Argentina: ¡¡Dios mío: se va el FMI!!
por Rafael Cuevas Molina
Presidente AUNA-Costa
Rica
17/03/12[1]
La “gran prensa” de América
Latina, la que nos desayunamos todos los días del año, apenas le dio un pequeño
espacio a la noticia en alguna esquina perdida: el Fondo Monetario
Internacional decidió cerrar su oficina en Buenos Aires para irse a otros
lugares “en donde lo necesiten más”, según dijo.
Es una noticia que debería ser
de primera plana pues evidencia una serie de procesos y tendencias que
caracterizan a los últimos años. En primer lugar, muestra cómo el recetario
neoliberal, del cual fue paladín y abanderado, ha dejado de pasearse orondo por
América Latina y está desprestigiado y cuestionado.
En efecto, es un lugar común,
un hecho por todos conocido, cómo el FMI -junto al Banco Mundial y el Banco
Interamericanos de Desarrollo-, impulsó las políticas amparadas bajo la mampara
del llamado Consenso de Washington, estableciendo una serie de medidas
draconianas que llevaron prácticamente a la desaparición del estado de
bienestar (ahí donde él existía) y, en general, a la profundización de las
desigualdades sociales en un continente que, ya de por sí, es el que tiene los
mayores índices de inequidad en el mundo.
La Argentina menemista fue
campeona en la implementación de esas políticas. El presidente que había hecho
campaña bajo el eslogan de “síganme”, y que había abierto esperanzas
nacionalistas en amplios sectores de la clase media, se tiró de cabeza en una
vorágine de privatizaciones que dejó al país sin algunas de sus más
emblemáticas corporaciones. La debacle fue total y tuvo su clímax en diciembre
del 2001, cuando el peso se derrumbó estrepitosamente arrastrando en su caída a
miles de argentinos que vieron desaparecer sus ahorros de la noche a la mañana,
menguadas sus pensiones y su poder adquisitivo por los suelos. Pocas veces se
ha visto en América Latina una catástrofe mayor.
Otros países latinoamericanos
pasaron, antes o después, por situaciones similares provocadas por la
aplicación de las políticas tan fervientemente impuestas por el FMI. El
resultado fue que, en algunos de ellos, los gobiernos, los grupos sociales que
los acuerpaban y el sistema político que los justificaba se vieron desplazados
del ejercicio del poder, quedando convertidos en verdaderos fantasmas de lo que
habían sido. Desperdigados, aturdidos, marginados, no han podido levantar
cabeza desde entonces a pesar de que han buscado de mil formas volver al
protagonismo de antaño.
Seguramente, Argentina ha sido
en América Latina la que más contundentemente rompió con el esquema del FMI e
inició un proyecto nacionalista que se olvidó de las fórmulas impuestas a
rajatabla por los tecnócratas internacionales. Cuando parecía que no habría
marcha atrás y que a la otrora potencia sudamericana le esperaba un negro
futuro de décadas, el viraje que dejó botado en el camino al Fondo permitió que
el país sacara de nuevo la cabeza, tomara un respiro y se pusiera en el carril
de la recuperación.
Venezuela, Bolivia y Ecuador
han seguido, acorde con sus propias características, caminos similares y no les
ha ido nada mal. Otros, tozudamente empecinados, han seguido impulsando las
viejas fórmulas que ya mostraron sus límites. Chile y México, en primer lugar,
pero también Colombia y -desafortunadamente por las esperanzas que despertó- el
Perú de Ollanta Humala.
Dice el FMI que se va hacia
sitios en donde lo necesiten más. Es decir que se va para Europa en donde,
repartiendo mandobles, tiene contra las cuerdas a Grecia, a España, a Italia, a
Irlanda, en donde aplica su recetario a diestra y siniestra sin ninguna
contemplación como es su costumbre. Ahora son ellos los que tienen el agua al
cuello, los que sufren la impune aplicación de las políticas que favorecen a
los grandes capitales transnacionales que, a través suyo, imponen su voluntad,
crecen y se multiplican a costas de la pauperización de las grandes mayorías.
La partida del FMI de la
Argentina tiene, entonces, un valor simbólico muy importante. Es la evidencia
que las políticas neoliberales están en retroceso en nuestras tierras. Es esa
la razón por la que la ”gran prensa” –siempre tan servil, tan lacayuna- calla
descaradamente la noticia que debería gritarse a los cuatro vientos, ocupar
titulares de primera plana y vocearse en las esquina: ¡¡Se va el FMI!! ¡¡Que le
vaya bien y ojalá que nunca vuelva!!
