Las batallas por el poder en las alturas[1]
Por Sinesio López Jiménez
29/05/12
Las derechas políticas y mediáticas amenazan, chantajean y atarantan y
la derecha económica avanza sigilosamente y coloca a sus hombres de confianza
en los puestos de mando del gobierno y del Estado.
La derecha perdió las elecciones, pero gobierna.
Todo el secreto radica en el avasallamiento del poder político por el poder
económico. El avasallamiento, sin embargo, no obedece sólo a la fuerza
estructural del capital sino también a la fragilidad del poder político de
Humala. A esto hay que añadir lo que hoy pomposamente se llama La Agencia. Existen,
por el lado derecho, los actores y los operadores que, aparte de canalizar la
fuerza estructural del dinero, ponen su cuota de poder: el control de los
medios, de la agenda política y de las organizaciones e instituciones
conservadoras. En el otro lado, en
cambio, casi no hay nada. Además de la ausencia de bases sólidas del poder
político, la fragilidad de los actores y los operadores políticos (con
excepciones), comenzando por el Presidente de la República, es espeluznante. Si existe un avasallador es
porque hay alguien que se deja avasallar.
Apenas perdió, la derecha se propuso recuperar
en la mesa el poder que Humala había ganado legítimamente en la cancha y que
tenía (y tiene) miedo ejercer. Para lograr su objetivo, presiona, amenaza y ataca mientras Humala se
asusta, retrocede y cede. Así llegaron Castilla y Velarde al manejo de los
aparatos económicos del Estado. Ellos
son los representantes del capital en el Ejecutivo, gracias a los chantajes de
la derecha y a los miedos de Humala. La operación se repite cada vez que la
derecha quiere avanzar sus piezas en el juego del poder. Vuelve al ataque,
apela a los halagos, avanza y toma otros puestos claves mientras Humala vuelve
a retroceder, a ceder y conceder. Las permanentes concesiones a los poderosos
de siempre han transformado a Humala de repudiado chavista en un honorable
estadista (para la derecha).
La verdad es que no hay la derecha sino las
derechas que establecen, sin embargo, una especie de división del trabajo entre
ellas. Las derechas políticas y mediáticas amenazan, chantajean y atarantan y
la derecha económica avanza sigilosamente y coloca a sus hombres de confianza
en los puestos de mando del gobierno y del Estado. Lo que pasó con el gabinete
Lerner ilustra bien esas movidas. La derecha no estaba satisfecha con el
control del MEF y del BCR. Querían tomar el gabinete y sacar a los cuadros de la
izquierda del gobierno. La derecha política y mediática desplegó una ofensiva
feroz contra ella mientras los representantes de la derecha económica en el
gobierno se encargaban de asustar a Humala con el cuento de que si Conga no iba
llegaban todas las plagas de Egipto y los daltónicos Servicios de Inteligencia
(con Villafuerte a la cabeza) azuzaban las iras de su jefe para que ponga en su
sitio a los rojos del gobierno y del país que movían al cotarro social.
Humala cedió, el gabinete Lerner cayó, un fujimorista
autoritario, apoyado por los servicios de inteligencia, lo sucedió, la
izquierda salió del gobierno y la derecha económica sumó algunos ministerios
más. Pero el logro mayor de la derecha en esta operación fue la ruptura de
Ollanta con la izquierda, con sus electores y su refugio en las FF.AA. Humala,
como todos los militares y los militaristas de todos los pelajes, confunde el
poder con las armas. Allí se sentía seguro, pero resulta que ahora la derecha
pretende arrebatarle las armas aprovechando la endeblez política y moral de los
ministros que él mismo ha puesto en los ministerios de la coerción. Asistimos a
una sorda batalla entre el capital y la coerción en las alturas del poder. No
es la dura batalla de los tiempos de Velasco, sino su pálido reflejo.
Luego de la caída del gabinete Lerner, la
derecha apostó, a través de rápidas campañas, a homogeneizar el gabinete
Valdés, sacando a lo que queda de la izquierda y del progresismo en el gabinete
y en el gobierno. Sus logros, sin embargo,
han sido sólo parciales. Ensayaron también una agresiva campaña contra el Presidente del Congreso,
como para calentar el cuerpo y para bajarle el moño a Daniel Abugattás, uno de
los mejores cuadros que tiene el nacionalismo, pero sólo obtuvieron una pequeña
victoria parcial. Es probable que, con motivo de la elección del nuevo
Presidente del Congreso, la derecha reanude una ofensiva despiadada contra los
representantes más destacados del nacionalismo (Daniel Abugattás, Marisol
Espinoza) para demolerlos y busque ahondar la brecha entre el nacionalismo y el
toledismo para impedir la formación de una coalición que les permita mantener
las riendas del Congreso.
Arrebatar a Humala los ministerios de la
coerción es una aspiración audaz de la derecha, casi como quitarle los huevos
al águila. Si no lo logra, al menos lo habrá debilitado y desgastado más aún
para seguir avanzando en el control de los puestos claves del gobierno y del
Estado. ¿Se dejará Humala arrebatar las armas que constituyen su bastión de poder? Si eso pasara, Humala se convertiría en un
pelele a tiempo completo del conjunto de las derechas. Pago por ver.
[1]Fuente:http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.larepublica.pe.
Revisado: 29/05/12.
