La crisis capitalista y sus
repercusiones políticas[1]
Por Ángel Guerra Cabrera
26/04/12
La honda crisis de la
economía capitalista mundial no da tregua y amenaza con adentrarse en la temida
depresión, aunque hay autores que ya la ven
en esa fase. En todo caso, estamos ante mucho más que una crisis
estructural del capitalismo. Se trata de una crisis civilizatoria que exige
transformar raigalmente los patrones culturales y el sistema de producción y
consumo como única forma de preservar la vida de nuestra especie. Ya el
capitalismo amenazó arrasar con la civilización en los terribles años de guerra
general entre 1914 y 1945, agravados por la Gran Depresión de 1929 y culminados
con el genocidio de Hiroshima y Nagasaky. Quién sabe en qué tragedia mayor
habría concluido aquel drama si no es por la derrota infligida al nazismo por el Ejército Rojo.
El trastorno actual se inició en 1973, cuando el
presidente Richard Nixon atajó el deslizamiento de la economía estadunidense
hacia el abismo, provocado por los gastos de la guerra de Vietnam, el aumento
de los precios del petróleo y el declive en la tasa de ganancia. Unilateral y
dictatorialmente desligó el dólar
-moneda de cambio internacional- del patrón oro y lo puso a “flotar”. Vulneraba
así, en provecho de los capitales yanquis y en detrimento de los demás países
-sobre todo los pobres-, los acuerdos de Bretton Woods, que pautaron las reglas
de la economía internacional bajo la batuta de Estados Unidos después de la
Segunda Guerra Mundial.
A partir de entonces, Washington emprendió una
demencial vorágine de impresión de dólares e instrumentos de deuda sin respaldo
productivo, con los que inundó los circuitos financieros globales de moneda
devaluada y ha llevado a cabo la estafa más grande de la historia de la
humanidad. La especulación financiera
pasó a ocupar un lugar mucho más relevante que la producción y el comercio en
la circulación monetaria y reforzó las
políticas neoliberales, experimentadas en Chile bajo la dictadura de
Pinochet(1973-1990), elevadas a la categoría de dogma de fe mundial por los
gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher(1979-1990).
Son esas políticas generalizadas de achicamiento
del Estado, contención salarial, desmantelamiento de las conquistas de los
trabajadores, circulación libre de de capitales pero no de fuerza de trabajo,
privatización del patrimonio público, socialización de las pérdidas de las
corporaciones, especulación hasta con los alimentos, inclemente degradación
ambiental e inicio de un nuevo ciclo de guerras coloniales(Afganistán, Irak,
Libia), las que han conducido a la
debacle económica manifestada abiertamente a partir del estallido de la burbuja
inmobiliaria en Wall Street(2008).
Citada por pocos autores, otra causa
fundamental, en el orden geopolítico, de la descomunal ofensiva internacional
del capital contra los trabajadores y pueblos oprimidos, fue el derrumbe de la
Unión Soviética y demás países del experimento socialista del este de Europa,
empujado sí, por gravísimos errores y
desviaciones de sus partidos dirigentes, pero portador de valiosas experiencias
en la liberación humana y factor de equilibrio hasta ese momento en la balanza
internacional de poder. La arremetida capitalista fue favorecida por los
traumas subjetivos que provocó la inesperada catástrofe, ahondados por una
vulgar campaña antisocialista que dura hasta hoy y la deserción hacia las filas
del liberalismo económico -apenas sin
excepción- de las cúpulas socialdemócratas europeas y partidos asociados en
otras latitudes, así como de muchos intelectuales. Mientras, un número
considerable de los partidos y grupos de orientación marxista y socialista han
tardado en sobreponerse a la conmoción y dar una correcta lectura a la nueva
realidad.
En 2010 irrumpió en Europa la llamada crisis de
la deuda soberana con graves consecuencias sociales, acentuadas por el ultraliberalismo
de la señora Merkel. España ha entrado
de nuevo en recesión y se vaticina la rápida caída de la importancia, el tamaño
de su economía y su quiebra no lejana dadas la fragilidad de sus bancos y las
extremas medidas de ajuste ordenadas por Berlín, cumplidas al pie de la letra
por el hidalgo Rajoy. De ser así
arrastrará consigo a la Unión Europea, le pegará a Estados Unidos, que
padece esencialmente los mismos problemas, solapados por la suicida inyección de
liquidez, y es, en fin de cuentas, el mayor responsable de la crisis. Pero
impactará mundialmente, aunque hay luz al final del túnel.
(Tomado de La Jornada)
