C.Marx: Prològo de la contribuciòn a la crìtica de la economìa polìtica
por marxismo_cl
¡Estudiamos para vencer!
09/01/12
Estudio el sistema
de la Economía burguesa por este orden: capital, propiedad del
suelo, trabajo asalariado; Estado, comercio exterior,
mercado mundial. Bajo los tres primeros títulos, investigo las
condiciones económicas de vida de las tres grandes clases en que se divide la
moderna sociedad burguesa; la conexión entre los tres títulos restantes salta
a la vista. La primera sección del libro primero, que trata del capital,
contiene los siguientes capítulos: 1) la mercancía; 2) el dinero o la
circulación simple; 3) el capital, en general. Los dos primeros capítulos
forman el contenido del presente fascículo. Tengo ante mí todos los
materiales de la obra en forma de monografías, redactadas con grandes
intervalos de tiempo para el esclarecimiento de mis propias ideas y no para
su publicación; la elaboración sistemática de todos estos materiales con
arreglo al plan apuntado dependerá de circunstancias externas.
Aunque había esbozado
una introducción general [2], prescindo de ella, pues, bien pensada la
cosa, creo que el adelantar los resultados que han de demostrarse, más bien
sería un estorbo, y el lector que quiera realmente seguirme deberá estar
dispuesto a remontarse de lo particular a lo general. En cambio, me parecen
oportunas aquí algunas referencias acerca de la trayectoria de mis estudios de
Economía Política.
Mis estudios
profesionales eran los de Jurisprudencia, de la que, sin embargo, sólo me
preocupé como disciplina secundaria, al lado [517] de la Filosofía y la
Historia. En 1842-43, siendo redactor de la "Rheinische Zeitung" [3],
me vi por vez primera en el trance difícil de tener que opinar acerca de los
llamados intereses materiales. Los debates de la Dieta renana sobre la tala
furtiva y la parcelación de la propiedad del suelo, la polémica oficial
mantenida entre el señor von Schaper, a la sazón gobernador de la proviricia
renana, y la "Rheinische Zeitung" acerca de la situación de los
campesinos del Mosela, y, finalmente, los debates sobre el libre cambio y el
proteccionismo, fue lo que me movió a ocuparme por vez primera de cuestiones
económicas. Por otra parte, en aquellos tiempos en que el buen deseo de
«marchar adelante» superaba con mucho el conocimiento de la materia, la
"Rheinische Zeitung" dejaba traslucir un eco del socialismo y del
comunismo francés, teñido de un tenue matiz filosófico. Yo me declaré en contra
de aquellas chapucerías, pero confesando al mismo tiempo redondamente, en una
controversia con la "Allgemeine Zeitung" de Augsburgo [4], que mis estudios hasta entonces no me
permitían aventurar ningún juicio acerca del contenido propiamente dicho de las
tendencias francesas. Con tanto mayor deseo aproveché la ilusión de los
gerentes de la "Rheinische Zeitung" quienes creían que suavizando la
posición del periódico iban a conseguir que se revocase la sentencia de muerte
ya decretada contra él, para retirarme de la escena pública a mi cuarto de
estudio.
Mi primer trabajo,
emprendido para resolver las dudas que me asaltaban, fue una revisión crítica
de la filosofía hegeliana del derecho, trabajo cuya introducción vio la luz en
1844 en los "Deutsch-Französische Jahrbücher" [5], que se publicaban en París. Mi investigación
desembocaba en el resultado de que, tanto las relaciones jurídicas como las
formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada
evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en
las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el
precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de
«sociedad civil», y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la
Economía Política. En Bruselas, a donde me trasladé en virtud de una orden de
destierro dictada por el señor Guizot, hube de proseguir mis estudios de
Economía Política, comenzados en París. El resultado general a que llegué y
que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse
así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción
forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se
levanta la superestructura [518] jurídica y palítica y a la que corresponden
determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida
material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en
general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el
contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una
determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la
sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes,
o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de
propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de
desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas
suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base
económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa
superestructura erigida sobre ella.
Cuando se estudian
esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales
ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse
con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas,
políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas
ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan
por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo
que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por
su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia
por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre
las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna
formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas
productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas
relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su
existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la
humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues,
bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya
se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su
realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de
progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción
asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas
de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción;
antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un
antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos.
Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad
burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución
de este antagonismo. Con esta formación [519] social se cierra, por tanto, la
prehistoria de la sociedad humana.
Federico Engels, con
el que yo mantenía un constante intercambio escrito de ideas desde la
publicación de su genial bosquejo sobre la crítica de las categorías económicas
(en los "Deutsch-Französische Jahrbücher"), había llegado por
distinto camino (véase su libro "La situación de la clase obrera en
Inglaterra") al mismo resultado que yo. Y cuando, en la primavera de 1845,
se estableció también en Bruselas, acordamos contrastar conjuntamente nuestro
punto de vista con el ideológico de la filosofía alemana; en realidad liquidar
cuentas con nuestra conciencia filosófica anterior. El propósito fue realizado
bajo la forma de una crítica de la filosofía posthegeliana [*]. El manuscrito —dos gruesos volúmenes en
octavo— llevaba ya la mar de tiempo en Westfalia, en el sitio en que había de
editarse, cuando nos enteramos de que nuevas circunstancias imprevistas
impedían su publicación. En vista de esto, entregamos el manuscrito a la
crítica roedora de los ratones, muy de buen grado, pues nuestro objeto
principal: esclarecer nuestras propias ideas, estaba ya conseguido. Entre los
trabajos dispersos en que por aquel entonces expusimos al público nuestras
ideas, bajo unos u otros aspectos, sólo citaré el "Manifiesto del Partido
Comunista" [*]* redactado por Engels y por mí, y
un "Discurso sobre el librecambio", que yo publiqué. Los puntos
decisivos de nuestra concepción fueron expuestos por vez primera,
científicamente, aunque sólo en forma polémica, en la obra "Miseria de la
Filosofía", etc., publicada por mí en 1847 y dirigida contra Proudhon. La
publicación de un estudio escrito en alemán sobre el Trabajo asalariado [*]**,
en el que recogía las conferencias que había dado acerca de este tema en la
Asociación Obrera Alemana de Bruselas [6], fue interrumpida por la revolución de
febrero, que trajo como consecuencia mi abandono forzoso de Bélgica.
La publicación de la
"Neue Rheinische Zeitung" [7] (1848-1849) y los acontecimientos posteriores
interrumpieron mis estudios económicos, que no pude reanudar hasta 1850, en
Londres. Los inmensos materiales para la historia de la Economía Política
acumulados en el British Museum, la posición tan favorable que brinda Londres
para la observación de la sociedad burguesa, y, finalmente, la nueva fase de
desarrollo en que parecía entrar ésta con el descubrimiento del oro de
California y de Australia, me impulsaron a volver a empezar desde el principio,
abriéndome paso, de un modo crítico, a través de los nuevos imateriales. Estos
estudios me [520] llevaban, a veces, por sí mismos, a campos aparentemente
alejados y en los que tenía que detenerme durante más o menos tiempo. Pero lo
que sobre todo me mermaba el tiempo de que disponía era la necesidad imperiosa
de trabajar para vivir. Mi colaboración desde hace ya ocho años en el primer
periódico angloamericano, el "New York Daily Tribune" [8], me obligaba a
desperdigar extraordinariamente mis estudios, ya que sólo en casos excepcionales
me dedico a escribir para la prensa correspondencias propiamente dichas. Sin
embargo, los artículos sobre los acontecimientos económicos más salientes de
Inglaterra y el continente formaban una parte tan importante de mi
colaboración, que esto me obligaba a familiarizarme con una serie de detalles
de carácter práctico situados fuera de la órbita de la ciencia propiamente
económica.
Este esbozo sobre la
trayectoria de mis estudios en el campo de la Economía Política tiende
simplemente a demostrar que mis ideas, cualquiera que sea el juicio que
merezcan y por mucho que choquen con los prejuicios interesados de las clases
dominantes, son el fruto de largos años de concienzuda investigación. Y a la
puerta de la ciencia, como a la del infierno, debiera estamparse esta consigna:
Qui si convien lasciare ogni sospetto;
Ogni viltà convien che qui sia morta [*]***.
Londres, enero de 1859. Carlos Marx
Publicado por primera vez en el Se publica de acuerdo con el
libro: "Zur Kritik der politischen texto del libro.
Oekonomie von Karl Marx". Erstes Traducido del alemán.
Heft, Berlin, 1859.
[1] 274. Nada más salir el primer fascículo, Marx se
dispuso a publicar el segundo, en el que debían reflejarse los problemas del
capital. Sin embargo, las investigaciones del problema le impulsaron a
modificar el plan inicial de publicar una obra grande. En vez del segundo
fascículo y los sucesivos, preparó "El Capital", en el que incluyó
las tesis fundamentales, tras de volver a redactarlas, del libro
"Contribución a la crítica de la Economía Política".- 516
[2] 275. Se trata de la "Introducción" que
Marx escribió, sin llegar a terminarla, para el proyectado voluminoso libro
sobre Economía.- 516
[3] 175. "Rheinische Zeitung für Politik, Handel
und Gewerbe" ("Periódico del Rin sobre política, comercio e
industria"): diario que aparecía en Colonia desde el 1 de enero de 1842
hasta el 31 de marzo de 1843. A partir de abril de 1842 colaboró en este
periódico Marx, y desde octubre del mismo año fue uno de sus redactores.- 320,
517
[4] 276. "Allgemeine Zeitung" ("Gaceta
General"): diario reaccionario alemán fundado en 1798; desde 1810 hasta
1882 apareció en Augsburgo. En 1842 publicó una falsificación de las ideas del
comunismo y del socialismo utópicos, que Marx denunció en su artículo "El
comunismo y el «Allgemeine Zeitung» de Augsburgo".- 517
[5] 13. "Deutsch-Französische Jahrbücher"
("Anales alemano-franceses") se publicaban en París bajo la dirección
de C. Marx y A. Ruge en alemán. Salió sólo el primer número, doble, en febrero
de 1844. Insertaba las obras de C. Marx "Contribución al problema
hebreo" y "Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de
Hegel. Introducción", así como las de F. Engels "Esbozos para la
crítica de la economía política" y "La situación de Inglaterra. Tomás
Carlyle. Lo pasado y lo presente". Estos trabajos implicaban el paso
definitivo de Marx y Engels al materialismo y el comunismo. La causa principal
de que esta revista dejara de aparecer fueron las discrepancias esenciales
entre Marx y el radical burgués Ruge.— 32, 517
[6] 72. La Asociación Obrera Alemana de Bruselas fue
fundada por Marx y Engels a fines de agosto de 1847 con el fin de dar
instrucción política a los obreros alemanes residentes en Bélgica y propagar
entre ellos las ideas del comunismo científico. Bajo la dirección de Marx y
Engels y sus compañeros de lucha, la Asociación se convirtió en un centro legal
de agrupación de los proletarios revolucionarios alemanes en Bélgica. Los
mejores elementos de la Asociación integraban la Organización de Bruselas de la
Liga de los Comunistas. Las actividades de la Asociación Obrera Alemana de
Bruselas se suspendieron poco después de la revolución de febrero de 1848 en
Francia, debido a las detenciones y la expulsión de sus componentes por la
policía belga.- 145, 519
[7] 71. La "Neue Rheinische Zeitung. Organ der
Demokratie" ("Nueva Gaceta del Rin. Organo de la Democracia")
salía todos los días en Colonia desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo
de 1849; la dirigía Marx, y en el consejo de redacción figuraba Engels.- 145,
190, 230, 564, 219
[8] 164.
"The Tribune": título abreviado del periódico progresista burgués
"The New York Daily Tribune" ("Tribuna diaria de Nueva
York"), que apareció de 1841 a 1924. Marx y Engels colaboraron en él desde
agosto de 1851 hasta marzo de 1862.- 309, 398, 520
Mátese aquí cuanto
sea vileza.
(Dante. La divina
comedia.) (N. de la Edit.)

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