CONGA NO VA[1]
por Paul E. Maquet
(La Palabra Ingenua)
No hay nada de radical en decir
eso: no estoy diciendo “no a la minería”, estoy diciendo NO a este proyecto
específico.
¿Por qué? ¿Por necio? No, al
contrario, por argumentos concretos y sensatos.
Primero, porque cuatro lagunas
naturales no se pueden reemplazar por reservorios artificiales. Eso está claro:
no es lo mismo. Las lagunas son un ECOSISTEMA, con múltiples y complejas
conexiones entre el agua y los demás elementos vivos y no vivos. Además, las
lagunas de toda la zona donde se piensa realizar el tajo abierto se conectan
con las nacientes de los ríos y derivan sus aguas, tanto de manera superficial
como subterránea, hacia las partes inferiores de la cuenca. El propio Estudio
de Impacto Ambiental (EIA) lo señala, al indicar la presencia de “gradientes de agua subterránea que descienden
de las cumbres del altiplano a los valles de los cursos de agua”. El EIA
reconoce que el proyecto “tiene el potencial de impactar tanto la calidad como
la cantidad de los flujos de las quebradas aledañas” y que “representaría una
variación en los niveles de infiltración, en la distorsión de los flujos
hidrogeológicos como consecuencia (de) presas que cortan casi en su totalidad
el flujos subterráneos”.
¿Queda claro este punto? Se va
a destruir lagunas que se conectan de manera subterránea con las partes
superiores e inferiores de la cuenca, y esos flujos serían cortados “casi en su
totalidad”. No lo digo yo, ¿ok?
¿Qué propone el EIA de Conga?
Que ese problemita se puede solucionar construyendo cuatro reservorios “de
mayor capacidad”. En efecto, el dato es impresionante: los reservorios que
construiría la empresa tendrían una capacidad de 10 830 000 metros cúbicos de
agua, versus los 2 600 000 que albergan actualmente las cinco lagunas que
desaparecerían.
Pero estos reservorios servirán
para captar agua de LLUVIA. Eso es lo que tiene que quedar bien claro: los
reservorios no sirven para reemplazar de manera integral los servicios
medioambientales que brindan las lagunas naturales, los bofedales que las
rodean y todo el ecosistema circundante –como lo ha sugerido el propio ministro
de Ambiente-. Sólo sirven para guardar agua de lluvia, agua superficial. ¡Y eso
está muy bien! De hecho, nadie se opone a la construcción de los reservorios,
que efectivamente permitirían equilibrar la disponibilidad de agua a lo largo
del año. ¡Que se construyan los reservorios! Pero ¡que NO se destruyan las
lagunas!
Ideología prominera: pese a
argumentos técnicos, operador de Yanacocha cierra los oídos.
Porque las lagunas no son
baldes de agua ni recipientes, como muy bien explica Marco Arana en esta
entrevista.
Esa es la diferencia entre un
simple enfoque ingenieril tradicional y un enfoque ECOSISTÉMICO. Ollanta Humala
se ha hecho merecedor al premio “la frase más tonta del año” cuando dijo, en su
discurso de esta semana: “exigimos a la
empresa a que no vengan a hacer reservorios de cemento, queremos la
construcción de lagunas modernas para ese trasvase con tecnología de punta, y
en ese sentido exigimos a la empresa que haga un mayor número de lagunas”.
Lamentablemente, el ser humano aún no ha aprendido a hacer lagunas.
El proyecto Conga se basa en
enfoques del siglo XIX y XX (“el ser humano es capaz de reemplazar a la
naturaleza” y “los elementos de la naturaleza no tienen relación entre sí y los
podemos modificar a nuestro antojo”) que no son capaces de enfrentar el principal
desafío del siglo XXI: la disponibilidad de agua en un contexto de cambio
climático.
Suena bonito decir “oro y
agua”. Pero es imposible cuando el oro está exactamente DEBAJO del agua, como
en este caso.
Hay un par de razones adicionales para decir NO a Conga.
Por un lado, que el proyecto no
cumple con la Ley. Así es. Lo que pasa es que en el Perú nos hemos acostumbrado
a que sólo se cumpla la parte de la Ley que le conviene a algunos grupos
poderosos. Pero así como la Ley dice que el Ministerio de Energía y Minas (MEM)
aprueba los EIA, la Ley también dice que las regiones establecen su
zonificación económica y ecológica (ZEE). Pues bien, Cajamarca es una de las
pocas regiones que ha elaborado ese estudio, que define que la zona donde se
piensa realizar el proyecto es “de alta importancia hídrica”. Sin embargo, este
análisis no ha sido tomado en cuenta por el MEM. La Ley también decía que las
municipalidades pueden declarar “zonas protegidas”. El 2004, la Municipalidad
de Celendín declaró como “zona protegida” el área de influencia de Conga. Tres
años después, el 2007, Alan García dio un decreto supremo quitando a los
municipios esa atribución. Ya sabemos que las leyes no son retroactivas, claro,
pero parece que a veces sí. Por último, la Ley (de recursos hídricos) dice que
“el Estado reconoce como zonas ambientalmente vulnerables las cabeceras de
cuenca donde se originan las aguas” y que “la Autoridad Nacional (del Agua,
ANA), con opinión del Ministerio del Ambiente, podrá declarar zonas intangibles
en las que no se otorgará ningún derecho para uso”.
Es decir, la Ley también ampara
a los que nos oponemos a Conga. Pero, como dijo Stanislaw Jerzy Lec, “todos
somos iguales ante la Ley pero no ante los encargados de aplicarla”.
Por último, hay un serio problema
de credibilidad. No a Conga, también, porque ¿quién le cree a Yanacocha? Claro,
podemos abstraernos, irnos al mundo de las ideas y no a la historia concreta.
Pero si vemos el prontuario de Yanacocha, una empresa cuyos “services” de
seguridad han hecho seguimiento
parapolicial a líderes ambientalistas (uno de los cuales fue asesinado en
circunstancias que aún no han sido aclaradas), una empresa que empezó con un
proyecto que implicaba desaparecer cuatro lagunas y que ya ha destruido más de
20, una empresa que derramó mercurio y luego pasó piola, ¡en fin! Son
demasiados casos como para hacer tabula rasa. En estas cosas también cuenta la
trayectoria.
Un antes y un después
Conga marcará un antes y un
después en el Gobierno de Ollanta, como lo han entendido desde Aldo Mariátegui
y la CONFIEP hasta Gregorio Santos y Marco Arana.
Aún no se cruza el rubicón, para
usar la metáfora de Aldito M. (Aldo Mariátegui Director del Diario El Correo,
nota nuestra).
De hecho, hasta antes del
discurso de Ollanta esta semana, las reacciones habían sido bastante cautas, y
el ministro del Ambiente ha ofrecido una revisión del EIA que todos estamos
esperando. Lo que ha hecho Ollanta, salir a dar declaraciones como las que ha
dado sin contar con el informe del ministerio de Ambiente, ha sido cuando menos
audaz. Y ha demostrado, sinceramente, ignorancia y torpeza en varias de las
cosas que ha dicho.
Pero todavía se puede
rectificar. Tan simple como que el ministerio del Ambiente emita un informe
técnico y se decida en base a eso. EN BASE A ESO, y no al monto de inversión, a
los compromisos, a Pensión 65 o al gravamen. O, si se quiere más neutralidad,
que el EIA se envíe a la UNOPS, cosa que hasta Alan García hizo con el proyecto
Tía María. Por cierto, en aquella ocasión el organismo internacional hizo 138
observaciones al estudio, demostrando que realmente los criterios que usan el
Estado peruano son risibles.
Ojo, repito: aquí no se trata
de ser “antiminero” o “prominero”. Para el caso, ambas posturas son
ideológicas. AMBAS. Se trata de juzgar si Conga va. Todo indica que, si Conga
va, la población va a sufrir escasez de agua en los próximos 15 o 20 años, y
eso que aún no hay un modelo matemático elaborado por SENAMHI sobre los efectos
del cambio climático en la zona. Entonces, la pregunta de fondo es: ¿este
Gobierno es capaz de poner los intereses de campesinos concretos por encima de
los proyectos de inversión de una empresa?
Esa es la pregunta. Porque si
se trata de conseguir plata, pues que le cobren los impuestos a la Telefónica,
que hagan la reforma tributaria y que luchen contra la corrupción, que fue lo
que se prometió en campaña. Ese fue el compromiso electoral, no Conga.
Ollanta ha dicho que no acepta
chantajes de nadie. La prensa de derecha lo ha interpretado como chantajes de
la población en pie de lucha. Pero ¿no es un chantaje decir “si no va Conga
peligra el gravamen minero”? Ese es el verdadero chantaje.
Tenemos derecho a exigir
En algunos espacios se ha
vuelto una especie de lugar común rechazar a los que critican o burlarse de los
que “esperaban algo”. Son dos extremos que llevan a lo mismo.
Por un lado, parece ser que si
uno es crítico a Ollanta “le hace el juego a la derecha”. Cosa más absurda:
este es un proceso en disputa, todos lo sabemos, y así como la Sociedad
Nacional de Minería tiene derecho a mover todas sus fichas para presionar al
Gobierno, nosotros, el 30% que votó por un cambio en primera vuelta, también
tenemos derecho a presionar, si es necesario con movilización social, para que
ese cambio se haga realidad.
Por el otro lado, algunos
señalan que “Ollanta nunca fue de izquierda” y que si esperábamos un cambio de
modelo hemos sido unos ilusos. Pues ese es otro absurdo. Aquí Ollanta no tiene
que ser de izquierda para respetar el derecho al agua de la gente. Tampoco
tiene que haber un cambio de modelo para que un proyecto específico no sea
aprobado. Simplemente le exigimos a Ollanta no sólo que cumpla con sus promesas,
sino que cumpla con el rol que tiene el Estado: garantizar los derechos de los
ciudadanos.

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