por Fidel Castro
Ruz
27 /o3/12 [1]
El mundo está cada vez más
desinformado en el caos de acontecimientos que se suceden a ritmos jamás
sospechados.
Los que hemos vivido un poco
más de años y experimentamos cierta avidez por la información, podemos
testificar el volumen de ignorancia con que nos enfrentábamos a los
acontecimientos.
Mientras en el planeta un
número creciente de personas carecen de vivienda, pan, agua, salud, educación y
empleo, las riquezas de la Tierra se malgastan y derrochan en armas e
interminables guerras fraticidas (sic), lo cual se ha convertido -y se
desarrolla cada vez más- en una creciente y abominable práctica mundial.
Nuestro glorioso y heroico
pueblo, a pesar de un inhumano bloqueo que dura ya más de medio siglo, no ha
plegado jamás sus banderas; ha luchado y luchará contra el siniestro imperio.
Ese es nuestro pequeño mérito y nuestro modesto aporte.
En el polo opuesto de nuestro
planeta, donde se ubica Seúl, capital de Corea del Sur, el presidente Barack
Obama se reúne en una Cumbre de seguridad nuclear, para imponer políticas
relacionadas con la disposición y uso de armas nucleares.
Se trata sin dudas de hechos insólitos.
Personalmente no me percaté de
estas realidades por simple casualidad. Fueron las experiencias vividas durante
más de 15 años desde el triunfo de la Revolución cubana -tras la batalla de
Girón, el criminal bloqueo yanki para rendirnos por hambre, los ataques piratas,
la guerra sucia y la crisis de los cohetes nucleares en octubre de 1962 que
puso al mundo al borde de una siniestra hecatombe-, cuando llegué a la
convicción de que marxistas y cristianos sinceros, de los cuales había conocido
muchos; con independencia de sus creencias políticas y religiosas, debían y
podían luchar por la justicia y la paz entre los seres humanos.
Así lo proclamé y así lo
sostengo sin vacilación alguna. Las razones que hoy puedo esgrimir son
absolutamente válidas y aún más importantes todavía, porque todos los hechos
transcurridos desde hace casi 40 años lo confirman; hoy con más razón que
nunca, porque marxistas y cristianos, católicos o no; musulmanes, chiítas o
sunitas; libre pensadores, materialistas dialécticos y personas pensantes,
nadie sería partidario de ver desaparecer prematuramente a nuestra irrepetible
especie pensante, en espera de que las complejas leyes de la evolución den
origen a otra que se parezca y sea capaz de pensar.
Gustosamente saludaré mañana
miércoles a Su Excelencia el Papa Benedicto XVI, como lo hice con Juan Pablo
II, un hombre a quien el contacto con los niños y los ciudadanos humildes del
pueblo suscitaba, invariablemente, sentimientos de afecto.
Decidí por ello solicitarle
unos minutos de su muy ocupado tiempo cuando conocí por boca de nuestro
canciller Bruno Rodríguez que a él le agradaría ese modesto y sencillo
contacto.
