AYSÉN DA EL EJEMPLO[1]
por Juan Pablo Orrego[2]
29/02/12
Queda claro que Aysén, debido a su aislamiento,
a la mezcla de abandono e incomprensión desde la capital, así como a su
arraigado espíritu pionero, descubrió que quiere un desarrollo autónomo,
auto-gestionado, distinto del que tiene al borde del colapso socio-ambiental a
muchas otras regiones.
La región de Aysén es especial de muchas
maneras. Es Patagonia chilena, lo que ya le otorga un sello distintivo, en
términos ambientales y socioculturales. Debido a su aislamiento geográfico,
Aysén, en los albores del siglo XX, es literalmente la última región de nuestro
país en ser ‘poblada’. Las dificultades de su colonización son leyenda.
La topografía, el clima, las distancias, la precaria
conectividad, los suelos jóvenes, y finalmente la falta de apoyo sólido y con
conocimiento de causa desde el centro del país, en su conjunto generaron (sic)
condiciones que sólo una combinación de tesón, resiliencia mental y física, y
suerte, le permitieron adaptarse y hacer patria a sus primeros habitantes.
Desafortunadamente, la política pública, a
control remoto, y demostrando la ignorancia pasmosa de las autoridades y
expertos de la época, sólo proyectó en ella un teórico potencial ganadero, sin
duda siguiendo la impronta del implacable negocio lanífero de los ingleses en
Magallanes. Así, los magníficos, en gran medida únicos, bosques patagónicos,
pasaron a ser una molestia. Según las cifras oficiales ‘se quemaron’ 1 millón
de hectáreas de bosques en Magallanes y 3 millones en Aysén. Algo absolutamente
inconcebible hoy. ¡Cómo ha lamentado el país los incendios en Torres del Paine!
Pero, en esos momentos poco ilustrados, los incendios, azuzados por los
poderosos vientos patagónicos, fueron política pública y condición para el
asentamiento. Y después del fuego, el sobrepastoreo de los jóvenes suelos, con
miles de ovejas, en los amplios valles glaciales.
Mucho más recientemente, en forma pionera, para
un país atascado desde la llegada de los españoles en una fase ‘destructiva’
primaria, Aysén descubre que su futuro yace en su aún extraordinario entorno,
sus recursos naturales y atributos ambientales. Esto quedó plasmado en su
Estrategia de Desarrollo Regional 2000-2006, producto de un proceso social
colectivo y transversal, que ya manifestaba que “… Aysén aspira a ser una
región descentralizada, y a obtener una alta calidad de vida sustentada en un
crecimiento económico alto y equitativo, que se fundamenta en la conservación
de la calidad medioambiental y en la integración del territorio”, señalando
además el imperativo de fomentar el turismo, la actividad pesquera y
silvoagropecuaria para el logro de un desarrollo social y ambientalmente
sustentable.
Podemos discutir sobre el petitorio que ha
presentado el movimiento social en Aysén, pero no cabe duda que la región
Patagónica da el ejemplo de una búsqueda e inquietud totalmente legítima, con
la cual se identifican millones de chilenos y chilenas a lo largo y ancho de
nuestro territorio.
Desde antes, y en forma complementaria, los
ambientalistas y otros sectores que buscaban el buen florecer de la región
acuñaban el visionario concepto “Aysén Reserva de Vida”, que permitió
confrontar con esta propuesta diversos proyectos concebidos desde Santiago y el
extranjero para hacer negocios a costa de la región, tal como el proyecto
Alumysa de la empresa minera canadiense Noranda, con características
ambientales delirantes, una suerte de dumping de impactos negativos sociales,
económicos y ecológicos… Hoy la propuesta se ve amenazada por proyectos
descabellados como HidroAysén y Río Cuervo, dando origen a un movimiento social
catalizador, de envergadura nacional: “Patagonia Sin Represas”.
Queda claro que Aysén, debido a su aislamiento,
a la mezcla de abandono e incomprensión desde la capital, así como a su
arraigado espíritu pionero, descubrió que quiere un desarrollo autónomo,
auto-gestionado, distinto del que tiene al borde del colapso socio-ambiental a
muchas otras regiones.
Amparándose en la legislación ultra-neoliberal
promulgada durante la dictadura, que les da rienda suelta a corporaciones
nacionales y trasnacionales para hacer y deshacer prácticamente a su antojo,
una ‘élite’ le ha impuesto desde Santiago a todo el país un modelo de
desarrollo primario y neocolonial, basado en la depredación y el abuso
corporativo. Conciliadoramente podríamos atribuirle las políticas públicas
erróneas del pasado a la ignorancia, pero a la luz de los conocimientos y la conciencia
actual esto ya no vale. Así, muchos y muchas, desde Aysén y Magallanes,
Atacama, Santiago y Valparaíso, Maule y Biobío, Ríos y Lagos decimos ¡ya basta!
Podemos discutir sobre el petitorio que ha presentado el movimiento social en
Aysén, pero no cabe duda que la región Patagónica da el ejemplo de una búsqueda
e inquietud totalmente legítima, con la cual se identifican millones de
chilenos y chilenas a lo largo y ancho de nuestro territorio.
[1]Fuente: http://blog.lanacion.cl/2012/02/27/aysen-da-el-ejemplo/.
Revisado: 29/02/12
[2] Ecólogo, Presidente de Ecosistemas y
Coordinador Internacional del Consejo de Defensa de la Patagonia.

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