“El socialismo y el hombre en Cuba” es una
provocación del Che, afirma experta
Entrevista con la Dra. María del Carmen Arriet
Por Rodolfo Romero Reyes
14/06/12
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| María del Carmen Arriet |
“Todo
lo que creaste fue perfecto, pero hiciste una creación única, te hiciste a ti
mismo, demostraste como es posible ese hombre nuevo, todos veíamos así que ese
hombre nuevo es realidad, porque existe, eres tú…”. Haydee Santamaría.
“Para mí «El socialismo y el hombre en Cuba» es
una provocación del Che”, dice la Dra. María del Carmen Arriet en un video
filmado hace unos pocos años. Ella explica que el Che quería dejar una síntesis
de su pensamiento en un proceso revolucionario, como lo era el que se vivía en
Cuba. Precisamente en ese texto, el guerrillero habla del hombre nuevo. Hoy, 14
de junio, me aventuro a buscar otra vez la reflexión oportuna de la Dra. Arriet
sobre aquellas ideas guevarianas que después de 47 años no pierden vigencia. La
profe María del Carmen acepta mi entrevista y con sus respuestas satisface mis
expectativas de joven periodista.
En “El socialismo y el hombre en Cuba”, Che
Guevara define premisas esenciales para comprender el papel de hombres y
mujeres en los procesos revolucionarios, y la necesidad de formar, o crear un
hombre nuevo. ¿Desde qué perspectiva filosófica analizaba Che Guevara la
creación de este hombre nuevo?
Antes de responder esa pregunta es necesario
exponer algunos elementos de la vida y el pensar del Che como auténticos
antecedentes del significado que expone en “El socialismo y el hombre en Cuba”.
Desde mi punto de vista resultan muy importantes, porque en los mismos
encontramos no solo la base teórica de sus proyecciones futuras sino el camino
de una praxis revolucionaria que logró construir a partir de una etapa
formativa imprescindible.
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| Ernesto "Che" Guevara |
Digo imprescindible porque en su caso coexiste
una interrelación entre teoría y práctica muy a su modo, si se quiere muy a lo
Che Guevara, y llama la atención porque esa relación, aun cuando no estuviera
muy consciente de ello, será una constante en su vida.
Para una mirada desde lo teórico, habría que
definirlo desde su adolescencia, donde por vocación se impuso un estudio
riguroso de la filosofía, con un método y una disciplina que le valió un
conocimiento vasto y heterodoxo de la misma. Ese esfuerzo concluye con un
Cuaderno filosófico, empezado a elaborar a los 17 años, y que no culmina hasta
su asesinato en Bolivia.
Sin entrar en detalles acerca del contenido de
esos estudios, me interesa destacar el vínculo desde épocas tempranas con la
filosofía y por consiguiente con la filosofía marxista, cuando ya pudo
comprender diferencias y actitudes de unas corrientes y otras. Esa asunción,
cuyas gradaciones las podemos vislumbrar en sus primeros apuntes cobra una
particularidad propia cuando decide la búsqueda de un camino en el que combina
cuestionamientos y conocimientos con una práctica indagatoria, volcada en la
realidad misma. Por eso, la decisión de viajar representa un giro gradual en
sus aspiraciones, y en ella encontramos algunas respuestas iniciales a sus
acciones posteriores.
¿Cuánto cambió su pensamiento político y
filosófico durante estos viajes por América?
Es el periodo en que lo sentimos interrogándose
a sí mismo sobre sus posiciones e influencias filosóficas pero con un matiz
diferente, el de la práctica como respuesta valedera a esas interrogantes.
Encontró en la América Nuestra -la que desconocía en sus esencias autóctonas–,
una verdad reveladora y la asunción de un camino que lo condujera al hallazgo
de lo que, para aquel entonces, considero su camino.
Beber de la cultura de los pueblos indígenas,
conocer su estado deplorable y de indefensión, en contraste con todo lo que
habían alcanzado antes de la brutal conquista, elevó sus inquietudes
filosóficas a un plano terrenal y aquí comienza a entender su importancia como
instrumento adecuado para contribuir a la solución de los problemas que a su
paso encontrara. Definió su posición filosófica dentro del marxismo y buscó
respuestas para encauzar sus pasos a acciones mayores como una necesidad
irrenunciable en su futuro.
Esa búsqueda lo llevó por el camino de la
revolución, convirtiéndose Guatemala en un punto de inflexión en su
radicalización filosófica y política. En lo filosófico, porque su determinación
de actuar desde la filosofía marxista avalaría una praxis política acorde con
esos principios. Es una sumatoria la que anuncia decisiones posteriores, al
conjugar principios humanistas asumidos del marxismo con otras corrientes de
pensamiento y el compromiso expreso de luchar por su reivindicación y su
liberación plenas.
Aún no había expuesto conceptualmente sus
posiciones de un modo diáfano como lo hizo desde la Revolución cubana, pero
queda claro que el hombre para Ernesto Che Guevara es un elemento vital de
compromiso y acción desde esas primeras etapas. Pudo percibir el valor de las
acciones individuales emanadas de una práctica política consecuente y abrió sus
percepciones al entender el papel crucial de los mismos como sujetos actuantes
en las acciones colectivas y el peso esencial en las transformaciones sociales
que logren proponerse: eso, en su caso particular, lo encontró por medio de la
revolución.
Es conocido que la revolución guatemalteca fue
para el Che “un auténtico movimiento de masas”, sin embargo no sería hasta
integrarse al proceso en Cuba que completa sus percepciones acerca del papel de
hombres y mujeres en revolución. ¿Qué me pudiera comentar al respecto?
En Guatemala, como es conocido, no pudo alcanzar
sus sueños, tuvo que transitar por el camino de un nuevo proceso que le
permitiera entender y actuar, para darse cuenta del valor real de sus primeras
percepciones sobre el hombre en revolución. Es por tanto, en la Revolución
cubana que puede sentirse realizado en sus aspiraciones y de poder contribuir a
elevar peldaños superiores en la transformación plena del hombre y, acercarse a
su verdadero humanismo.
La aspiración de construir un hombre apto para
emprender un proceso profundo de cambio fue, desde ese momento, uno de sus
objetivos esenciales, desde la formación del combatiente en la lucha armada
hasta su crucial papel en la construcción de una nueva sociedad. La conjunción
de una ética consecuente, como un elemento esencial en el pensamiento teórico
del Che, nos permite entender como desde los primeros tiempos del proceso
revolucionario cubano abogó por el surgimiento de un nuevo tipo de hombre,
todavía no lo llamaba el hombre nuevo, por considerar que se estaba en un
presente que pugnaba por cambiar el pasado y era necesario avanzar en ese
sentido: un hombre de nuevo tipo que necesitaba cambiarse a sí mismo y también,
con su esfuerzo y tesón, luchar por cambiar el medio. Es así que surge el
principio de entender los cambios en ambas direcciones, cuyo centro era la
revolución como la esencia vital de esos cambios, que se proponía por
definición construir el socialismo.
Visto de ese modo pareciera un tanto simple,
pero uno de los cambios más difíciles era el que tenía que operarse desde el
interior del hombre mismo. Al principio le llamó motor interno, para que la
masa de hombres sin cultura comprendiera en profundidad lo que se esperaba de
ellos, entendiera lo que se les estaba pidiendo. Ese motor interno, que no es
más que la conciencia, sería un eje imprescindible en la comprensión del papel
que le correspondería desempeñar al nuevo hombre que va surgiendo.
¿Es entonces que el Che empieza a hablar de las
características y motivaciones que deben guiar a este hombre nuevo?
Avanzar significaba borrar un pasado y comenzar
a ensayar con un presente innovador y lleno de buenas voluntades, pero con un
gran desconocimiento de cómo hacerlo, por eso sumado a las transformaciones
objetivas no podía obviarse el cambio que debía operarse en el hombre como
actor principal de ese proceso y para ello había que luchar por una nueva
actitud, una nueva moral, porque, como bien advirtiera el Che, de nada vale
crear fabricas brillantes si a la vez, no somos capaces de crear hombres nuevos
que respondan a esos nuevos tiempos.
Con ello, podemos entender el esfuerzo
extraordinario de la revolución por crear hombres a la altura de ese proceso.
Es por eso que elevar el nivel educacional y cultural ha sido y es uno de sus
estandartes principales. Por supuesto, para que ese conocimiento adquirido
pueda ser consecuente con el esfuerzo de la sociedad en su conjunto se necesita
que esté acompañado de una alta conciencia para comprender momentos difíciles,
de retrocesos, sacrificios, errores, dudas e incomprensiones, para que a la
larga salgan fortalecidos por el sentido ético, moral y de responsabilidad, en
la comprensión de lo que se les pide y espera de su entrega.
De ese modo, el hombre se convierte en el centro
mismo de los objetivos y preocupaciones de la nueva sociedad, haciendo que esta
se convierta en “una gran escuela”, que proporcione los mecanismos idóneos,
para establecer una perfecta armonía entre el proceso educativo y la
autoeducación, pilares del desarrollo tecnológico requerido en la construcción
socialistas en las sociedades subdesarrolladas. Es así como se logran entender
los mecanismos necesarios para hacer avanzar la sociedad en su conjunto: los
estímulos morales y la nueva concepción del trabajo; la nueva conciencia y la
conjunción con los nuevos valores que dan paso a una ética capaz de impulsar
los cambios necesarios donde primen las nuevas relaciones de solidaridad y
entrega.
¿Pudiéramos decir entonces que en “El socialismo
y el hombre en Cuba”, el Che refleja esa manera humanista de asumir el marxismo
tanto desde un punto de vista teórico como práctico?
Si tuviéramos que sintetizar la expresión
consecuente del humanismo marxista asumido por el Che, sería aquella donde el
hombre actúa bajo condiciones concretas, con una ética revolucionaria de
sacrificio y solidaridad y donde sus actos se encaminan a alcanzar una real
concordancia entre pensamiento y acción. “El socialismo y el hombre en Cuba” es
uno de sus ensayos más emblemáticos y sintetiza un sistema de pensamiento y
acción que él consideraba valido no solo para la realidad de Cuba, sino como
mecanismos adecuados en la construcción de nuevos sociedades para los países
del llamado tercermundismo.
Las coordenadas expuestas por el Che en su
trabajo, escrito en un momento definitorio de su vida, cuando decidió retomar
la ruta del internacionalismo, se deben asumir como la transmisión consecuente
de lo que se podía avanzar con la acción consciente del hombre en su propósito
por crear un mundo esencialmente humano, acorde con las ideas que desde muy
joven concibiera. Por supuesto, no era un soñador a ultranza y sabía, de hecho
está definido en el texto, que la humanidad debía avanzar mucho para alcanzar
esos sueños y sobre todo romper posiciones dogmáticas que impedían trascender
el presente.
Esas advertencias se ubican dentro de lo más
lúcido de su pensamiento y que es devuelto con su entrega consciente. El
contexto histórico en que las pronuncia difiere sustancialmente con el actual,
porque justamente no alcanzaron a oírse debidamente a quien correspondía
hacerlo. Sin embargo, los que pensaron en el fin de un mundo diferente no han
podido alzarse con el triunfo, porque a pesar de las debilidades y errores
cometidos por el socialismo existente en esos años, el hombre, la humanidad en
su conjunto, no se acostumbra a un mundo de opresión y desigualdades. Ahí están
los movimientos que surgen y se levantan y que sin dudas darán la batalla por
su reivindicación y por ir al hallazgo de nuevos derroteros que acaben con la
injusticia y la explotación; no es optimismo ciego de mi parte, es la historia
real que se alza y recuerda que son los hombres los únicos que pueden
cambiarla.
En su opinión, ¿en qué medida la Revolución
cubana cumplió con esas aspiraciones guevarianas?
De ese mismo modo, la Revolución cubana, a pesar
del cerco a que está sometida hace más de 50 años, a pesar de nuestros errores
y la asunción de otros, ha mantenido la esencia de sus sueños y sus conquistas
y entre ellos se encuentra su mejor obra, el hombre de la Cuba revolucionaria.
Es un tema, por una parte, cuestionado por el enemigo, tildado de utópico e
inalcanzable, y por la nuestra, de constante batallar en medio del asedio y la
intolerancia de los poderes omnímodos; no obstante, aquí estamos con
deficiencias y muchos problemas por resolver, con cuestionamientos acerca de
cómo debemos proceder en los ”llamados tiempos nuevos” y como hacer de la
conciencia y la ideología armas fundamentales y no agotadas para los hombres y
mujeres que van emergiendo.
Hay una pregunta que preocupa a muchos respecto
a lo definido por el Che sobre el “hombre nuevo” y si se ha logrado alcanzar.
Creo que a pesar de los problemas por los que ha tenido que transitar nuestra
juventud hoy y de su insatisfacción por los resultados alcanzados, se ha
logrado un hombre de “nuevo tipo”, golpeado por una realidad que muchas veces
no supimos salvar y que se requiere de un esfuerzo mayor para recuperar muchos
de nuestros anhelos. Es muy difícil, pero lo que es innegable -a pesar de las
conductas asumidas por un grupo de nuestros jóvenes- que todos son resultado de
una sociedad que los condujo por un camino diferente, no digo el mejor, pero si
con una educación y ventajas propias de un sistema que apuntó siempre a crear
un hombre éticamente superior, y eso nos hace confiar en que muchos de los
valores que promovimos en un momento y que se han resentido, como consecuencia
de limitaciones e insatisfacciones, están presentes o latentes y actúan como
resortes colectivos que nos ayudan a buscar soluciones y a resolver problemas,
sobre todo para mantener lo alcanzado entre todos.
Yo pienso, y con esto termino, que hoy más que
nunca los jóvenes, esos que se sienten parte esencial de la revolución, deben
recordar un enunciado del Che expuesto en “El socialismo y el hombre en Cuba”:
“…La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar
día a día su espíritu revolucionario”.
(Tomado de Letra Joven)


