LA CUMBRE DE LAS GUAYABERAS[1]
Por Fidel Castro Ruz
14/04/12
Obama, el primer Presidente
negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen
comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y
Martin Luther King.
Hace cinco siglos una Bula
Papal, aplicando conceptos de la época, asignó alrededor de 40 millones de
kilómetros cuadrados de tierra, aguas interiores y costas a dos pequeños y
belicosos reinos de la península Ibérica.
Ingleses, franceses, holandeses
y otros importantes Estados feudales fueron excluidos del reparto.
Interminables guerras no tardaron en desatarse, millones de africanos fueron
convertidos en esclavos a lo largo de cuatro siglos y las culturas autóctonas,
algunas de ellas más avanzadas que las de la propia Europa, fueron deshechas.
Hace 64 años fue creada la
repudiable OEA. No es posible pasar por alto el grotesco papel de esa
institución. Un elevado número de personas, que tal vez sumen cientos de miles,
fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas como consecuencia de sus
acuerdos para justificar el golpe contra las reformas de Jacobo Árbenz en
Guatemala, organizado por la Agencia Central de Inteligencia yanki.
Centroamérica y el Caribe, incluida la pequeña isla de Granada, fueron víctima
de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA.
Más grave todavía fue su
nefasto papel en el ámbito de Suramérica.
El neoliberalismo, como
doctrina oficial del imperialismo, cobró inusitada fuerza en la década del 70
cuando el Gobierno de Richard Nixon decidió frustrar el triunfo electoral de
Salvador Allende en Chile. Una etapa verdaderamente siniestra en la historia de
América Latina se iniciaba. Dos altos jefes de las Fuerzas Armadas chilenas, leales
a la Constitución, fueron asesinados y Augusto Pinochet impuesto en la jefatura
del Estado, tras una represión sin precedentes en la que numerosas personas
seleccionadas fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.
La Constitución de Uruguay, un
país que se había mantenido durante muchos años en el marco de la institucionalidad,
fue barrida.
Los golpes militares y la
represión se extendieron a casi todos los países vecinos. La línea de
transporte aéreo cubana fue objeto de brutales sabotajes. Un avión fue
destruido en pleno vuelo con todos sus pasajeros. Reagan liberó al autor más
importante del monstruoso crimen de una prisión en Venezuela, y lo envió a El
Salvador a organizar el intercambio de drogas por dinero para la guerra sucia
contra Nicaragua, que costó decenas de miles de muertos y mutilados.
Bush padre y Bush hijo,
protegieron y exoneraron de culpa a los implicados en estos crímenes. Sería
interminable la lista de fechorías y actos terroristas cometidos contra las
actividades económicas de Cuba a lo largo de medio siglo.
Hoy, viernes 13, escuché
valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en
la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena. El tema de los
derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es
brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y
marítimos de esas islas-, fue abordado con firmeza. El canciller venezolano
Nicolás Maduro, al finalizar la reunión de hoy, declaró con profunda ironía que
“del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.
Ahora tenemos la Cumbre de las
guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a
la historia.
