por Héctor Carrillo
28/03/12[1]
Concepción, miércoles, 28 de
marzo de 2012 (ALC) - A las 19,45 horas de ayer falleció el joven Daniel
Zamudio (24 años) en la Posta Central de la capital después de soportar una
agonía de 20 días al ser brutalmente golpeado por cuatro sujetos neonazis por su
condición homosexual. El país, conmocionado.
Daniel Zamudio fue agredido el
sábado 4 de marzo en el Parque San Borja por un grupo de neonazis que marcaron
en su cuerpo esvásticas. Según los testigos soportó una paliza de unas tres
horas, donde lo torturaron y le imprimieron dos esvásticas en el cuerpo.
Según relataron de sus padres,
Zamudio ya había sido víctima de amenazas y agresiones a raíz de su condición
homosexual.
El 6 de marzo, la Posta Central
afirmaba que el joven estaba fuera de peligro de muerte, pero continuaba en un
coma inducido. En los últimos días presentó un estado de muerte cerebral lo que a la postre lo llevó a la muerte.
El joven Zamudio es un símbolo
de la discriminación por su condición sexual, y recibió el apoyo de todos los
sectores sociales del país, entre ellos las autoridades y parlamentarios. Por
este hecho se decidió en el parlamento darle urgente tratamiento a la ley de
discriminación que duerme en el congreso.
El movimiento de Integración y
Liberación Homosexual (MOVILH) a través de su presidente Rolando Jiménez ha
estado apoyando a la familia del joven Zamudio y presentó una querella criminal
contra los cuatros imputados que fue formalizada el 10 de marzo. Los agresores,
todos mayores de edad, son Raúl López, Alejandro Angulo, Patricio Ahumada y
Fabián Mora y se encuentran en prisión preventiva, según dictaminó el Tribunal.
Cientos de personas se han
congregado en las afueras de la posta Central y realizan una velatón; entre los
mensajes, se destaca una carta que dice: “Crimen brutal y vergonzoso que nos
recuerda que entre nosotros caminan, respiran y observan asesinos crueles para
quienes la vida del que es o piensa diferente no tiene valor. Tuvimos 17 años
para saberlo y hoy lamentamos la tragedia de Daniel Zamudio. Cambiemos de
verdad”.
Otra carta que fue escrita en
un diario local de un lector: “Hoy lamentamos la muerte de un joven que en la
primavera e inicio de su vida todos sus sueños y planes futuros fueron
troncados por la violencia y el odio, por los que pensaron que si no hay ley
que castigue la discriminación ni tampoco el pensar que la violencia hacia los
que piensan diferente es legítima. No debemos olvidar que la misma violencia ha
sido ejercida por el régimen y los mercenarios uniformados en la Araucanía, en
contra del pueblo mapuche, en Aysén en contra del pueblo que demandaba y
demanda derechos. Los que golpean mujeres y niños indefensos, disparan a las
madres y a los padres, dejan personas ciegas y mutiladas, usan la misma forma
de odio desatado como el ejercido por
los asesinos de Daniel Zamudio, no son diferentes a esos los uniformados
tampoco permiten en sus filas personas de diversidad sexual, no están aptos
según ellos para el trabajo de los "hombres" de armas”.
El arzobispado de Santiago a
través del Arzobispo Ricardo Ezzati Andrello emitió una declaración pública
en cinco puntos titulada: “Por una
convivencia más humana y sin violencia”.
“La partida de Daniel se
produce en circunstancias tan dolorosas y repudiables, como es la denigración
de la persona humana que se traduce en intolerancia, agresión y violencia, base
sobre las cuales no se puede construir el futuro de la comunidad humana”, dice.
Una vez más, como Iglesia que peregrina en
Chile, afirma, adherimos a la clara postura de la Santa Sede, que hace ya 26
años fijaba nuestro deber pastoral en esta materia: "Es de deplorar con firmeza que las
personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas
y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los
pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan una falta de
respeto por los demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se
basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre
debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las
legislaciones" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los
Obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1986, n. º 10).
“Todos somos hijos e hijas de
un mismo Padre que nos ama. Nadie puede ser agredido, denostado o excluido por
su raza, sexo, edad, condición o creencias. El ataque que causó la muerte a
este joven, como tantas otras expresiones de violencia contra personas, no
puede dejar indiferente a nuestra sociedad. Esperamos que en la investigación
de este crimen se establezca claramente la verdad y se haga justicia”.
La Iglesia Evangélica Luterana
en Chile también alzó su voz, en este caso en las redes sociales, condenando
“la mano de Caín que se alza contra el hermano, sigue actuando en la humanidad.
En la mano de sus asesinos de la sociedad que discrimina, elimina,
invisilibiliza, destruye con violencia física, ideológica, política y religiosa
con la retensión hegemónica y totalitaria, de quienes se ponen por encima de la
humanidad”.
No debemos engañarnos, sigue,
"arrinconando la culpa en dos o tres ocasionales torturadores, porque el
sadismo de nuestra cultura, que hace del vejamen, una práctica diaria de la
vida en sociedad, es más sutil y peligrosa. Hasta con la Biblia algunos golpean
a quienes son y viven diferentes, tenemos internalizados los valores
deshumanizantes”.
La presidencia de la República
envió sus condolencias a la familia de Daniel y anunció que va poner suma
urgencia a la ley antidiscriminación.
