América Latina y Europa: dos puertas distintas
para salir de la crisis neoliberal[1]
Por Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa
Rica
28/04/12
La
crisis de este capitalismo salvaje, que arrasa con todo a su paso, puede
llevarnos a escenarios políticos que nadie se hubiera imaginado hace tan solo
20 años.
Las nefastas implicaciones del neoliberalismo,
es decir, del capitalismo llamado “salvaje” por el Papa Juan Pablo II, llevan a
la desesperación del pueblo puertas distintas y, a veces, encontradas.
Si echamos un vistazo a las derivaciones
políticas que han traído los programas de ajuste en Europa y América Latina,
las diferencias saltan a la vista.
Como se sabe, en América Latina varios son los
países en los que se eligió gobiernos que, abierta y beligerantemente,
propusieron salidas que fueron a contramano de las políticas neoliberales que
sus antecesores aplicaron a rajatabla en decenios anteriores. El alejamiento de
este modelo ha sido difícil, engorroso, dadas las profundas ramificaciones que
tiene en todos los ámbitos de la vida contemporánea. En el conjunto de naciones
que han optado por este camino hay toda una gama, en la cual se pueden
encontrar los más variados matices. Quienes entienden de clasificaciones identifican
dos grupos: el de los moderados, por un lado, formado por Brasil, Argentina y
Uruguay, y el de los radicales, que comprende a Venezuela, Ecuador, Bolivia y
Cuba.
Se discute, claro está, si en verdad existe un
alejamiento del modelo neoliberal o si, por el contrario, se trata solo del
atemperamiento de sus efectos a través de políticas sociales orientadas hacia
los grupos más desfavorecidos.
Se alega también, y con razón, la apuesta que la
mayoría de estos países ha hecho por el modelo extractivista que, como bien se
sabe, no solo depreda el medio ambiente sino también a la fuerza de trabajo que
ocupa, pagando al mismo tiempo míseros dividendos impositivos a los países en
los que opera.
Son, evidentemente, contradicciones y
limitaciones que poco aportan a la construcción de una alternativa al
neoliberalismo. Se trata, sin embargo, de procesos en los que se hacen
esfuerzos y se alientan búsquedas de caminos propios para el desarrollo que, en
otros contextos políticos, serían inconcebibles.
En este sentido, en América Latina se ha
encontrado una salida que podría catalogarse de “hacia la izquierda”, que ha
llegado a ser invocada como camino a seguir en otras latitudes, como en la
misma Europa, por ejemplo, en donde la crisis provocada por el capitalismo
financiero lleva cada día a más personas a la desesperación.
Esa desesperación de los europeos los ha
enrumbado por ciertos caminos que a
nosotros, desde este nuestro observatorio tercermundista y marginal, se nos
antoja peligroso, y que la reciente primera vuelta de las elecciones francesas
nos ha puesto en evidencia: la expansión y afianzamiento de las opciones
políticas de derecha. Es decir, el camino o la puerta opuesta a la abierta en
nuestro continente latinoamericano.
No estamos diciendo nada nuevo ni iluminando a
nuestros lectores, si recordamos que este tipo de opciones políticas tienen una
larga carrera en el viejo continente. La más conocida, por las implicaciones
mundiales que trajo en la primera mitad del siglo pasado, fue e l fascismo, que
arrastró a la guerra y al efervorizamiento de ideas y valores de nacionalismo
excluyente y odios raciales.
Desde los años 90 esta derecha política ha
venido ganando posiciones en países como la mencionada Francia, en Austria,
Noruega, Finlandia y Holanda, en donde han pasado incluso a formar parte de
coaliciones gubernamentales.
Hoy, ante la crisis económica que se vive en esa
parte del mundo, estas posiciones ganan cada vez más adeptos en sectores de la
población que se sienten acorralados. En Francia, vota a la derecha una mezcla
de población rural, pequeños productores agrícolas afectados por la crisis y
poco favorecidos por las políticas agrícolas de la Unión Europea, que han sido
diseñadas para favorecer a las grandes empresas agroindustriales y exportadoras
de granos y alimentos, así como pequeños comerciantes arruinados por los
supermercados de las grandes empresas comerciales, y una creciente población
desplazada de las ciudades por los altos alquileres, que sufre además la
precariedad laboral. Como en los años 30 el desmoronamiento del neoliberalismo
aumenta el peligro de la tentación fascista.
La crisis de este capitalismo salvaje, que
arrasa con todo a su paso, puede llevarnos a escenarios políticos que nadie se
hubiera imaginado hace tan solo 20 años.
La daga de Damocles pende sobre nuestras
cabezas.




