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| Camila Vallejo |
Camila Vallejo: Mis razones para viajar a Cuba[1]
Por Camila
Vallejo
03/04/12
La Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC) ha invitado a una delegación de las Juventudes Comunistas de Chile a las
actividades de conmemoración por su 50° aniversario. Formo parte de esta
delegación y espero aprovechar este viaje para también realizar intercambios y
diálogos con los estudiantes de un país que destaca por sus altos estándares de
calidad de una educación que es pública y gratuita.
Tendré la oportunidad de poder
reunirme con dirigentes estudiantiles de la Organización Continental
Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) y de nuestra organización
hermana la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), así como también
recorrer distintas campus universitarios donde se organizarán foros y debates
para poder intercambiar las experiencias del movimiento estudiantil chileno y
el cubano.
Sin embargo, ya se empieza a
percibir en el ambiente del debate público nacional ácidas críticas por haber
aceptado esta invitación. Los mismos sectores que no han criticado al Papa por
su viaje a la isla, juntarse con Fidel y declinar reunirse con la disidencia,
rasgan vestiduras por la visita que jóvenes comunistas haremos a la isla.
Es por esto que quisiera
compartir esta reflexión sobre lo paradójico que resulta el discurso de quienes
critican con tanta rabia a Cuba o a quienes sienten cariño y respeto por ella,
pero que por otro lado, justifican inaceptables prácticas y desigualdades que
día a día transcurren en nuestro país, o incluso en el mundo entero debido a
las guerras, el hambre, la explotación, la violación a los derechos humanos y
un sin fin de concecuencias de la deshumanización que ha producido y sigue
produciendo el sistema capitalista y determinados agentes del imperialismo
estadounidense.
Lo primero que quiero señalar
es que no es primera vez que visito Cuba. Viajé junto a unos amigos el verano
del 2009, para conocer la isla en el contexto del 50° aniversario de la
revolución popular que derrocó la cruel dictadura de Batista. Gracias al
contacto con amigos chilenos (que estudian becados por el Gobierno cubano junto
a jóvenes de todo el continente que probablemente no hubieran podido tener
acceso a una buena educación en sus respectivos países debido a una formación
pensada para la élite, cuyos altos costos privan a los sectores populares de lo
que debiese ser su derecho) pudimos salirnos del circuito turístico y
empaparnos de la cultura cubana cotidiana, sorprendiéndonos continuamente de
las particularidades culturales, políticos y sociales que hacen tan difícil
comparar a la ligera a ese país con el nuestro.
Conocí a un pueblo sumamente
culto, dispuesto a conversar y discutir de manera permanente los problemas de
su sociedad, con un acceso a la cultura, la educación, la salud y el deporte
envidiable. La sociedad cubana no vive el drama que viven muchos países como el
nuestro de la inseguridad ciudadana. La delincuencia es prácticamente
inexistente y hay una ausencia de los hechos de violencia que de cuanto en
cuanto estremecen a nuestra sociedad, debido a los nichos de marginalidad que
nuestro sistema económico y social es incapaz de erradicar.
Se habla mucho de la represión
que sufre el pueblo cubano, y yo quedé muy impresionada de lo contradictorio
que es ese discurso si comparamos la práctica policial cubana con la chilena.
No vi en ningún momento un Guanaco, un Zorrillo o gases lacrimógenos, vi a la
policía circulando por las ciudades solo con su uniforme, sin cascos ni armas
de ningún tipo. Ese nivel de cultura cívica, tanto del Estado como del conjunto
de la sociedad, está a años luz de la represión que vivió el movimiento
estudiantil el año pasado o la que dejó en la región de Aysén a compatriotas
con graves lesiones de por vida. Ese tipo de prácticas simplemente serían
inaceptables en la isla, ya que sin lugar a dudas, un pueblo que ha hecho gala
frente al mundo de rebeldía e insubordinación a la injusticia difícilmente se
dejaría acallar con instrumentos represivos.
¿Con esto digo que la sociedad
cubana es perfecta o que Chile debería iniciar un proceso para parecerse a la
realidad cubana? Por supuesto que no. Tampoco quiero ocultar con estas palabras
el legítimo descontento que tienen ciertos sectores de la sociedad cubana con
su sistema político-social. Tuvimos la oportunidad de escuchar críticas en
nuestra estancia en la isla, pero bien distintas a las que se suelen verter acá
sacadas de contexto. Conocimos muchos cubanos que aspiran a perfeccionar el
socialismo para hacerlo atingente a las nuevas necesidades, que canalizan sus
inquietudes a través de instrumentos democráticos para nosotros desconocidos,
como la fuerte red de organizaciones sociales, reuniones de rendición de
cuentas e instancias consultivas, donde en los últimos años se han dado una
serie de discuciones que han llevado a una actualización del modelo encabezada
por el gobierno. Algo que es obviado de manera deliberada por quienes hablan de
disidencia, solo para resaltar a los sectores alineados con quienes atacan
coninuamente el camino que llevan construyendo los cubanos desde hace décadas
en contra de los ataques y restricciones de importantes potencias. Nosotros
queremos conocer mas de cerca esta realidad, sabemos que es un debate cotidiano
en la isla, que no necesita de los medios alternativos que echan de menos
quienes hablan de falta de espacios, porque se da a todo nivel sin tapujos.
Ni Cuba es una sociedad
perfecta, ni Chile tiene por qué seguir su camino. Los chilenos debemos
desarrollar un camino propio para superar la desigualdad, la falta de derecho,
la carencia de espacios democráticos y participativos e ir abriéndonos camino
hacia la conquista de nuestra soberanía política, económica e intelectual. Todo
esto en consideración de nuestra cultura y nuestra idiosincrasia nacional.
Ejemplo de esto, es que los amplios sectores de izquierda que valoran la
experiencia cubana, siempre hemos apostado en Chile por un camino de amplias
convergencias sociales y políticas dentro de un régimen multipartidista.
Espero con estas palabras que
el debate que empieza a surgir sobre nuestro viaje a la isla no se contamine
con malintencionadas desinformaciones que deforman la realidad de la sociedad
cubana. Y, por el contrario, pueda ser esta una oportunidad de generar
intercambios más profundos e ir generando aprendizajes para que nuestras
sociedades avancen en consolidar derechos sociales, en un ambiente democrático
participativo, de defensa de la soberanía nacional y con valores como la
solidaridad, el respeto en la diferencia y el principio de autodeterminación de
los pueblos.
