Tres capturas distintas y un solo Dios verdadero: el capital[1]
Por Sinesio López Jiménez
29/05/12
No sólo el gobierno, también el
Estado está en disputa. Ganaron los nacionalistas y las izquierdas, pero está
gobernando la derecha. Toda la historia puede resumirse en tres capturas: del
Estado, de Ollanta y del gobierno. Tres capturas distintas y un solo dios
verdadero: el capital. Ella también puede ser vista desde el lado estructural.
En el capitalismo toda la sociedad depende de la asignación de los recursos
elegidos por los dueños del capital. Las decisiones privadas de inversión
tienen consecuencias públicas y de larga duración: determinan las posibilidades
futuras de la producción, el empleo y el consumo de todos. Debido a que las posibilidades futuras de
consumo dependen de la inversión privada, todos los grupos sociales se ven
limitados (en la búsqueda de sus intereses materiales) por el efecto que pueden
tener sus acciones sobre la voluntad de invertir de los dueños del capital, la
misma que depende, a su vez, de la
rentabilidad de la inversión.
Como sostienen Michael
Wallerstein y Adam Przeworski (politólogos de la U. de Chicago), el intercambio
entre el consumo presente y futuro de todos pasa por un trade-off entre el
consumo de quienes no poseen un capital propio y las ganancias de los que lo
poseen. Estos mecanismos rígidos se aplican especialmente a los asalariados que
cuidan tanto sus salarios futuros como sus ingresos presentes. Si las empresas
responden a los aumentos salariales con menos inversión, los asalariados pueden
ser los más interesados en moderar sus demandas salariales. Los ingresos
futuros de los trabajadores dependen de la realización de los intereses
actuales de los capitalistas. En realidad, todos los grupos tienen una
dependencia estructural del capital: las minorías que luchan por la igualdad
económica, las mujeres que quieren transformar la división del trabajo en el
seno de la familia, los viejos que buscan seguridad material, los trabajadores
que se esfuerzan en mejorar las condiciones de trabajo, los militares que
buscan renovar su armamento. En el capitalismo las condiciones materiales de
todo el mundo dependen de las decisiones
privadas de los dueños de la riqueza.
La teoría de la dependencia
estructural infiere que, debido a que la sociedad en su conjunto depende de los
dueños del capital, le pasa lo mismo al Estado. La búsqueda de cualquier
objetivo de política que requiera recursos materiales coloca a los gobiernos en
una situación de dependencia estructural. Los políticos que buscan votos deben
anticipar el impacto de sus políticas en las decisiones de las empresas, debido
a que esas decisiones repercuten en el empleo, la inflación y los ingresos
personales de los votantes. Incluso un gobierno pro-trabajadores no quiere y no
puede comportarse de manera muy diferente de otro que representa a los
capitalistas. Si los trabajadores son los que tienen una buena dosis de
moderación salarial, un gobierno pro-trabajadores tratará, asimismo, de evitar
las políticas que dramáticamente alteren
la distribución del ingreso y la riqueza. La gama de acciones que los
gobiernos encuentran mejores para los intereses que representan está
estrechamente circunscrita, cualquiera que puedan ser esos intereses.
La razón por la cual el Estado
es estructuralmente dependiente es que ningún gobierno puede al mismo tiempo
reducir las utilidades y aumentar la inversión. Las empresas invierten en
función de los rendimientos esperados, las políticas de transferencia de
ingresos fuera de los dueños del capital reducen la tasa de retorno y, por lo
tanto, la de la inversión. Los gobiernos se enfrentan a un trade-off entre
distribución y crecimiento, entre la igualdad y la eficiencia. Ellos pueden
negociar una más (o menos) distribución igualitaria de ingresos a cambio de
menos (o más) de inversión, pero no pueden alterar los términos de este
trade-off: Esta es la tesis central de la teoría de la dependencia estructural.
Los gobiernos pueden y deben escoger entre el crecimiento y la distribución de
los ingresos, pero el bienestar material de todos depende del crecimiento
económico. En la medida que la distribución
puede lograrse sólo a costa del crecimiento, todos los gobiernos terminan
persiguiendo políticas con efectos redistributivos limitados.
La teoría de la dependencia
estructural de la sociedad y del Estado con respecto al capital ha sido
esgrimida como crítica del marxismo al capitalismo y es la a vez usada por el
neoliberalismo para mostrar las virtudes estructurales del capitalismo.
Wallerstein y Pzreworski no dejan de expresar su sorpresa por la coincidencia
de estas contrapuestas perspectivas teóricas sobre el capitalismo. La
diferencia entre las dos teorías es que
los neoliberales son “pluralistas”, esto es, son agnósticos sobre los
grupos que tienen el poder de infligir pérdidas al público mediante la retirada
de sus inversiones. Esta diferencia no debe ocultar, sin embargo, el hecho de
que ambas teorías entienden de la misma manera la relación entre distribución
del ingreso y la inversión.
En un próximo artículo
discutiremos esta perspectiva estructural así como la posibilidad de torcerle el
cuello desde la política para abrir las puertas a nuevas apuestas que hagan
compatible al desarrollo con la democracia.
[1]Fuente:http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.larepublica.pe.
Revisado: 29/05/12.
