Por Fidel Castro Ruz
05/05/12
Apenas hablaré del pueblo cubano, que un día
barrió de su Patria el dominio de Estados Unidos, cuando el sistema
imperialista había alcanzado la cúpula de su poder.
Hombres y mujeres de las más diversas edades se
han visto desfilar el 1º de Mayo por las plazas más simbólicas de todas las
provincias del país.
Nuestra Revolución surgió en el lugar menos
esperado por el imperio, en un hemisferio donde actuaba como dueño absoluto.
Cuba pasó a ser el último país en librarse del
yugo colonial español y el primero en sacudirse de la odiosa tutela
imperialista.
Pienso hoy fundamentalmente en la hermana
República Bolivariana de Venezuela y su lucha heroica contra el saqueo
despiadado de los recursos con que la naturaleza dotó a ese noble y abnegado
pueblo, que un día llevó sus soldados a los rincones apartados de este
continente para poner de rodillas al poderío militar español.
Cuba no necesita explicar por qué hemos sido
solidarios, no solo con todos los países de este hemisferio, sino también con
muchos de África y otras regiones del mundo.
La Revolución Bolivariana ha sido también
solidaria con nuestra Patria, y su apoyo a nuestro país se convirtió en un
hecho de gran importancia en los años del Período Especial. Esa cooperación sin
embargo no fue fruto de solicitud alguna por parte de Cuba, como tampoco lo fue
establecer ninguna condición a los pueblos que requirieron de nuestros
servicios educacionales o médicos. A Venezuela le habríamos ofrecido en
cualquier circunstancia la máxima ayuda.
Cooperar con otros pueblos explotados y pobres
fue siempre para los revolucionarios cubanos un principio político y un deber
con la humanidad.
Me satisface enormemente observar, como hice
ayer a través de Venezolana de Televisión y TeleSur, el profundo impacto que
produjo en el pueblo hermano de Venezuela la Ley Orgánica del Trabajo
promulgada por el líder bolivariano y Presidente de la República, Hugo Chávez
Frías. Jamás vi nada parecido en el escenario político de nuestro hemisferio.
Presté atención a la enorme multitud que se
reunió en plazas y avenidas de Caracas y, en especial, las palabras espontáneas
de los ciudadanos entrevistados. Pocas veces vi, y tal vez nunca, el nivel de
emoción y esperanza que estos ponían en sus declaraciones. Se podía observar
con claridad que la inmensa mayoría de la población está constituida por
trabajadores humildes. Una verdadera batalla de ideas se está librando con
fuerza.
Rafael Correa, presidente de Ecuador, declaró
valientemente que más que una época de cambio estamos viviendo un cambio de
época. Ambos, Rafael Correa y Hugo Chávez, son cristianos. Obama, en cambio,
¿qué es, en qué cree?
Al cumplirse el primer aniversario del asesinato
de Bin Laden, Obama compite con su rival Mitt Romney en la justificación de
aquel acto perpetrado en una instalación próxima a la Academia Militar de
Pakistán, un país musulmán aliado de Estados Unidos.
Marx y Engels nunca hablaron de asesinar a los
burgueses. En el viejo concepto burgués los jueces juzgaban, los verdugos
ejecutaban.
No hay dudas de que Obama fue cristiano; en una
de las vertientes de esa religión aprendió el oficio de transmitir sus ideas,
un arte que le significó mucho en su ascenso acelerado dentro de la jerarquía
de su partido.
En la declaración de principios de Filadelfia,
en julio de 1776, se afirmaba que todos los hombres nacían libres e iguales y a
todos les concedía su creador determinados derechos. Por lo que se conoce, tres
cuartos de siglos después de la independencia, los esclavos negros seguían
siendo vendidos en las plazas públicas con sus mujeres e hijos, y casi dos
siglos después Martin Luther King, premio Nobel de la Paz, tuvo un sueño, pero
fue asesinado.
A Obama el tribunal de Oslo le obsequió el suyo
y se había convertido casi en una leyenda. Sin embargo millones de personas
deben haber visto las escenas. El Premio Nobel Barack Obama, viajó
aceleradamente a Afganistán como si el mundo ignorara los asesinatos masivos,
la quema de libros que son sagrados para los musulmanes y los ultrajes de los
cadáveres de las personas asesinadas.
Nadie que sea honesto estará jamás de acuerdo
con los actos terroristas, pero ¿tiene acaso el Presidente de Estados Unidos el
derecho a juzgar y el derecho a matar; a
convertirse en tribunal y a la vez en verdugo y llevar a cabo tales crímenes,
en un país y contra un pueblo situado en el lado opuesto del planeta?
Vimos al Presidente de Estados Unidos subiendo
al trote los peldaños de una empinada escalera, en mangas de camisa, avanzar
con pasos acelerados por un pasillo volante y detenerse a endilgarle un
discurso a un nutrido contingente de militares que aplaudían con desgano las
palabras del ilustre Presidente. Aquellos hombres no eran todos nacidos
ciudadanos norteamericanos. Pensaba en los colosales gastos que eso implica y
que el mundo paga, pues ¿quién carga con ese enorme gasto que ya rebasa los 15
millones de millones de dólares? Eso es lo que ofrece a la humanidad el ilustre
Premio Nobel de la Paz.
[1] Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2012/05/03/el-premio-nobel-de-la-paz/.
Revisado: 05/05/12.
