Las ilusiones de Stephen
Harper[1]
Por Fidel Castro Ruz
09/04/12
Creo, sin ánimo de ofender a nadie, que así se
llama el Primer Ministro de Canadá. Lo deduzco de una declaración publicada el
“Miércoles Santo” por un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese
país. Son casi 200 los Estados, supuestamente independientes, que integran la
Organización de Naciones Unidas. Constantemente cambian o los cambian. Muchos
son personas honorables y amigos de Cuba, pero no es posible recordar los
detalles de cada uno de ellos.
En la segunda mitad del siglo XX tuve el privilegio
de vivir años de intenso aprendizaje, y apreciar que los canadienses, ubicados
en el extremo norte de este hemisferio, fueron siempre respetuosos de nuestro
país. Invertían en esferas de su interés y comerciaban con Cuba, pero no
intervenían en los asuntos internos de nuestro Estado.
El proceso revolucionario iniciado el 1º de
Enero de 1959 no implicó medidas que afectaran sus intereses, los cuales fueron
tomados en cuenta por la Revolución en el mantenimiento de relaciones normales
y constructivas con las autoridades de aquel país donde se llevaba a cabo un
intenso esfuerzo por su propio desarrollo. No fueron, por tanto, cómplices del
bloqueo económico, la guerra, y la invasión mercenaria que Estados Unidos
aplicó contra Cuba.
En mayo de 1948, año en que se creó la OEA,
institución de bochornosa historia que dio al traste con lo poco que ya quedaba
del sueño de los libertadores de América, Canadá estaba lejos de pertenecer a
la misma. Ese status se mantuvo durante más de 40 años, hasta 1990. Algunos de
sus líderes nos visitaron. Uno de ellos fue Pierre Elliott Trudeau, brillante y
valiente político, muerto prematuramente, a cuyo sepelio asistimos en nombre de
Cuba.
Se supone que la OEA sea una organización
regional integrada por los Estados soberanos de este hemisferio. Tal
afirmación, como otras muchas de consumo diario, encierra un gran número de
mentiras. Lo menos que podemos hacer es estar conscientes de las mismas, si se
preserva el espíritu de lucha y la esperanza de un mundo más digno.
Se supone que la OEA sea una organización
panamericana. Un país cualquiera de Europa, África, Asia o de Oceanía, no
podría pertenecer a la OEA por poseer una colonia, como Francia en Guadalupe; o
los Países Bajos, en Curazao. Pero el colonialismo británico no podía definir
el status de Canadá, y explicar si era una colonia, una república, o un reino.
El Jefe de Estado en Canadá es la Reina de
Inglaterra Isabel II, aunque esta deposite sus facultades en un Gobernador
General designado por ella. De ese modo cabe preguntar si el Reino Unido es
también parte de la OEA.
A su vez, el honorable Ministro de Relaciones
Exteriores de Canadá no se atreve a decir si apoya o no a la Argentina en el
espinoso tema de las Malvinas. Expresa solo beatíficos deseos de que reine la
paz entre los dos países, pero allí Gran Bretaña posee la mayor base militar
fuera de su territorio que viola la soberanía Argentina, no se excusó por haber
hundido el Belgrano que estaba fuera de las aguas jurisdiccionales establecidas
por ellos mismos y provocó el sacrificio inútil de cientos de jóvenes que
cumplían su servicio militar. Hay que preguntarle a Obama y a Harper qué
posición van a adoptar frente al justísimo reclamo de que se reintegre la
soberanía de Argentina sobre las islas, y se deje de privarla de los recursos
energéticos y pesqueros que tanto necesita para el desarrollo del país.
Me asombré realmente cuando profundicé en los
datos de las actividades de las transnacionales canadienses en América Latina.
Conocía el daño que los yanquis le imponían al pueblo de Canadá. Obligaban al
país a buscar el petróleo extrayéndolo de grandes extensiones de arena
impregnadas de ese líquido, ocasionando un daño irreparable al medio ambiente
de ese hermoso y extenso país.
El daño increíble era el que las empresas
canadienses especializadas en búsqueda de oro, metales preciosos y material
radioactivo ocasionaban a millones de personas.
En un artículo publicado en el sitio web Alainet hace una semana, suscrito por
una ingeniera en Calidad Ambiental, que
nos introduce más detalladamente en la materia que incontables veces se ha
mencionado como uno de los principales azotes que golpea a millones de
personas.
“Las empresas mineras, el 60% de las cuales son
de capital canadiense, trabajan bajo la lógica de aprovechamiento máximo, a
bajo costo y corto tiempo, condiciones que son aún más ventajosas sí, en el
sitio donde se instalan, se pagan mínimos ingresos tributarios y existen muy
pocos compromisos ambientales y sociales…”
“Las leyes de minería de nuestros países [...]
no incluyen obligaciones y metodologías para el control de impactos ambientales
y sociales.”
“…los ingresos tributarios que las empresas
mineras pagan a los países de la región son en promedio no más del 1.5% de los
ingresos obtenidos.”
“La lucha social en contra de la minería,
especialmente la metálica, ha venido creciendo a medida que generaciones
enteras han visualizado los impactos ambientales y sociales…”
“Guatemala tiene una fuerza de resistencia ante
los proyectos mineros que es admirable, gracias a la apropiación que tienen los
pueblos indígenas del valor de sus territorios y sus recursos naturales como
herencias ancestrales invaluables. Sin embargo, en los últimos 10 años, las
consecuencias de esa lucha se han visualizado en el asesinato de 120 activistas
y defensores de los Derechos Humanos.”
En el mismo artículo se va señalando lo que
ocurre en El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, con cifras que obligan
a pensar profundamente en gravedad y el rigor del saqueo despiadado que se va
cometiendo contra los recursos naturales de nuestros países e hipotecando el
futuro de los latinoamericanos.
La presencia de Dilma Rousseff, de regreso a su
país, con escala en Washington, servirá para que Obama se persuada de que
aunque algunos se refocilan pronunciando melosos discursos, Latinoamérica está
lejos de ser un coro de países demandando limosnas.
Las guayaberas que usará Obama en Cartagena es
uno de los grandes temas de las agencias noticiosas: “Edgar Gómez [...] ha
diseñado una para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que la
exhibirá durante la Cumbre de las Américas”, nos cuenta la hija del diseñador,
y añade: “Se trata de una guayabera blanca, sobria y con un trabajo manual más
notorio de lo habitual…”.
De inmediato la agencia de noticia agrega: “Esta
camisa caribeña tiene su origen en las orillas del río Yayabo, en Cuba, por eso
inicialmente se llamaban yayaberas…”.
Lo curioso, amables lectores, es que Cuba está
prohibida en esa reunión; pero las guayaberas, no. ¿Quién puede aguantar la
risa? Hay que correr para avisarle a Harper.
[1] Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2012/04/08/las-ilusiones-de-stephen-harper/.
Revisado: 09/04/12.

