El Salvador: Los valores de Monseñor Romero[1]
Luis Armando González[2]
Revista
ContraPunto (El Salvador)
25/03/12
Desde el asesinato de Monseñor
Oscar Arnulfo Romero, el 24 de marzo de 1980, este mes se ha convertido, año
con año, en un espacio para la reflexión, el recuerdo y la actualización del
legado del Arzobispo mártir.
Se trata de un legado, el suyo,
rico en implicaciones de todo tipo: socio-políticas, históricas, educativas y
morales. Es esta última dimensión del legado de Mons. Romero que quiero
detenerme en esta mañana.
Creo necesario y urgente
reflexionar sobre los valores que Mons. Romero abanderó y que marcaron su
desempeño como Arzobispo de San Salvador en los convulsivos años setenta hasta
su muerte, en marzo de 1980.
Que se entienda mi enfoque: no
es una preocupación moralista o moralizadora la que me lleva a abordar el tema
de los valores en Mons. Romero, sino una preocupación por el deterioro de
referentes morales fundamentales que acusa nuestra sociedad, en sus diferentes
ámbitos privados y públicos.
Y es que los valores de
Monseñor Romero que me interesa destacar son esos valores fundamentales de su
quehacer como pastor y como ciudadano consciente de sus obligaciones en un país
atravesado por graves conflictos y desigualdades socio-económicas. No voy a
repetir lo que se ha dicho en muchas ocasiones sobre su fidelidad a la verdad y
su compromiso con la justicia, sino que voy a prestar atención a valores de los
que poco que se habla, pero que son centrales para entender la magnitud de su
figura moral.
a. Conciencia de las propias obligaciones ante los demás.
Este es el primer valor que yo veo en Mons. Romero. Los valores son un asunto
de conciencia, es decir, de convicción íntima acerca de lo que es bueno y malo,
humano e inhumano. Poseer la convicción de que estamos obligados ante los demás
–sus problemas, necesidades, miserias—constituye un valor de primera
importancia. Un valor que Mons. Romero poseyó sin lugar a dudas y que se
tradujo en una praxis de compromiso con los otros.
b. La dignificación de los demás, especialmente de las
víctimas de abusos de los poderosos. La obligación con los demás
(con los otros) tuvo en Mons. Romero una clara dirección: trabajar por su
dignificación, lo cual suponíaun compromiso con su humanización. Mons. Romero
privilegió, en su labor humanizadora, a quienes eran violentados en su
humanidad por estructuras de poder injustas y excluyentes. No es otro el
sentido de la expresión “opciónpreferencial por los pobres” que Mons. Romero –inspirado
en Medellín y Puebla— hizo suya y tradujo a la realidad salvadoreña.
c. La búsqueda de coherencia entre la palabra y la acción.
Nada más difícil que esa coherencia, sobre todo en los tiempos actuales cuando
está de moda obrar de espaldas a lo que se predica. Mons. Romero se esforzó por
hacer que su predicación sobre la dignificación de las víctimas no fuera sólo
retórica, sino que su quehacer pastoral estuviera en sintonía con aquélla. Eso
tuvo costos para él, siendo el mayor de ellos la pérdida de su vida. Y es que
la coherencia entre palabra y acción, cuando ambas apuntan a lograr una mayor
justicia, está mal vista por los poderosos de todos los tiempos. Por el lado
contrario, la incoherencia es bien vista y, más aún, es fomentada a travésdel chantaje
y los favores económicos y políticos.
d. Mirar la realidad del país desde quienes están en peor
situación, es decir, desde las víctimas. Lo normal en la época de
Mons. Romero (y en la nuestra) es que desde los círculos de poder económico,
político y religioso la realidad se viera desde quienes estaban en la cima de
la pirámide social. Mons. Romero hizo lo opuesto y desafió a los poderosos a
que miraran a las víctimas y que desde ellas juzgaran al país que teníamos. Por
supuesto que no lo hicieron; pero Mons. Romero lo hizo y su juicio fue severo:
El Salvador estaba edificado sobre la miseria y la exclusión de la mayor parte
de sus miembros. El país construido desde los intereses de los poderosos era un
país inhumano.
e. Enjuiciar la realidad nacional con una palabra firme y
clara. En nuestro tiempo otra de las modas es la ambigüedad en lo
que se dice, no sólo paraser “políticamente correctos”, sino para quedar bien
con todos y que nadie pueda reprocharnos una expresión ofensiva o
cuestionadora. En tiempos de Mons. Romero, la moda no era la ambigüedad en lo
que se decía, sino la proclamación contundente de mentiras sobre la pobreza, la
violencia y la injusticia. Mons. Romero, a sabiendas de que afirmar lo
contrario a lo proclamado por los poderes de turno era peligroso, lo hizo. Sin
ambigüedades, llamó a las cosas por su nombre y lo hizo de tal forma que todos
entendieron lo que quería decir.
f. Por último, no ambicionar poder y riquezas. No
se tiene que perder de vista que Mons. Romero estuvo la cúspide del poder
católico nacional. Desde ahí,el acceso a bienestar material, privilegios,
bienes y demás cosas que simbolizan una vida placentera estaban al alcance de
su mano. Lo más fácil y que pocos hubieran visto mal era optar por los
privilegios del cargo y trabajar por escalar más en la jerarquía de poder
eclesial internacional. Pero este buen hombre no hizo eso; no pensó que tener
riquezas, privilegios y poder fueran una opción de vida para él.
No sé cómo verán a Mons. Romero
quienes creen que lo que se tiene que buscar en cualquier cargo público es la
acumulación de riquezas, pero desde un punto de vista ético su lección es
mayúscula: envidiar a los ricos y querer ser como ellos no es bueno ni recto,
pues eso es una bofetada a quienes –una mayoría de salvadoreños— viven en la
miseria y en la exclusión.
En definitiva, Mons. Romero fue
un hombre de sólidos valores humanos y humanizadores. Los valores de él que he
destacado nos son ajenos, o por lo menos, sólo son cultivados por un puñado de
gente de buena voluntad, gente a la que se suele ver como idealista, ingenua y
al margen del pragmatismo imperante hoy en día. Sin embargo, de lo que se trata
es de reivindicarlos como algo necesario para construir una mejor sociedad, en
la cual el oportunismo y el aprovecharse de los demás sea algo inaceptable en
la conciencia de cada cual.
[1] Fuente: Revista Con Nuestra América http://connuestraamerica.blogspot.com/2012/03/el-salvador-los-valores-de-monsenor.html#more
Revisado: 24/03/12.
[2] Texto de la conferencia leída por el
autor en la Escuela Superior de Maestros, San Salvador, el 23 de marzo de 2012.
