La Universidad Popular desde
José Carlos Mariátegui
Por José Toledo
31/05/12
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| Ana Chiappe y J.C.Mariàtegui |
Todas las
investigaciones de la inteligencia contemporánea sobre la crisis mundial
desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta
de un mito, de una fe, de una esperanza.
José C. Mariátegui (El Hombre y el Mito, 1925)
La innoble mercantilización de la educación y el
racional pragmatismo de lo que otrora fue el apostolado pedagógico es motivo
suficiente para ver con esperanzas el reverdecer de la praxis revolucionaria
del estudiantado en América Latina. De allí la necesidad de redescubrir líneas
de reflexión y acción consecuente en personajes como Clorinda Matto de Turner
(1852-1909); Gabriela Mistral (1889-1957); Mercedes Cabello Llosa de Carbonera
(1945-1909); Manuel Gonzales Prada (1844-1908); José Julián Martí Pérez
(1853-1895); José Carlos Mariátegui (1894-1930); Alfredo Lorenzo Palacios (1880-1965), José
María Albino Vasconcelos Calderón (1882-1959) y José Ingenieros (1877-1925) entre
otras y otros.
A la luz del testimonio histórico de hermanos y
hermanas como los citados, señalamos que el protagonismo revolucionario
estudiantil en América Latina es una
constante histórica que se prolonga y empodera a paso acelerado. La organización estudiantil
latinoamericana marcó las primeras décadas del siglo pasado cruzando
transversalmente el quehacer político nacional, transbordando sus límites y
contagiando a los demás pueblos de la región. La insurgencia del estudiantado
cordobés en la Argentina de 1918 (Manifiesto de Córdoba, 21/06/18)[1]
no fue ajeno a lo vivido en Perú (Cuzco, 1918); Chile (1920); México (1921;
1929 y 1933); Colombia (Bogotá, 1922); Cuba (La Habana, 1923); Paraguay (1927);
Bolivia (1928). Una suerte de red insurgente
estudiantil desenvaino la revuelta socio-política que a más de un gobierno
liberal hizo tambalear.
Muchos coinciden que el cubano José Martí y el
peruano Manuel González Prada proporcionaron los valores fundantes, éticos,
ideológicos, políticos y filosóficos al movimiento estudiantil latinoamericano.
De la misma forma, fue el Manifiesto Cordobés (1918) que influyó, como reacción
en cadena, en las demás organizaciones estudiantiles de América Latina. Sin
contar con la velocidad vertiginosa de la tecnología del siglo XXI; las redes
de comunicación panamericana (estudiantil y laboral) sostuvieron la estructura
revolucionaria del movimiento obrero y
estudiantil en América Latina.
Obras de Manuel Gonzales Prada como Paginas Libres (1894) y Horas de Lucha (1908) poseen la
extraordinaria virtud de proporcionar al imaginario colectivo latinoamericano
la posibilidad de unir esfuerzos, sin jerarquías de por medio, en torno a un
solo sentimiento: la construcción de una sociedad latinoamericana justa,
genuina y soberanamente autónoma. En “El Intelectual y el obrero” (1 de Mayo de
1905) Gonzales Prada, frente a la Federación de obreros panaderos, trazo el
itinerario político-ideológico de lo que
vendrían ha convertirse, años posteriores, en las Universidades Populares.
Es en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes
Peruanos celebrado en la ciudad del Cuzco-Perú (11-20 de Marzo de 1920) en
donde se aprobó la creación de las Universidades Populares. Es el líder estudiantil peruano Víctor Raúl
Haya de la Torre quien funda - en su casa de Villa Mercedes (Vitarte-Lima) - la
primera Universidad Popular “González Prada” (UPGP- 1921). Cabe resaltar que en 1916 Haya de la Torre llevó
adelante la creación del Centro Universitario de Trujillo su ciudad natal, esta sería la antesala de las futuras
Universidades Populares (UP). Por otro lado, el 22 de julio de 1922 se nomina
“González Prada” a la UP (UPGP); estuvo presente en la ceremonia la viuda de
González Prada, Adriana de Veneuil de González Prada.
El 23 de Mayo de 1923 las Universidades
Populares en el Perú y el movimiento obrero se manifiestan en las calles en
contra de la propuesta de Augusto Bernardino Leguía de consagrar la Nación al Corazón
de Jesús. La represión militar fue atroz; fueron asesinados - en el jirón
Azángaro del centro de Lima – Salomón Ponce (obrero) y Manuel Alarcón Vidalón
(estudiante). Lo inverosímil de la situación es que el mismo Leguía, quien en
el Congreso Estudiantil en el Cuzco (1920) fue designado Maestro de la Juventud
y quien contó con el apoyo de Haya de la Torre y estudiantes pequeños burgueses
de la Universidad de San Marcos, a quienes, dicho sea de paso, les costeo los
pasajes y estadía en la ciudad del Cuzco, este mismo presidente se encargó de
perseguir el movimiento estudiantil.[2]
En este contexto de insatisfacción
obrero-estudiantil y organización del movimiento social en la segunda década
del siglo XX en Perú, el Amauta Mariátegui regresa de Europa el 20 de Marzo de 1923,
en compañía de su esposa Anna Chiappe.
En relación al levantamiento obrero-estudiantil
del 23 de Mayo de 1923 Eugenio Chang-Rodríguez delinea la negativa del Amauta
en participar de dicha movilización: “Una tarde, Víctor Raúl Haya de la Torre
al salir de visitar El Tiempo,
principal diario antigubernamental, se encontró con José Carlos y le habló de
la jornada que estaba organizando contra la dedicación del Perú al Sagrado Corazón
de Jesús por Leguía y el Arzobispo de Lima. Mariátegui declinó colaborar,
alegando que era "una lucha liberalizante y sin sentido revolucionario”.[3]
Como resultado de dicha jornada, el 25 de Mayo y
luego que Ponce y Alarcón fueron
enterrados, Haya de la Torre pasó a la clandestinidad. El 3 de Octubre Haya de
la Torre fue capturado y llevado al
penal de la isla San Lorenzo. Las instalaciones de las UP son allanadas, los
sindicatos de obreros reprimidos drásticamente. Las UP asumen, juntamente con
los el movimiento de obreros, las manifestaciones de protesta en contra del
régimen dictatorial de Leguía. Haya de la Torre asume en prisión una huelga de
hambre de 5 días. Debido a la fuerte presión del movimiento estudiantil-obrero
el régimen resuelve deportarlo a Panamá.
Fue el mismo Haya de la Torre quien invitó al
Amauta Mariátegui a participar de las Universidades Populares Gonzales Prada (UPGP).
El programa de conferencias en las UPGP
fueron publicadas en el Diario Claridad (Julio, 1923). Entre los tópicos – que
en tiempo fueron modificados – encontramos los siguientes: La guerra europea;
la revolución Rusa; la Revolución Alemana; la Paz de Versalles; la agitación
proletaria en Europa; el problema de las reparaciones; la crisis de la
democracia; la paz de Sévres; la crisis filosófica; la repercusión de la crisis
en América y la síntesis de la situación actual de Europa.
La primera conferencia de las UNPG data del 15
de junio de 1923. Fue el Amauta quien abrió el ciclo de “conversaciones” - como
prefirió llamar a las conferencias – con “La crisis y el proletariado peruano”.[4]
En las propias palabras de Mariátegui:
La única cátedra de
educación popular, con espíritu revolucionario, es esta cátedra en formación de
la Universidad Popular. A ella le toca, por consiguiente, superando el modesto
plano de su labor inicial, presentar al pueblo la realidad contemporánea,
explicar al pueblo que está viviendo una de las horas más trascendentales y
grandes de la historia, contagiar al pueblo de la fecunda inquietud que agita
actualmente a los demás pueblos civilizados del mundo.
En su catedra inaugural dejó en claro el rol protagónico del
movimiento obrero en el proceso de transformación en la cual se veía sumirse a
la sociedad latinoamericana con la apertura de las UPGP. La formación
académico-intelectual se extendería al movimiento no considerado académico, el
mundo del trabajador y la trabajadora manual. Pasaría de ser un viejo ideal
anarquista a materializarse en las UP:
En esta gran crisis
contemporánea el proletariado no es un espectador; es un actor. Se va a
resolver en ella la suerte del proletariado mundial. De ella va a surgir, según
todas las probabilidades y según todas las previsiones, la civilización
proletaria, la civilización socialista, destinada a suceder a la declinante, a
la decadente, a la moribunda civilización capitalista, individualista y
burguesa. El proletariado necesita, ahora como nunca, saber lo que pasa en el
mundo. Y no puede saberlo a través de las informaciones fragmentarias,
episódicas, homeopáticas del cable cotidiano, mal traducidas y peor redactadas
en la mayoría de los casos, y provenientes siempre de agencias reaccionarias,
encargadas de desacreditar a los partidos, a las organizaciones y a los hombres
de la Revolución y desalentar y desorientar al proletariado mundial.
Lejos de los gurúes de finales siglo XX e
inicios del XXI, “luminarias” que hicieron y pretenden seguir haciendo de la
racionalidad científica la fuente de inspiración de los nuevos tiempos; aportes como los del Amauta fueron propuestos
sin fecha de caducidad. Son principios que nacieron en un contexto histórico
determinado desde la resistencia obrero - estudiantil ante la presencia
excluyente de un colonialismo nacional y extranjero ajeno a los intereses de
las grandes mayorías empobrecidas. Mariátegui, no aceptó la invitación a las
UPGP como quien debiera traer el conocimiento; el Amauta propuso una pedagogía
de la liberación mucho antes que la pedagogía del oprimido de Paulo Freire
(1921-1997) viera la luz en 1968 o el teatro del oprimido (Fábrica de Teatro
Popular) de Augusto Boal (1931-2009) irrumpiera los escenarios cotidianos de la
periferia brasilera.
El Amauta asumió el desarrollo de un quehacer
pedagógico desde la construcción del conocimiento entendido como proceso
histórico del y al interior del movimiento social. Él tenía en claro que
valerse solo del tiempo y del espacio como dimensiones referenciales - para el
analizar el fenómeno educativo - sería
una aproximación sesgada; el movimiento social le otorgó la gravitación
histórica antagónica al statu quo.
La pedagogía del statu quo, el Stablishment, de la Real Politik, alejaba las pretensiones de liberación de los grupos
sociales históricamente relegados. El quehacer pedagógico del Amauta lo ubicó dentro del precario proletariado
peruano como clara muestra del intelectual orgánico de Antonio Gramsci, como
sujeto educador-educando integrado:
Yo dedico, sobre todo,
mis disertaciones, a esta vanguardia del proletariado peruano. Nadie más que
los grupos proletarios de vanguardia necesitan estudiar la crisis mundial. Yo
no tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre a
enseñarles la historia de esa crisis mundial, sino a estudiarla yo mismo con
ellos. Yo no os enseño, compañeros, desde esta tribuna, la historia de la
crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no tengo en este estudio sino el
mérito modestísimo de aportar a él las observaciones personales de tres y medio
años de vida europea, o sea de los tres y medio años culminantes de la crisis,
y los ecos del pensamiento europeo contemporáneo.
En esta primera aparición, en la vida
universitaria, Mariátegui, no solo comienza a perfilar el paradigma de un
modelo de educación y un sistema educativo - propiamente dicho – sino denuncia
la claudicación del sistema capitalista desde la experiencia burocrática norteamericana, europea y soviética. Cuando Mariátegui hace alusión a la Iª Guerra
Mundial, nuestra hermenéutica contextualizadora nos impulsa al horror de las
guerras en Afganistán (1978-1992) Guerra Irán Irak (1980-1988) Guerra del Golfo
(1990-1991);Guerra Civil Argelina (1991-2002); Guerras yugoslavas (1991-2001)
Guerra Croata de Independencia (1991-1995); Guerra de Bosnia (1992-1995);Guerra
de Kosovo (1999); Genocidio ruandés (1994); Guerra en Libia (2011); asedio
militar a Siria 2012 e Irán 2012 y tantas otras barbaries llevadas adelante en
nombre de la libertad y la democracia.
La coyuntura internacional
político-económico-militar, que nos toca vivir en pleno segundo decenio del
siglo XXI, la aplicación de trasnochadas teorías sociales de corte liberal y la
aberrante represión globalizada que sufre el sector educativo publico y privado
hace de la visionaria incidencia del Amauta un necesario recurso histórico de
vigente valor político.
El péndulo
histórico.
El carisma visionario del Amauta nunca nos dejará de maravillar. Al deshilvanar
su primera “conversación” en la UPGP pareciera que nos acercamos en tiempo real
a los “acontecimientos (de la actualidad) en pleno desarrollo”.[5] Muy actualizada su opinión cuando señala que él es uno “de
los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy
convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas
las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas”. Las guerras de
finales del siglo XX y las desarrolladas en lo que va del XXI no han hecho otra
cosa que declarar el ocaso y decadencia del sistema capitalista y sus
posibilidades de resurgimiento bajo sus últimos fallidos esfuerzos
neoliberales.
Para Mariátegui el Capitalismo antes de la I ª
Guerra estaba en su apogeo, la producción era superabundante, “podía permitirse
el lujo de hacer sucesivas concesiones económicas al proletariado. Y sus
márgenes de utilidad eran tales que fue posible la formación de una numerosa
clase media, de una numerosa pequeña-burguesía que gozaba de un tenor de vida
cómodo y confortable”. Ochenta años después, la burbuja económica que vivía
EEUU y Europa, la quiebra de importantes empresas financieras en los EEUU, el declive sucesivo de entidades bancarias en
Europa, la emisión de billetes sin ningún respaldo productivo, la deuda de EEUU
que asciende los us$15 millones de millones; la quiebra de
España, Grecia y Portugal hace que la primera “conversación” universitaria del
Amauta se encuentre en plena vigencia:
El obrero europeo ganaba
lo bastante para comer discretamente y en algunas naciones, como Inglaterra y Alemania,
le era dado satisfacer algunas necesidades del espíritu. No había, pues,
ambiente para la revolución. Después de la guerra, todo ha cambiado. La riqueza
social europea ha sido, en gran parte, destruida. El capitalismo, responsable
de la guerra, necesita reconstruir esa riqueza a costa del proletariado. Y
quiere, por tanto, que los socialistas colaboren en el gobierno, para
fortalecer las instituciones democráticas; pero no para progresar en el camino
de las realizaciones socialistas. Antes, los socialistas colaboraban para
mejorar, paulatinamente, las condiciones de vida de los trabajadores. Ahora
colaborarían para renunciar a toda conquista proletaria. La burguesía para
reconstruir a Europa necesita que el proletariado se avenga a producir más y
consumir menos.
La tribuna universitaria de corte popular como
las UPGP fue posicionada como espacio crítico y creador de nuevos modelos de
relacionalidad nacional e internacional. Mariátegui, cuestionó La universalidad
de la enseñanza positivista desde la
multiversalidad socialista, donde el tema político-ideológico no fue soslayado
en nombre de tecnicismos académicos que delimitaban el rumbo de las sociedades
occidentales a la mecanización y mercantilización de las relaciones sociales y
de producción:
La crisis mundial es,
pues, crisis económica y crisis política. Y es, además, sobre todo, crisis ideológica. Las filosofías
afirmativas, positivistas, de la sociedad burguesa, están, desde hace mucho
tiempo, minadas por una corriente de escepticismo, de relativismo. El
racionalismo, el historicismo, el positivismo, declinan irremediablemente. Este
es, indudablemente, el aspecto más hondo, el síntoma más grave de la crisis.
Este es el indicio más definido y profundo de que no está en crisis únicamente
la economía de la sociedad burguesa, sino de que está en crisis integralmente
la civilización capitalista, la civilización occidental, la civilización
europea.
El 3 de Noviembre de 1923, en la Grande de las
Antillas, el cubano Julio Antonio Mella (1903-1929), junto con otros
compañeros, fundan la Universidad Popular “José Martí”. En aquella oportunidad
Haya de la Torre compartía el asiento junto a Mella, quienes juntos idearon
sistemas educativos inclusivos, gratuitos y sin exclusión socio-económica y de
credo. Para el líder cubano quedaba muy en claro la razón socialmente revolucionaria
de las Universidades Populares:
No debe ni puede ser el
más alto centro de cultura una simple fábrica de títulos, no es una Universidad
latina, una escuela de comercio a donde se va
a buscar tan sólo el medio de ganarse la vida; la Universidad Moderna
debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del
progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los
individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la
ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos.[6]
Hace algunas semanas se celebraban, en la Grande
de las Antillas el 50ª aniversario de la fundación de La Unión de Jóvenes
Comunistas (UJC) a la cual asistieron representantes de las Juventudes chilenas,
entre ellas la dirigente estudiantil Camila Vallejo en su calidad de vicepresidenta de la
Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh ) y Karol Cariola
como secretaria general de las
Juventudes Comunistas de Chile, JJCC.
Sin lugar a dudas uno de los iconos del movimiento estudiantil en América Latina
de los últimos años ha sido y sigue siendo la estudiante chilena Camila Antonia
Amaranta Vallejo Dowling (Camila Vallejo, 1988). Su histórico liderazgo político-social,
no solo estudiantil, hizo que en Chile se abriera un nuevo capítulo en la
historia de los movimientos sociales. Lejos quedaron las épocas de miedo y
persecución de la atroz dictadura militar que sumaron en su haber miles de
personas asesinadas, entre ellos y ellas el presidente Salvador Allende (11 de
septiembre de 1973). Basta ver la serie de amenazas y burdas ofensas que
Vallejo recibe incesantemente para darnos cuenta que tipo de estudiantes desean
los representantes del statu quo
neoliberal siempre al servicio de intereses ajenos a las grandes necesidades de
Latinoamérica.
Es así como intentaremos refrescar en el
espíritu revolucionario de las Universidades Populares – de inicios del siglo
XX - y las luchas estudiantiles del pueblo chileno - algunos énfasis sobre los
sinsentidos y sentidos del quehacer universitario en América Latina desde la
perspectiva de un joven de 29 años que no necesitó pasar por las aulas de una
universidad para tener una idea clara del rol social de los que otrora eran
claustros académicos y en nuestro tiempo se transformaron en centros de
formación y encuentro abiertos al mundo. El Amauta Mariátegui, signo de
juventud revolucionaria, sigue vigente, aunque la ilustración cartesiana y el
pragmatismo macartista se ufanan en momificar axiomas académicamente
tecnicistas que ignoran aportes como las del autor de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (Lima,1928) o de
sistemas educativos como los desarrollados en Cuba.
Pero, en realidad ¿Qué discutía el Amauta – a su
regreso de Europa - en cuanto al tema de
la educación y las instituciones estudiantiles, como las universidades? ¿Qué de
lo
discutido tiene vigencia hasta nuestros días y se revelan como puntos de
agenda del movimiento estudiantil de urgente relevancia?
Dialogaremos en esta oportunidad con el Amauta quien
a través de 3 breves artículos colocó el tema de la educación en el foco de
atención de un sistema que empezaba a mercantilizar las relaciones sociales y
de producción; realidad que no solo se multiplicó, sino extiende y defiende hasta
el día de hoy, encontrando su persistente talón de Aquiles en el movimiento
estudiantil latinoamericano. Como señaló Joseph Fischer: “América Latina posee,
probablemente el cuerpo de estudiantes universitarios más activo y poderoso
políticamente en el mundo”.[7]
“La crisis universitaria. Crisis de maestros y
crisis de ideas” (julio, 1923), “Las Universidades Populares” (octubre, 1923) y
“Los intelectuales y la revolución” (Enero, 1924) son epístolas que nacieron en
un contexto donde el movimiento estudiantil en América Latina se unía en las
calles con el movimiento de trabajadores en contra de la instrumentalización de
las relaciones estéticas, sociales y productivas, es allí donde percibimos la
resonancia histórica con nuestro tiempo.
Sin mayores divagaciones en este intento de
prolegómeno pasemos a los aportes del Amauta.
“La crisis
universitaria. Crisis de maestros y crisis de ideas”.[8]
Los tres años y medio de peregrinaje por Europa lo acercaron al Amauta a una
realidad antes visionada desde una perspectiva eclipsada por la distancia y
desinformación. El movimiento social europeo se dividía entre reformadores y revolucionarios; entre socialistas y
sindicalistas. El movimiento estudiantil no era ajeno a su entorno político:
“Nuevamente insurgen los estudiantes. Vuelven a preconizar unos la reforma
universitaria y otros la revolución universitaria”. En las primeras líneas
enfoca dos posibles razones de la insurgencia estudiantil: “los malos métodos y
los malos profesores”.[9]
El foco de la crítica estaba centrado en el
modelo educativo sostenido en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMS,
fundada el 12 de mayo de 1551). Para el Amauta la UNMS se mantenía al margen de
la vorágine política internacional. El elemento político se había circunscrito
al desarrollo de anacrónicas teorías, que a pesar de las revueltas de 1919, la
“Universidad sigue siendo…la misma…la juventud tiene la sensación de frecuentar
una ‘Universidad enferma, una Universidad petrificada, una Universidad sombría,
sin luz, sin salud, sin oxigeno. La juventud – al menos sus núcleos más sanos y
dinámicos- siente que la Universidad de San Marcos es, en esta época de
renovación mundial y de mundial inquietud ideológica, una gélida, arcaica y anémica
academia, insensible a las grandes emociones actuales de la humanidad,
desconectada de las ideas que agitan presentemente al mundo”.[10]
Una de las pandemias académicas de nuestro
tiempo es la acriticidad asumida como método de investigación. La ausencia del elemento histórico en el currículo académico – de la mayoría de
centros escolares - forma parte de un complejo programa pedagógico que tiene
por objetivo alterar la identidad de las nuevas generaciones. La orientación
cualitativa del método de aprendizaje basada en complejas formulaciones
matemáticas y Excel estadísticos hace de la tecnocracia pedagógica la columna
vertebral del neocolianismo cultural de los últimos tiempos.
El Amauta deja entrever la predominante
centralidad de figuras educativas europeas como Albert Einstein, Oswaldo
Spengler, Enrique Leone, Enrique Ferri, Miguel de Unamuno, Eugenio d’Ors. De
las figuras latinoamericanas que resaltó encontramos a José Ingenieros, José
Vasconsuelos y Antonio Caso. Estas personalidades serían el modelo de maestría
que – a opinión del Amauta – brillaban por su ausencia en el Perú. Pero, el
problema no era solo técnico, sino cualitativo: “La crisis es estructural,
espiritual, ideológica”.[11]
La antítesis de las UPGP – en el caso peruano de
época del Amauta – sería la
UNMS. La ausencia de un eficiente liderazgo
educativo, para el Amauta, era el bastión principal de la parálisis educativa
del colonial claustro universitario: “No hay un solo ejemplar de maestro de la
Juventud. No hay un solo tipo de conductor. No hay una sola voz profética,
directriz, de leader y de apóstol. Un
maestro, uno no más, bastaría para salvar a la Universidad de San
Marcos, para purificar y renovar su ambiente enrarecido, morboso e
infecundo...La Universidad de San Marcos se pierde por carencia de un Maestro”.[12]
Los
intelectuales de panteón. Según el Amauta
estos intelectuales “tienen un estigma
peor que (el) analfabetismo; tienen el estigma de le mediocridad”. [13]
La critica política que merecieron los docentes
sanmarquinos, superaron el enfoque
económico que delimita la insatisfacción del movimiento estudiantil en la
América Latina del siglo XXI. Si bien es cierto la calidad de la educación es
albo de criticas y reclamos por parte de la resistencia estudiantil – en donde
el movimiento de estudiantes chilenos ejerce un importante rol – los reclamos
de índole económico permean la incidencia política estudiantil. La severidad –
del Amauta - con la cual señala la palidez pedagógica del docente sanmarquino lápida
un modelo educativo a-critico que perdura hasta nuestros días:
Nuestros catedráticos no
se preocupan ostensiblemente sino de la literatura de su curso. Su vuelo
mental, generalmente, no va más allá, de los ámbitos rutinarios de una catedra.
Son hombres (sic) tubulares como diría Víctor Maurtua; no son hombres
panorámicos. No existe entre ellos, ningún revolucionario, ningún renovador.
Todos son conservadores definidos o conservadores potenciales, reaccionarios activos
latentes que, en política domestica, suspiran impotente y nostálgicamente por
el viejo orden de cosas.[14]
Para el Amauta la crisis universitaria no era
solo de índole económica, sino político. La crisis de las instituciones del
Estado burgués, el cual representa exclusivamente intereses de grupos
económicos y políticos, es una constante en la estructura del sistema
capitalista y fue aquello que derrumbo el modelo socialista comprendido desde la
ex Unión Soviética. Las Instituciones del Estado – en la época del Amauta, así
como en la nuestra – no fueron ajenas a la crisis pedagógica la cual era
entendida como un espacio de promoción de valores defensores del statu quo.
Esta ausencia de liderazgo pedagógico consecuente
con el interés del movimiento social se caracterizó por el exacerbado
individualismo político el cual se postro ante las exigencias de los grupos de
poder. El espíritu imperial no solo ostenta poseer el poder económico, sino concomitantemente
el político-cultural. El Amauta deploro el arribismo de ese liderazgo
pedagógico al cual califico de mediocre: “La universidad de Lima es una
universidad estática. Es un mediocre centro de linfática y gazmoña cultural
burguesa. Es un muestrario de ideas muertas…Los problemas, las preocupaciones,
las angustias de esta hora dramática en la historia humana no existen para la
Universidad de San Marcos”.[15]
Para Paulo Freire esta crisis de liderazgo al
cual denominó revolucionario obedece a una falta de adhesión genuina en favor
de los intereses de los sectores oprimidos, entre ellos el estudiantil. En su
emblemática obra Pedagogía del Oprimido
señala:
Dicha adhesión, sea como
resultante de un análisis científico de la realidad o no, cuando es verdadera
implica un acto de amor y de real compromiso. Esta Adhesión a los oprimidos
implica un caminar hacia ellos. Una comunicación con ellos. Las masas populares
necesitan descubrirse en el liderazgo emergente y éste en las masas. En el
momento en que el liderazgo emerge como tal, necesariamente se constituye como
contradicción de las elites dominadoras. Las masas oprimidas, que son también
contradicción objetiva de estas élites, “comunican” esta contradicción al
liderazgo emergente.[16]
La ausencia de una dinámica pedagógica no alienante
y acrítica hizo del modelo universitario burgués-liberal el espacio cómplice
perfecto para el civilismo emparentado con las potencias coloniales
euro-noramericana. El Amauta juzgó el modelo docente antagónico al propuesto
por las UPGP:
Mediocres mentalidades
de abogados, acuñadas en los alveolos ideológicos del civilismo; temperamentos
burocráticos, sin alas y sin vertebras, orgánicamente opacados, acomodaticios y
poltrones; espíritus de clase media, ramplones, huachafos, limitados y
desiertos, sin grandes ambiciones ni grandes ideales, forjados para el
horizonte burgués de una vocalía en la Corte Suprema, de una plenipotencia o de
un alto cargo consultivo en una pingue empresa capitalista.[17]
Indudablemente, y no solo en materia educativa,
el Amauta responde a su tiempo y trasciende el mismo. El arraigo caudillista
del liderazgo político y ese segundo plano que le merecía el movimiento social
como gestor de ideas y acciones contrastan el protagonismo del movimiento
estudiantil de los últimos años del siglo XXI. Lo que otrora eran tan solo
inquietudes de la “juventud estudiantil”, y esta en relación al movimiento
obrero, hoy por hoy la inquietud se transformó en movimiento social, en donde
sus lideres y lideresas surgen de las canteras estudiantiles, lejos de ser
esperadas de prestigiosas e ilustradas docencias.
“Las
Universidades Populares”.[18]Esta institución
educativa en América Latina fue la manifestación clara de la resistencia social
frente a la invasión cultural a través de la institución educativa, entre ella
la universitaria. Dejamos al Amauta que nos desarrolle el concepto de las
mismas:
Las universidades
populares no son institutos de agnóstica e incolora extensión universitaria. No
son escuelas nocturnas para obreros. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son
escuelas de cultura revolucionaria. Son escuelas de clase. Son escuelas de
renovación. No viven adosadas a las academias oficiales ni alimentadas de
limosnas del Estado. Viven del calor y de la savia popular. No existen para la
simple digestión rudimentaria de la cultura burguesa. Existen para la
elaboración y la creación de la cultura proletaria.[19]
Invasión y
violencia cultural.
Como lo señalamos en las primeras líneas, la necesidad de releer el
protagonismo de las Universidades Populares en América Latina surge del
protagonismo del movimiento estudiantil en Chile. Dicha insurgencia desbordada
en si misma se trasformó en movimiento social
incluyendo a diferentes sectores de la sociedad mapuche. Esta
insatisfacción social de cara a la
indiscriminada especulación mercantil que se ha hecho de la educación nos exige
replantear el modelo universitario desde la estructura misma de su razón de
ser. Urge redefinir la identidad del quehacer educativo latinoamericano en
contraposición a la identidad corporativa impregnada en el sistema educativo cuyo
lastre ideológico de cuño dictatorial sigue siendo arrastrado.
La lógica de la privatización de la educación
responde al complejo marco ideológico neoliberal
que defiende la falencia de todo lo relacionado con el sector público, entre
ello el Estado como tal. La impopularidad de la educación universitaria surge
de su mismo declive académico y de su académica ortodoxia liberal unilateralmente
institucionalizada propia del espectro de dominación cultural. Para Paulo
Freire esta relación de personas en situación de dominadores y dominados, de
invasores e invadidos será sostenida en y desde las instituciones base de la
sociedad como es la familia y la educación:
Toda dominación implica
una invasión que se manifiesta no sólo físicamente, en forma visible, sino a
veces disfrazada y en la cual el invasor se presenta como si fuese el amigo que
ayuda. En el fondo, la invasión es una forma de dominar económica y
culturalmente.[20]
La lógica universitaria, contraria a la
experiencia de las Universidades Populares, es la de reproducir, en las mentes
colonizadas, los futuros “invasores” y “dominadores”:
Los
hogares y las escuelas, primarias, medias y universitarias, que no existen en
el aire, sino en el tiempo y en el espacio, no pueden escapar a las influencias
de las condiciones estructurales objetivas. Funcionan, en gran medida, en las estructuras
dominadoras, como agencias formadoras de futuros “invasores”.[21]
El Amauta tenía claro
que el botín preciado del colonizador es la cultura de los pueblos sometidos o
por someter. La extirpación de los valores culturales es punto prioritario en la
agenda neocolonizadora y para ello el la esfera privada es el elemento
desestructurador de la creación, promoción y defensa del movimiento social:
La burguesía es fuerte y
opresora no solo porque detenta el capital sino también porque detenta la
cultura. La cultura es uno de sus principales, uno de sus sustantivos
instrumentos de dominio. El capital es expropiable violentamente. La cultura
no. Y, en manos de la burguesía, la cultura es una arma eminentemente política,
un arma reaccionaria, un arma contrarrevolucionaria. La cultura es el mayor
gendarme del viejo régimen.[22]
Así es como señalamos que el Amauta nunca
formará parte de la ilustrada logia de los “intelectuales de panteón” a quien
se refirió en su momento John Mackay (1889-1983). Muy seguro que Mariátegui
hubiese sido un estudiante más involucrado en las manifestaciones estudiantiles
de nuestro tiempo: “Surge actualmente una generación intelectual libre,
investigadora, atrevida. Y esta generación los instrumentos morales e
ideológicos de la civilización proletaria”.[23]
“Los
intelectuales y la revolución”.[24]
El Amauta parafraseando a Oswald Spengler y su prólogo en la “Decadencia de
Occidente” precisa que el germen transformador brotará de una nueva generación
que quiebre el falaz “orden natural de las cosas” incubo de una estructura
socio-mental que gime su innegable colapso.
Oswald Spengler
escribe…que para comprender su filosofía de la historia “hace falta una
generación que nazca con las disposiciones necesarias”. La misma frase es
aplicable a la Revolución. Para comprenderla, para sentirla, para amarla
integralmente, hace falta también una generación que nazca con las
disposiciones necesarias.[25]
Nos vemos en la imperiosa obligación de
expresarle al Amauta que la pedagogía post neocolonista no se encuentra en
manos de ilustres maestros o renombrados políticos, esta ya es una
responsabilidad histórica asumida por aquella generación de jóvenes que tu
mismo engendraste. Si de liderazgo queremos hablar nos basta y sobra mencionar
la importancia histórica de la generación de Camila Antonia Amaranta Vallejo
Dowling (Camila Vallejo (Chile, 1988). La lideresa mapuche trascendió los muros
de la controversial coyuntura estudiantil en la que el pueblo chileno se
encuentra envuelto. Vallejo mira más allá de la coyuntura y en clara muestra de
solidaridad son el soberano proceso revolucionario cubano se perfila dentro de
los cánones del intelectual
revolucionario a la cual el Amauta hizo alusión:
Nadie en el mundo podría
negar los grandes avances que ha tenido la Revolución Cubana en Educación.
Partiendo de los informes internacionales como el de la UNESCO como el LLECE (Laboratorio
Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación) que haciendo un
estudio comparado argumenta el por qué Finlandia y Cuba tienen reconocidos y
exitosos modelos educacionales en contraposición a la mala educación en Chile.[26]
La reflexión del Amauta, a casi el centenario de
su desarrollo, se encarna en el momento histórico que le hace justicia y con él
al movimiento social estudiantil que fusionado con el movimiento obrero dieron
a luz la fuerza política-social que, a pesar de los esfuerzos por silenciarlos,
permanece en constante transformación y crecimiento, cual levadura que
trastorna y transforma la masa. Para Mariátegui la fuerza de la juventud,
ligada a aquellos que sin serlo físicamente, no se dejó esclerosar por la
desidia histórica, muy por el contrario enfatizó su responsabilidad en la edificación
de la nueva sociedad. Edificarla
sobre la base de los que otrora en la fuerza de sus juventudes se levantaron
como estandartes de soberanía y decencia patriótica.
Camila Vallejo, sin ser docente en ejercicio,
sin ostentar más formación que ser una digna estudiante latinoamericana y
participante orgánica de las juventudes comunistas, no titubea una milésima de
segundo en sentirse hija de un proceso que nace en las canteras del movimiento
revolucionario en América Latina. La lideresa esculpe en el imaginario
histórico de nuestros pueblos la identidad de la juventud estudiantil, fuerza
histórica, político y social de nivel continental:
Antes de la Revolución,
Cuba estaba sumergida en el extremo analfabetismo e ignorancia, insalubridad,
desnutrición, desempleo y la constante opresión, despojo y masacre producida
por parte de la dictadura de Batista. La educación constituyó y sigue
constituyendo un sector estratégico para el desarrollo cubano. Para erradicar
el analfabetismo, la ignorancia y la carencia abrumadora de profesionales y
expertos en los distintos ámbitos que la revolución debía abordar para el
desarrollo de su soberanía, se implementó la “Universalización del
Conocimiento” a través de la masificación de la educación, donde el centro
estuvo puesto en el ser humano, su igualdad de oportunidades y su desarrollo
intelectual, artístico y humano pleno, única forma de asegurar la libertad
(“Ser cultos para ser libres”, José Martí).[27]
A manera de conclusión señalamos que aquella
mezcla de nostalgia esperanzadora del Amauta recobra brío y fuerza en cada
gesto social en donde la ética relacional se imponga ante la arrogancia y
soberbia de los que aún ostentan el Estado como poder capturado por ingentes
corporaciones financieras y mediáticas. El reverdecer de la praxis
revolucionaria del estudiantado en América Latina encuentra su abono en medio
de una crisis mundial en donde el viejo paradigma liberal gime con estruendosa
furia. Si bien es cierto la producción en serie de maestros, doctores y
especialistas ilustrados son aquellos que se desangran en la jungla de la
competitividad y éxito profesional, no es menos cierto que el movimiento social
como una entidad sabia en si misma rompe con todo tipo de romanticismo
académico en donde tiene más poder quien más información a podido registrar.
El poder nace de la dignidad de las juventudes
enardecidas frente a la salvaje insensibilidad de modelos de gobernabilidad en
donde el lucro y la usura se convirtieron en materia de estudio y
especialización universitaria. Los diferentes sindicatos de trabajadores y
movimientos sociales hacen de efervescencia estudiantil el espacio histórico
propicio para incidir en la búsqueda de modelos sociales que quiebren con el
inicuo sistema de relaciones sociales, de producción y comercialización que la
estructura corporativa estudiantil neoliberal promueve y defiende.
Esta labor no nace ahora, ni menos aún morirá
con esta generación; la transformación de una visión mercantil de la pedagogía
hacia una perspectiva liberadora de ella se desarrolla en un permanente proceso
de crítica y autocritica, de luchas y conciliaciones, empañado todo este
proceso de observaciones, juicios y accionares que permean metodológicamente el
proceso socialistamente transformador en el cual nuestra historia se encuentra
cada día más sumergida. Los jóvenes de ayer nunca vieron venir la vejez a sus
conciencias. Nuestras hermanas y hermanos que nos antecedieron siguen
iluminando el camino de aquellos y aquellas que escriben en las calles las
éticas enciclopedias de la dignidad y la soberanía de los pueblos que luchan
por su cotidiana liberación.
Es así como las juventudes, representadas en Matto
de Turner, Mistral, Mella, Cabello Llosa de Carbonera, Gonzales Prada, Martí, Mariátegui
, Palacios, Vasconcelos, Ingenieros, Camila Vallejo, Karol Cariola, Juan,
Martina, Pedro, Quispe, Teófilo, Atahualpa y tantos otros estudiantes, marcan
la historia con tinta indeleble llamada dignidad. Sabiduría popular que no es
adquirida en sórdidas aulas donde la estadística desplazó la ética y las
matemáticas excluyó la historia vislumbrada desde el reverso liberador de los
sectores excluidos. Una soberanía que se recrea en la universidad de la vida en
donde lo popular se fusiona con la revolución parida del corazón y no de la triste,
esclerótica y decadente ilustración mercantilista.
[1]Ver,http://www.fmmeducacion.com.ar/Historia/Documentoshist/1918universidad.htm. Revisado: 11/04/12.
[2] El diario El Tiempo de Lima, el 14 de octubre de
1918 informó la proclamación de Leguía como Maestro de la Juventud y será en su
residencia en Londres donde recibirá la noticia. Leguía regresaría al Perú para
asumir su segundo gobierno (1919-1924).
[3] Chang-Rodríguez,
Eugenio. Política e Ideología en José
Carlos Mariátegui. Madrid: José Porrúa Turanzas, S.A. 1983, p.19. A pie de
página el autor anota: “En uno de los documentos en que se fundó la denuncia
fiscal contra Haya se encuentra la carta de éste a César Mendoza, fechada el 22
de septiembre de 1929 en Berlín. Aquí Haya expresa su simpatía pro Mariátegui,
pero señala su falta de colaboración en la jornada del 23 de mayo. Véanse El
proceso de Haya de la Torre (Guayaquil: Publicaciones PAP, 1933), pág. 6 y V.R.
Haya de la Torre, Obras completas (Lima: J. Mejía Baca, 1976), V, pág. 252”.
[4] “La conferencia se
desarrolló en el local de la Federación de Estudiantes (Palacio de la
Exposición), con el titulo de "La Revolución Social en marcha a través de
los diversos pueblos de Europa". Con el título que aparece en esta recopilación
se publicó en Amauta, Nº 30, Lima, abril-mayo de 1930, después de la muerte de
José Carlos Mariátegui y cuando la histórica revista era dirigida por Ricardo
Martínez de la Torre”. Fuente: José Carlos Mariátegui. Historia de la crisis
mundial. Conferencias (años 1923 y 1924). Archivo Chile. Historia Político
Social – Movimiento Popular, s/d.
[5]Expresión acuñada por
Walter Martínez, miembro del equipo periodístico del prestigioso programa
DOSSIER de la cadena televisiva venezolana TeleSurtv.
[6]Fuente:http://www.almamater.cu/sitio%20nuevo/sitio%20viejo/webalmamater/2008/universidad/marzo/mella2.html Revisado: 12/04/12.
[7] Joseph Fisher. “The University
Student in South and South East Asia” en
Aldo E. Solari “Los movimientos estudiantiles en América Latina, Revista mexicana de sociología, vol. 29, 4, 1967,
pp. 853-869.
[8] J.C. Mariátegui, publicado
en la revista “Claridad” No 2,
julio de 1923.
[9]
Op.cit. p. 19.
[10]
Op.cit. p.19-20.
[11]
Op.cit. p.20
[15]
Op.cit.p.22
[16] Freire, Paulo. Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires: Siglo
XXI Editores Argentina, 2002, pàg.148
[17] Op.cit.p.23
[18]
J.C. Mariátegui,
publicado en “Bohemia Azul” No 3 (octubre de 1923) y reproducido en “Claridad”
No. 4 (enero de 1924).
[19]
Op.cit.p.27.
[20]
Freire, p. 138.
[21] Freire, p.139.
[25] Op.cit.p.33.
[27]
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