica.blogspot.com/2012/05/en-chile-hay-una-larga-continuidad-del.html#more.
Revisado: 12/05/12.



