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| Leonardo Bof |
ESTA VEZ NO HAY UN ARCA DE NOÉ, NOS SALVAMOS O
PERECEMOS TODOS
Entrevista a Leonardo Boff
16/03/12[1]
“El
mercado no va a resolver la crisis ambiental”, dice el teólogo y ecologista
Leonardo Boff, profesor de la brasileña Universidad del Estado de Río de
Janeiro. La solución, insiste, está en la ética y en la batalla de los pueblos
originarios para cambiar la relación con la naturaleza.
Boff,
que enseña Ética, Filosofía de la Religión y ecología, es uno de los
principales representantes de la Teología de la Liberación, corriente
progresista de la Iglesia Católica en América Latina, ha escrito más de 60
libros y dedicó los últimos 20 años a promover el movimiento verde.
Fue
uno de los 23 impulsores de la Carta de la Tierra en 2000 y, un año después,
recibió el Right Livelihood Award, conocido como el Premio Nobel Alternativo,
que se otorga a personalidades destacadas en la búsqueda de soluciones a los
problemas globales más urgentes.
“Si
no cambiamos, vamos al encuentro de lo peor… O nos salvamos o perecemos todos”,
dijo Boff
Entrevista
concedida a Tierramérica en la capital mexicana, tras asistir como observador a
la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático (COP 16), celebrada este mes en Cancún.
TIERRAMÉRICA:
¿Cómo evalúa la COP 16?
LEONARDO BOFF: Lo que predominó, salvado en los
últimos dos días, fue una atmósfera de decepción, de fracaso. Pero
sorprendentemente hubo tres convergencias: el compromiso de luchar para no
llegar a (un aumento de la temperatura mundial de) dos grados; la creación del
Fondo (Climático Verde) de 30.000 millones de dólares (para 2012) a fin de
ayudar a los países más vulnerables, una señal de solidaridad interesante; y la
creación de un gran fondo para la reducción de la deforestación y la degradación
de los bosques, porque ahí está la causa principal de calentamiento global.
¿Cómo
entender la posición de Bolivia, único país que no aceptó estos compromisos?
Bolivia parte de la tesis de que la Tierra es
Pachamama, un organismo vivo que hay que respetar, cuidar, y no sólo explotar.
Es una visión contraria a la dominante, que está en el marco de la economía:
vender bonos de carbono, por ejemplo, que significa tener derecho a contaminar.
Las sociedades dominantes ven a la Tierra como
un baúl de recursos que se pueden sacar infinitamente, aunque ahora hay que
sacarlos con sustentabilidad, porque son escasos. No reconocen dignidad y
derecho a los seres de la naturaleza, los ven como medios de producción y su
relación es de utilidad. Esos son temas que no entran en Cancún ni en todas las
COP.
¿Por
qué tendrían que estar?
Porque el sistema que ha creado el problema no
nos va a sacar de él. Si cada país tiene que crecer un poco al año y al hacerlo
degrada la naturaleza y acrecienta el calentamiento, entonces, ese sistema es
hostil a la vida.
El argumento es que es necesario para el
desarrollo...
¿Crecer significa qué? ¿Explotar la naturaleza?
Exactamente ese tipo de crecimiento y desarrollo puede llevarnos a un abismo,
porque los seres humanos estamos consumiendo 30 por ciento más de lo que la
Tierra puede reponer.
Ahí está el círculo vicioso. China no puede
contaminar 30 por ciento, como contamina, porque la contaminación no se queda
en China, entra al sistema global.
El problema es la relación del ser humano con la
Tierra, porque es violenta, de puño cerrado… Mientras no cambiemos eso, vamos
al encuentro de lo peor. Y esta vez no hay un Arca de Noé. Nos salvamos o
perecemos todos.
¿Tan
grave es?
Hay regiones del mundo que han cambiado tanto
que ya se hacen inhabitables. Por eso hay 60 millones de desplazados en África
y el sudeste de Asia, que son los más afectados y los que menos contaminan. Si
no lo paramos, en los próximos cinco o siete años serán como 100 millones de
refugiados climáticos, y eso va a crear un problema político.
¿Cuál
es el papel de América Latina?
LB: Es el continente que más posibilidades tiene
de una contribución positiva a la crisis ecológica: tiene los más grandes
bosques húmedos y reservorios de agua, la más grande biodiversidad y tal vez
las extensiones más grandes para cosechas.
Pero todavía hay una insuficiente conciencia
ecológica en gran parte de la población. Y, por otra parte, hay una invasión
muy riesgosa de grandes empresas que se están apropiando de vastas regiones. Es
una apropiación de bienes comunes en función de beneficios particulares.
En Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, de a
poco se están dando cuenta del juego nuevo del capital: una gran concentración
de medios de vida para garantizar el futuro del sistema.
¿Qué
opciones hay?
Tenemos fondos y tecnología, pero nos faltan la
voluntad política y la sensibilidad con la naturaleza y la humanidad sufriente.
Eso hay que rescatar. Y junto con la ética del cuidado va la ética de la
cooperación. Ahora se impone la cooperación de todos con todos.
¿Es
posible? ¿Qué hay que hacer?
Hay movimientos, especialmente en grupos que ven
que sus tierras son divididas, como La Vía Campesina y los Sin Tierra de
Brasil. Y los indígenas, que no ven a la Tierra solo como un instrumento de
producción, sino como una extensión de su cuerpo, y la necesitan para
garantizar su identidad.
Estamos buscando el equilibrio y esa es la tarea
colectiva de la humanidad que el mercado y la economía no van a resolver. Cada
uno tiene que hacer su parte, ser más con menos, tener un sentido de la justa
medida. El problema no es de dinero.

