HAY ALTERNATIVAS[1]
Por Noam Chomsky*
14/06/12
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| Noam Chomsky |
En 1978, el presidente del
sindicato más poderoso de Estados Unidos, Douglas Fraser, de la federación de
los trabajadores de la industria del automóvil United Auto Workers (UAW),
condenó a los “dirigentes de la comunidad empresarial” por haber “escogido seguir
en tal país la vía de la guerra de clases (class war) unilateral, una guerra de
clases en contra de la clase trabajadora, de los desempleados, de los pobres,
de las minorías, de los jóvenes y de los ancianos, e incluso de los sectores de
las clases medias de nuestra sociedad”.
Fraser también los condenó por
haber “roto y descartado el frágil pacto no escrito entre el mundo empresarial
y el mundo del trabajo, que había existido previamente durante el período de
crecimiento y progreso” en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial,
conocido como la “edad dorada” del capitalismo de Estado.
El reconocimiento de la
realidad por parte de Fraser fue acertado aunque tardío. Lo cierto es que los
dirigentes empresariales y sus asociados en otros sectores de las elites
dominantes estaban constantemente dedicados a una siempre presente guerra de
clases, que se convirtió en unilateral, sólo en una dirección, cuando sus víctimas
abandonaron tal lucha.
Mientras Fraser se lamentaba,
el conflicto de clases se iba recrudeciendo y, desde entonces, ha ido
alcanzando unos enormes niveles de crueldad y salvajismo en Estados Unidos que,
al ser el país más rico y poderoso del mundo y con mayor poder hegemónico desde
la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en una ilustración significativa de
una tendencia global.
Durante los últimos treinta
años, el crecimiento económico ha continuado -aunque no al nivel de la “edad
dorada”-, pero para la gran mayoría de la población la renta disponible ha
permanecido estancada mientras que la riqueza se ha ido concentrando, a un
nivel abrumador, en una facción del uno por ciento de la población, la mayoría
de los ejecutivos de las grandes corporaciones, de empresas financieras y de
alto riesgo, y sus asociados.
Este fenómeno se ha ido
repitiendo de una manera u otra a nivel mundial. China, por ejemplo, tiene una
de las desigualdades más acentuadas del mundo. Se habla mucho, hoy en día, de
que por el hecho de que “Estados Unidos esté en declive” hay un cambio en las
relaciones de poder a nivel global. Esto es parcialmente cierto, aunque no
significa que otros poderes no puedan asumir el rol y la supremacía que ahora
tiene Estados Unidos.
El mundo se está convirtiendo
así en un lugar más diverso en algunos aspectos, pero más uniforme en otros.
Pero en todos ellos existe un cambio real de poder: hay un desplazamiento del
poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme
concentración de poder y riqueza. La literatura económica del mundo empresarial
y las consultorías a los inversores súper ricos señalan que el sistema mundial
se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con
enormes riquezas, y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento
-que en una gran parte es destructivo y está muy desperdiciado- beneficia a una
minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales
recursos. Y por otra parte existen los “no ricos”, la enorme mayoría, referida
en ocasiones como el “precariado” global, la fuerza laboral que vive de manera
precaria, en la que se incluyen mil millones de personas que casi no alcanzan a
sobrevivir.
Estos desarrollos no se deben a
leyes de la naturaleza o a leyes económicas o a otras fuerzas impersonales,
sino al resultado de decisiones específicas dentro de estructuras
institucionales que los favorecen. Esto continuará, a no ser que estas
decisiones y planes se reviertan mediante acción y movilizaciones populares con
compromisos dedicados a programas que abarquen desde remedios factibles a corto
plazo hasta otras propuestas a más largo plazo que cuestionen la autoridad
ilegítima y las instituciones opresivas entre las que reside el poder.
Es importante, por lo tanto,
acentuar que hay alternativas. Las movilizaciones del 15M (los “indignados”
españoles) son una ilustración inspiradora que muestra qué es lo que puede y
debe hacerse para no continuar la marcha que nos está llevando a un abismo, a
un mundo que debería horrorizar a todas las personas decentes, que será incluso
más opresivo que la realidad existente hoy en día.
* Escritor, lingüista y
filósofo estadounidense. De CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias).
(Tomado de Página 12,
Argentina)
